Estatuas y símbolos

Desde la antigua Grecia, las estatuas de grandes personajes transmiten no sólo un recuerdo a la persona representada, sino también un contenido histórico: «son esculturas discursivas, aleccionadoras, que nos saludan desde lejos y nos invitan a acercarnos. La estatua ecuestre, por ejemplo, nos da una lección de heroísmo y buen gobierno. Tal vez sean las esculturas más próximas al espíritu del pueblo» (Las Claves de la Escultura, J. J. Martín González, 1995). Franco fue un dictador que se sublevó contra el orden democrático legalmente establecido y, por lo tanto, eliminar de la vía pública la simbología propia de aquella época negra que fue la dictadura franquista no sólo es aconsejable sino necesario: son los museos los lugares adecuados para exponer dicha simbología y no el espacio público. En este sentido la decisión adoptada por el Ayuntamiento de Santander me parece muy razonable.

Por otra parte, retirar la estatua ecuestre de un tirano como Franco mientras se tiende la mano a otros -Putin o Fidel Castro, por ejemplo- no casa con la supuesta consistencia democrática de quien ordena dicho acto. ¿Y qué me dicen de las estatuas levantadas en honor de Sabino Arana? ¿o de la retirada de las estatuas de Santiago matamoros para no molestar a los musulmanes? ¿o del intento de eliminar las cuatro cabezas de moros del escudo de Aragón? ¿qué criterio seguimos?

En definitiva: en contra de la opinión del PP, me parece apropiado despejar la calle de símbolos antidemocráticos (y contemporáneos añado) pero, al mismo tiempo, critico al PSOE por el uso torticero del hecho -poco faltó para convertir la retirada de la estatua en una “despedida de solteros”- y por aplicar una interpretación selectiva de la Historia.

La noticia: ABCEL MUNDOEL PAIS

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