Emmanuel Sougez (1889-1972)

Emmanuel-Sougez
Assia peinándose

Dibujada por un ojo que rehuye el artificio, Assia desnuda se apoya en sí misma (Sougez nos hace creer que se peina).

Recuerda que no es una efigie, ni una vida silenciosa. Sus contornos, esculpidos en líneas claras, parecen recortados a tijera.

Sobre la superficie iluminada del cuerpo se materializa un mapa de sombras no menos tangible que el lienzo que lo sustenta.

Assia reposa los brazos sin peso en su propia mirada, rendida a la contemplación, y los prolonga en la curva de las manos, en las ondas del cabello: los plieges del aire de la tela que le envuelve, l’oeil nombril, la osamenta oculta por la piel sin huella: todo vivifica la escultura, endulza nuestro voyeurismo.

Hay otros ojos de Assia que no vemos, que acaso miren o sueñen ese pubis bendecido de sombra, frondoso de vello tierno, guardián vigilante del origen del mundo.

Queremos tocar ese cuerpo de Assia, rozarlo con las yemas del alma.

La misma devoción nos mueve a admirar la fuerza liviana de las cariátides griegas.

Sougez traza con su ojo mecánico la belleza de Assia en equilibrio, su disposición serena a ser el sustento de la vida, el gesto natural que encierra esa verdad (el cuerpo de mujer del que provenimos, y hacia el que sin cesar caminamos) sorprendido en la intimidad del misterio más hondo, el del pudor desnudo, objetivando impulsos mediante el tamiz certero de su linterna mágica.

Por José Giménez Corbatón. 2002

Créditos fotografía: Assia peinándose, 1935. Gelatino bromuro de plata; 22,8 x 16,5 cm. Copia moderna, Colección Julio Alvarez Sotos.

Fuente: Catálogo de la exposición «Mirar al mundo otra vez». Galería Spectrum Sotos, 25 años de fotografía.

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