Estatutos y Constitución

La carrera emprendida por las distintas Comunidades Autónomas para actualizar sus respectivos estatutos se parece, cada vez más, a la de los autos locos, aquella serie de dibujos animados en la que los pilotos intentaban ganar el título de «Piloto Más Loco del Mundo». Aunque el debate político se centra en el Estatuto de Cataluña, una rápida ojeada al valenciano nos muestra hasta qué punto los políticos han perdido el rumbo. En la exposición de motivos puede leerse, por ejemplo, lo siguiente: Es necesario que a través de la recuperación de «Los Fueros del Reino de Valencia» recupere también nuestra Comunidad la dignidad perdida como consecuencia de la abolición llevada a cabo por la injusta promulgación del Decreto de 29 de junio de 1707. Por eso mismo el desarrollo legislativo de las competencias de la Generalitat procurará la recuperación de los contenidos de los Fueros del Reino en plena armonía con la Constitución Española. Si tanta relevancia tienen dichos fueros, tal vez deberíamos los aragoneses ir pensando en reclamar aquellas tierras pues, no en vano, fue Jaime I -dueño y señor de la Corona de Aragón y conquistador de Valencia- quien creó de derecho el Reino de Valencia cuando en 1239 tuvo a bien otorgarles la Costum. Código legal éste que, al año siguiente y con adiciones, se convertiría en los Furs o Fueros de Valencia.
Pero dejemos a un lado tales referencias históricas porque, en realidad, no conducen a ninguna parte y detengámonos en un asunto de máxima actualidad. Me refiero en concreto al agua y a la regulación de las cuencas ya que, según se desprende del texto, los valencianos tienen «derecho» a los excedentes que les plazca: [..] Igualmente, se reconoce el derecho a la redistribución de los sobrantes de agua de cuencas excedentarias atendiendo a criterios de sostenibilidad (Art. 17.1). El recurso al pleonasmo (sobrantes – excedentarias) no les libra de su pecado ya que, según la Constitución española, el Estado tiene competencia exclusiva sobre la legislación, ordenación y concesión de recursos y aprovechamientos hidráulicos cuando las aguas discurran por más de una Comunidad Autónoma (Art. 149).
El Estatuto valenciano se ha presentado como modelo respetuoso con la Constitución y ejemplo de «construcción nacional» pero recordar viejos privilegios -¡derogados en 1707!- e invadir las competencias exclusivas del Estado no parece el mejor camino. Si éste es el modelo a seguir, ya me dirán ustedes qué pensar del nuevo estatuto catalán. No se molesten en buscar la versión en español porque sólo está disponible en catalán y tampoco se sorprendan por ello. Son los mismos que propusieron doblar al catalán las páginas web de los organismos oficiales y, al mismo tiempo, derogaron hace un mes la normativa de 1996 sobre el uso del catalán en la Televisión y Radio autonómica catalana para sustituirla por otra que gustosamente hubiera firmado cualquier totalitarista que se precie de ello. Los entrevistados sólo podrán contestar en español de forma «excepcional y motivada», los e-mail, cartas, SMS, … serán traducidas y leídos en catalán y «es donarà prioritat a la presència dels convidats d’expressió lingüística catalana». Y volvemos de nuevo a la Constitución española: El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla (Art. 3.1) y los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social (Art. 14).

5 comentarios


  1. Señor Moliné… es usted sencillamente un demagogo.

    Pero, en fin, le debe estar sucediendo lo mismo quer los “intelectules”… que tiemblan solo de pensar que el catalán tenga, en Cataluña, el mismo status que SU lengua materna, tan autóctona en el Principado como el bereber o el árabe.

    Le recuerdo: lengua castellana 400 millones de hablantes en el mundo, con una potencia (proteccion de más de una veintena de Estados y pujante instrumento mediático) parangonable a idiomas como el inglés o el francés; lengua catalana poco menos de 6 millones de hablantes repartidos mayoritariamente en tres CCAA de un Estado, el español, cuyo celo protector y promotor no alcanza ni la veinteaba parte del ejercido sobre la lengua y cultura castellana… y aún tienen Uds la barra de satanizar cualquier iniciativa protectora de las únicas instituciones – autonómicas – que apechugan.

    Y un recordatorio: el mundo empezó tras el Big Bang… y no tras la Constitución de 1978.

    PD: visto su ultraortodoxo celo “constitucional” (una creación humana, se lo recuerdo otra vez), no quiero ni llegar a pensar cual hubiera sido su actitud frente a las últimas iniciativas laicizantes del gobierno de tener Ud formación religiosa en lugar de jurídica.

    Responder

  2. El comentario de Salat no deja lugar a dudas. Sin valoración sobre el tema me sugiere que la pretensión de una parte de los catalanes (no se si mayoría o no, pero si coincidente con quienes tienen el poder político) es privilegiar el idioma catalán sobre el castellano en esa comunidad autónoma. Para agunos, “proteger” el catalán debe significar limitar el uso del castellano a otros.

    Ya digo que no lo valoro (por ahora), pero si sería de recibo que expusieran al resto de los habitantes del Estado Español sus pretensiones (no solo idiomáticas, también de fiscalidad…), para que pudieramos decidir si nos interesa o no (a los ciudadanos del resto del Estado) permanecer juntos.

    Responder

  3. Estimado «cancervero»: no te molestes en contestar a quien, faltando a las normas cívicas más elementales, insulta al anfitrión. De hecho, mi lectura del comentario de Salat no pasó de la primera línea.

    Responder

  4. He llegado aquí de verdadera causualidad, de hecho encuentro muy interesante las páginas dedicadas al románico que, en realidad, son lo que me interesan.
    Sin embargo no puedo reprimirme, me entristece encontrarme con lo mismo de siempre, me sonroja que personas cultas hablen de idioma español cuando en realidad, como tal no existe, señores en este país se habla el castellano por regla general. Algunos, y no por ello más listos ni inteligentes, también hablamos, y nos sentimos muy orgullosos por ello, nuestra lengua vernácula; unos galego, otros euskera, bastantes valenciano-catalán y muchos, pero que muchos, catalán-valenciano-mallorquín.
    Se me olvidaba, también los hay y muy orgullosos ellos, que hablan el bable, el panocho, el andalusí i también, Sr. Moliné, el aragonés antiguo en la provincia de Huesca.
    Creo que como seres civilizados debemos abandonar los fundamentalismos, para esto ya está el Islam, y ser mucho más tolerantes con las personas y personajes que pueblan territorios distintos al propio.
    Por cierto, mientras los nobles de los condados catalanes se dedicaron a arropar con sus fuerzar a los reyes de Aragón; los nobles aragoneses se dedicaron a otras faenas, evidentemente las tierras del reino de Valencia fueron colonizadas por repobladores orientales del Reino de Aragón.
    Con estas parcas palabras no desearia ofender la sensibilidad del anfitrión puesto que entiendo que es una opinión contrastada como la de “Salat”. Ahora si su lectura no pasó de la primera línea, en la que le tacha de demagogo; sencillamente apaga y cierra el chiringuito.
    A pesar de todo debo manifestar que lo relacionado con el románico es verdaeramente bueno, quizás porque lo ha escrito un catalán de reconocido prestigio internacional como es Barral i Alted.

    Responder

  5. Estimado amigo:
    1.- «español» y «castellano» son sinónimos y la utilización de uno u otro no implica, en modo alguno, posicionamiento político alguno. O al menos, yo no los uso en el sentido político del término.
    2.- Usted opina, “Salat” insulta.
    3.- Yo no critico el uso de otras lenguas. Critico actuaciones concretas de los poderes públicos, en especial, la discriminación positiva llevada a su extremo. Criticar el «imperialismo» del español y a renglón seguido practicar lo que se critica es algo más que hipocresía. Y a las pruebas me remito: quienes propusieron «doblar» al castellano las páginas web de las instituciones estatales hacen caso omiso de tal idea en su ámbito territorial.
    4. Como puede comprobar, no he criticado el uso del catalán por parte de los presentadores. Y no lo he criticado porque es de cajón que, en una radio y televisión autonómica con lengua propia, así sea.
    5.- Fundamentalismo nacionalista es alabar un trabajo basándose en el adscripción territorial del autor.
    6.- Fundamentalismo nacionalista es «prohibir» o «limitar» la presencia de ciudadanos en organismos públicos, pagados por todos los españoles, basándose en la lengua. Eso, señor mío, es discriminación.
    7.- Por último, le insto a defender estas medidas concretas. A mi me parecen injustas, ¿y a usted?
    Si quiere conocer mi postura respecto a los nacionalismos le invito a leer el editorial EUROPA, ESPAÑA Y LOS NACIONALISMOS.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *