Antisemitismo

Sainte-Mère-Église. Muñeco representando al soldado John Steele
Sainte-Mère-Église. Muñeco representando al soldado John Steele

Hoy, 6 de junio, se cumple el 69 aniversario de la Batalla de Normandía. Los actos comenzaron el pasado día 4 y se prolongaran hasta el próximo día 9 (ver las actividades programadas). Como paracaidista, no puedo dejar de sentir una especial atracción hacia los soldados que se lanzaron sobre Francia combatiendo con denuedo y por eso he buscado la imagen de la iglesia donde quedó colgado el paracaidista estadounidense John Steele la noche del 5-6 de junio. No solo sobrevivió sino que, tras ser descolgado y capturado por los alemanes, consiguió escapar varios días después. Es tan solo una anécdota pero también una muestra clara del espíritu de los paracaidistas, cuyo equipo por aquellas fechas podemos ver aquí.

De todas formas, la primera intención no era hablar sobre los aspectos bélicos sino recordar dos hechos menores en cuanto a su relevancia histórica pero que no podemos olvidar. Al primero de ellos se le conoce como la Batalla de Cable Street (East End). Tan solo dos años antes de comenzar la II Guerra Mundial el antisemitismo alcanzaba ciudades como Londres. Las camisas negras fueron convocadas para marchar por el barrio londinense East End de mayoría judía. La manifestación fue permitida por las autoridades pero provocó un gran rechazo no solo entre los judíos sino también entre irlandeses católicos, socialistas y comunistas. El resultado fue una batalla campal que obligó a los fascistas a retirarse. Hoy, una placa recuerda los hechos.

Batalla de Cable Street (I)

Batalla de Cable Street (II)

El segundo tiene que ver con la poesía la cual, además de alimentar el espíritu, puede servir de propaganda. Así sucedió con Liberté, un poema de Paul Éluard (en español) que fue «arrojado» desde los cielos sobre toda Francia para alentar a la resistencia.

Me pregunto qué ha sido de esa sociedad occidental que se levantaba contra la injusticia y a la que no le importaba tomar la calle y levantar barricadas, y que se dejaba seducir por los poetas.

Entre criticar la política israelí y desear la desaparición de todo un pueblo, media un abismo y, sin embargo, todo un presidente de gobierno, como el iraní Mahmud Ahmadi Neyah, proclama a los cuatro vientos que la nación musulmana no permitirá a su enemigo histórico vivir en su corazón para, seguidamente, calificar al Holocausto de mito inventado por Occidente. Su ideología política, tal y como manifestó en 2004, tampoco invita al optimismo: «el gobierno islámico significa un gobierno cuyos objetivos, posicionamientos y voluntad es ejecutar los dictámenes islámicos, es decir, conseguir que la sociedad esté dirigida a través de las leyes islámicas. Significa un gobierno que crea en que el islam es una religión perfecta y que es capaz de responder de forma completa a las necesidades del hombre, llevándole a la felicidad».

Por desgracia no es el primer político iraní que se manifiesta en esos términos. El supuestamente moderado Rafsanyani lo expresó en 2001 de una forma aún más clara: «Si un día el mundo islámico dispone también de armas como las que ahora posee Israel, entonces la estrategia de los imperialistas se estancará, porque bastará el uso de una sola bomba nuclear en Israel para destruirlo del todo, mientras que al mundo islámico sólo le hará daño. No es irrazonable pensar en esa posibilidad». Para más inri, estas palabras fueron pronunciadas en un discurso dirigido a toda la nación con ocasión del Día de Quds.

¿Debemos tomar en serio sus amenazas? Cuando Hitler, ya en 1920, expresó su intención de exterminar a los judíos, los líderes occidentales consideraron tales palabras como bravatas pero, en cuanto tuvo oportunidad —ejército y armas—, desencadenó el mayor genocidio de la Historia. No repitamos el mismo error: amenaza real o baladronada, la ONU debe tomar cartas en el asunto y no limitarse, como tantas veces, a emitir declaraciones de «consternación». En primer lugar, debe declarar un embargo «nuclear» a Irán para evitar así que pueda dotarse de misiles nucleares. En segundo lugar, presionar a Israel y a su principal aliado, EEUU, para avanzar en la cuestión palestina e impedir que las amenazas iraníes justifiquen actitudes más agresivas de aquéllos como, por ejemplo, los reactivados asesinatos selectivos. Por último, apoyar al gobierno palestino en las reformas democráticas emprendidas recientemente y exigirle también una lucha más eficaz contra los grupos terroristas. Sin duda, una gran oportunidad para la estrategia definida en la Alianza de Civilizaciones.