El nacionalismo: un cáncer imparable

El enfrentamiento entre los distintos nacionalismos, incluido el español, que pululan a lo largo y ancho de nuestra querida ‘piel de toro’ ha traspasado con creces el ámbito político y se afianza entre la ciudadanía. Era inevitable tal trasvase pues, lejos de aunar esfuerzos, la pelea discurre por la senda de la ‘diferenciación’ y el ‘anti-otro’. No nos extrañe, por tanto, que las distintas sensibilidades nacionalistas atribuyan cada vez más valor a sus propios fines colectivos y, al mismo tiempo, olviden los derechos políticos y civiles individuales de los ciudadanos. Félix de Azua, uno de los firmantes del manifiesto Por un nuevo partido político en Cataluña, nos ofrece en su último artículo alguna pista al respecto: «Durante las fiestas de la apacible población catalana de Berga se produjo, a finales de mayo, un asesinato. […] Ese mismo día en una radio catalana oí decir a un emocionado vecino de Berga que los agresores eran españoles “porque la navaja no forma parte de la cultura catalana”.» Todo ello me lleva a reafirmarme, como vía para superar estos localismos racistas, en una idea que ya expresé hace un tiempo: No nacionalismo.

2 comentarios


  1. Señor Moliné, vista y corroborada la calidad de su weblog, así como la de sus contenidos, (además de parecer una persona con una sólida formación), creo acertar al afirmar que es Ud una persona de sensato criterio el cual queda reflejado a menudo en sus reflexiones políticas.
    Ahora bien, siento disentir con Ud en lo que respeta al modo en que acostumbra a analizar el fénomeno “nacionalista” (en singular).
    Sin ánimo de extenderme desearía recordarle simplemente que el nacionalismo no es si no una manifestación más de las doctrinas liberales que desde finales del s.XVIII (Revolución americana y francesa) fueron vertebrando la construcción de los Estados-Nación liberales, marcos dentro de los cuales debían extenderse toda una gama de derechos ciudadanos compartidos por un colectivo en tanto que Nación.
    Óbviamente pasar por el trauma objetivo que fueron los 40 años de Dictadura nacionalista y ponderar no tan objetivamente los violentos sucesos acaecidos en los Balcanes en los noventa (obviando, sin embargo casos menos efectistas como la gradualista desmembración de la URSS o la pacífica separación checoslovaca) ha mediatizado que a la hora de buscar un genérico culpable a estos hechos se halla consensuado (precisamente por parte de instituciones, organismos, analistas y Medias pertenecientes a las élites globales y/o Estatales, por tanto, ajenas a ninguna minoría étnica, nacional o cultural) la brumosa responsabilidad del “nacionalismo” (sin calificativo).
    Y es que Sr. Moliné, es harto facil erigirse en un adalid del “antinacionalismo”, más cundo uno pertenece (y se siente pertenecer, porque no me negará Ud. que no siente ningun apego hacia su país, región, localidad y su acervo cultural y lingüístico) a un colectivo que aunque no siendo totalmente homogeneo (como es el caso de España) comparte unos mínimos común denominadores junto con unos 40 millones de individuos en lo político, cultural y socio-económico, y con unos nada desdeñables 400 millones de personas en todo el mundo en lo lingüístico, cimientos los suficientente sólidos como para que tal “statu quo” no corra peligro alguno.
    Intente o inetenten jugar con la empatía y ponerse en la piel de gentes y colectivos con mínimos comun denominadores más límitados demográfica, geográfica y políticamente los cuales corren el peligro de desaparecer por el envite de una globalización homogeneizadora que solo respeta a los pueblos y culturas amparadas por los EStados.
    Por eso, cuando veo y oigo las manifestaciones de un grupo de prohombres de la intelectualidad catalana abogando por la creación de un partido “antinacionalista” huero de todo apice identitario y de esencialismos excluyentes, uno no puede dejar de fruncir el ceño primero y confirmar sus sospechas luego cuando los mismos dicen proclamar que la única realidad tangible es el Estado (ni la UE, ni la Gencat, solo el Estado y punto — Espada dixit), que hay “culturas más importantes que otras” (Espada dixit, otra vez), que són constitucionalistas (texto no exento, precisamente de contenidos simbólicos y esencialistas), que se tendrían que emplear de una vez por todas los tanques (Boadella dixit) y al oir auténticos dislates tipo que “los niños catalanes ya no hablan castellano” (el “sensato” Azúa dixit), mientras los bolígrfos de los condescendientes periodistas capitalisnos sacan humo.
    Luego, en próximas semanas, alguno de estos intelectuales publicará un artículo denostando la vil actitud del Reino de Marruecos para con los saharauis, sin recorada tampoco que no pocos de ellos manifestaron en su momento su apoyo a la oficialización única del castellano en Puerto Rico, en clara desventaja frente al coloso anglosajón… ¿ve por donde quiero ir?
    La realidad catalana, mí realidad, es mucho más rica y compleja de la que decriben simplona y reduccionistamente este grupo de amiguetes los cuales más que venir a abrir debate, vienen a intentar abrir una brecha en nuestro marco de convivencia, que sin ser el mejor del mundo, no es parangonable, como a veces pretenden maliciosmante hacer ver algunos de estos “intelectuales”, al emponzoñadamente existente en otros lugares como el País Vasco.

    “Todos los nacionslimos son malos” (afirman ellos), menos el suyo, parece ser (añado yo)

    PD: le recomiendo el artículo de Jordi Sánchez replicando a Azúa el lunes 13

    Responder

  2. Estimado Sr. Rubio: no me siento aludido por su mensaje ya que nunca me he declarado anti nacionalista sino “no nacionalista”. La diferencia entre una y otra opción va más allá del simple matiz. Sentir apego hacia mi país o hacia el acervo cultural y lingístico propio de mi tierra no significa que deban primar, como hacen los nacionalistas, dichos apegos sobre otras consideraciones basadas, por ejemplo, en la justicia y en la libertad individual.Y por cierto, yo tampoco estoy de acuerdo con los firmantes del manifiesto que menciona y, de hecho, coincido bastante con el artículo que Pilar Rahola escribió hace tan solo unos días.
    Un saludo.
    NOTA: he intenado ponerme en contacto con usted a través de e-mail pero ha sido en vano. O bien la dirección que dejó no existe o tiene algún problema en su cuenta de correo.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *