El nuevo pacto antiterrorista:

El otro día les proponía un ejercicio nada sencillo: ponerse en la piel de un diputado y decidir el sentido de su voto para cada una de las propuestas de resolución presentadas a raíz del debate sobre el “Estado de la Nación”. Para no aburrirles me limitaré a exponer cual hubiera sido mi voto para la propuesta núm. 63 del PP y la núm. 80 del PSOE. Ambas se refieren a la lucha contraterrorista:

  • Propuesta núm. 63: NO. Motivo: intransigencia absoluta y paso atrás respecto al anterior pacto. En el punto 5 del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo suscrito por el PP y el PSOE (12/12/00) se podía leer: “la política penitenciaria contemplará las formas de reinserción de aquellos que abandonen la organización terrorista y muestren actitudes inequívocas de arrepentimiento y voluntad de resocialización tal y como establece nuestra Constitución“. Ahora, sin embargo, el PP afirma que los terroristas “deben saber que no se beneficiarán de beneficios penitenciarios, que cumplirán las penas en su totalidad, y que su patrimonio quedará ligado ineludiblemente al resarcimiento de las víctimas“. El Estado puede y debe ser -hasta cierto punto- magnánimo con quien renuncie a la violencia y se entregue a la Justicia.
  • Propuesta núm 80: ABSTENCIÓN. Motivo: principalmente porque no se establece de forma clara hasta qué punto cederá el Estado en aras de un posible acuerdo. Si la intransigencia del PP en esta cuestión es criticable, aún lo es más el silencio del PSOE por cuanto su actitud sólo conduce a la especulación. En un terreno tan delicado como la lucha antiterrorista no se debe ni se puede caer en el error de permitir la más mínima sospecha hacia las actitudes que se defienden. En segundo lugar y partiendo de la ya clásica distinción formulada originalmente por Chester Barnard en 1947 entre efectividad y eficiencia, la nueva propuesta aún tiene que demostrar que puede ser efectiva, es decir si logrará su objetivo (la desaparición del terrorismo) -¡ojalá lo alcance! aunque no a cualquier precio- y además es ineficiente ya que las consecuencias no deliberadas (ruptura con el principal partido de la oposición) pueden tener graves consecuencias en un asunto tan importante como la lucha antiterrorista. Por contra, el anterior pacto fue parcialmente efectivo (ETA estaba más debilitada que nunca aunque no derrotada) y mucho más eficiente. Contó con mayor respaldo parlamentario (el 88% de los diputados frente al 58,29% del actual pacto. En número de votos la proporción es del 79,95% frente al 62,09 %) y sus efectos secundarios fueron mínimos. Suele mencionarse como efecto no deseado la ruptura con los partidos nacionalistas vascos pero los que se arrojaron en brazos de ETA y se desmarcaron del “Pacto de Ajuria Enea” fueron precisamente los propios nacionalistas con la firma del Pacto de Estella (Pacto de Lizarra-Garazi) en 1998.

La ruptura PP-PSOE: Verter en exclusiva sobre el PP o sobre el PSOE la responsabilidad de la ruptura institucional es un error. En este sentido comparto las reflexiones de Ignacio Sánchez-Cuenca: “En un país con una oposición responsable lo lógico es que pudiera llegarse a un acuerdo con el Gobierno sobre esta cuestión. El Partido Popular parece no querer reconocer que se ha producido un cambio en ETA del que hay que sacar consecuencias. A su juicio, quien se desvíe de las políticas que el Gobierno de Aznar llevó a cabo traiciona la memoria de las víctimas y es partidario de echarse en brazos de ETA. Se trata de una actitud incomprensible, y muy dañina, pues los terroristas saben que sus acciones tienen un eco mucho mayor cuando los grandes partidos se enfrentan en este terreno. El PP está utilizando oportunistamente la ética de las convicciones para debilitar como sea al Gobierno del PSOE. Pero el Gobierno, incluso con una oposición tan cerril, podría haber planteado mejor la cuestión. Por ejemplo, convocando una reunión del Pacto Antiterrorista, compartiendo la información privilegiada que tuviera en este momento y tratando de persuadir al PP sobre la necesidad de este viraje en la política antiterrorista. Antes de llegar a la resolución parlamentaria aprobada por todos los grupos salvo el PP, hubiera sido también beneficioso lanzar un debate más pausado en el que pudieran exponerse las razones a favor y en contra del diálogo, lo que nos hubiese ahorrado parte de las necedades e insidias que estamos escuchando estos días.” [¿Cómo abordar el final de ETA?].

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *