Alianza de Civilizaciones

Entre el discurso promovido por los neoconservadores y su "eje del mal", y el de Rdez. Zapatero y su "Alianza de Civilizaciones" prefiero sin duda éste último. Ahora bien, resulta del todo necesario convertir los sueños en realidades palpables y acertar con el diagnóstico para curar el mal. Más, cuando una primera versión —la propuesta por Jatami ante la ONU en 1998— obtuvo un rotundo fracaso.

En primer lugar, debemos ser conscientes de con quien vamos de la mano. Hablamos de países donde los derechos de la mujer, la libertad de expresión o la religiosa, por citar sólo unos cuantos conceptos occidentales, son en la práctica inexistentes. En Pakistán, por ejemplo, según informa la BBC, se acaba de aprobar una reforma por la que las mujeres podrán presentar una denuncia por violación sin necesidad de presentar cuatro hombres como testigos para probarlo. Los opositores argumentaron que este tipo de disposiciones provocarían una sociedad promiscua. Este es el verdadero reto: apoyar las reformas que permitan recuperar los espacios de libertad conquistados hace ya muchos años en Europa.

En segundo lugar, la Alianza no puede suponer para Europa retroceso alguno en materia social, política o religiosa. El relativismo con el que Rdez. Zapatero justifica el diálogo representa un serio peligro para nuestro sistema de libertades. Recordemos, por ejemplo, su posición en relación con las caricaturas de Mahoma: «La publicación de estas caricaturas puede ser perfectamente legal, pero no es indiferente y, por tanto, debería ser rechazada desde un punto de vista moral y político» (Una llamada al respeto y a la calma, FEB/06). En este mismo artículo se habla de «máximo respeto por las creencias de ambas partes». ¿Debemos respetar la segregación de género en las escuelas o en los hospitales por respeto al Islam? ¿debemos aceptar la Ley Islámica aunque sea contraria a los Derechos Humanos? Si entendernos con el mundo islámico implica renunciar a nuestro sistema de valores, la Alianza no sólo no cumplirá su propósito, sino que servirá para extender y fortalecer las teocracias por medio mundo. Es preciso hacer comprender al mundo islámico que dialogar no implica renunciar a los pilares básicos de la democracia y del Estado de Derecho. Cualquier recorte provocaría un firme rechazo de buena parte de la ciudadanía y probablemente trasladaría la responsabilidad al Islam. Si ésto llegara a suceder, nos encontraríamos justo con lo que queremos evitar: un choque de Civilizaciones.