En busca de solar perdido

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Fotografía tomada en Zaragoza, 6 de diciembre de 2006

Poco importa si el suelo se liberaliza o se restringe, los promotores encuentran solares incluso en lugares donde no cabría imaginar que se levantara el ladrillo.

3 comentarios


  1. Hola, Miguel:
    No estría de más un apartado de foto-denuncia de “desastres urbanísticos”; aunque a nadie se le caería la cara de vergüenza, porque éstos deben tenerla de cemento, serviría al menos para sensibilizar un poco; el feísmo avanza al mismo ritmo que la ignorancia,la desvergüenza y el imperio de la cartera.
    Algo parecido han hecho en un periódico gallego y aquí no nos faltará materia.
    Un abrazo
    Mariano Ibeas

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  2. Lamento decirlo pero no es de ahora por más que ocupe tanto titular periodístico. Ya me está cansando el rollo hipócrita de algunos.
    Me hace triste gracia que después de veinte años escuchando por activa y por pasiva que no se volvería a construir en la costa de la manera que se hizo en los sesenta y setenta, que no se repetirían los errores cometidos, que para más “INRI” han servido de ejemplo documentado de lo que no se debe hacer para países como Grecia (ésto es estrictamente cierto) se vuelva a las andadas a la primera de cambio.
    En cualquier caso, a nadie debería coger por sorpresa toda vez que la ley de costas se ha venido incumpliendo sistemáticamente desde el mismo día de su promulgación allá en los ochenta.
    Por lo demás, los escándalos y los desastres urbanísticos no vienen tanto en este país por la adjudicación de obras (que también) sino sobre todo por la recalificación de suelos, algo que corresponde a los ayuntamientos que no pueden eludir su responsabilidad arguyendo que necesitan financiarse. Menos aún si lo hacen a costa hasta de la concesión de licencias en espacios protegidos, lo que constituye un delito en toda regla. En este país los contructores presionan comprando Ayuntamientos, inventándose partidos políticos o poniendo periódicos (yo trabajé en uno algunos meses y me despedí)destinados a erosionar la credibilidad de los representantes políticos de turno que no se amoldan a sus planes de desarrollo. Esto también es un escándalo. Y el silencio, cuando no la connivencia de cierta clase de periodistas que trabajan al dictado del que paga, también.
    Respecto al control de la discrecionalidad de las administraciones locales en la concesión de tales licencias, tampoco se ha hecho nada durante más de veinte años aunque cabe pensar si hubiera servido para algo, visto lo visto.
    No creo que tengamos el país que nos merecemos (bueno, un poco sí), pero desde luego sí lo tienen los que mandan, aunque ellos están en otras cosas, evidentemente.
    Un saludo.

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  3. estos dias he estado en la comunidad Valenciana, y la verdad, no me imaginaba la magnitud de la tragedia hasta que lo he visto con mis propios ojos. Un litoral con un alto valor paisajítico devorado por la codicia tanto de los grandes capitales, cómo de los pequeños propietarios que quieren tener su apartamentito a pie de playa. Un desastre de planificación y de calidad de construcción por no mencionar el más que dudable gusto (aunque sobre gustos…) Megacomplejos (marina d’or es un paradigma del horterismo) o pequeñas urbanizaciones que lucran a corto plazo a municipios y particulares pero que a medio y largo plazo resultaran insostenibles por la depredación de recursos naturales y económicos que representan. No se de dónde va asalir el agua de consumo, para piscinas, jardines, campos de golf… o quien se va hacer cargo del mantenimiento del espacio público, de los equipamientos, transporte… de estas nuevas ciudades difusas e impersonales.

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