Arte mudéjar

Este próximo fin de semana tienes la oportunidad de sumergirte en el ambiente de otra época. La ciudad de Utebo vuelve a trasladarse una vez más al renacimiento.

Fechas: 13, 14 y 15 de mayo
2 Recreaciones teatrales: Sábado y domingo
Concierto Carmen París y Nabyla Maan
Tres exposiciones
Visitas Guiadas: Antiguo molino; conjunto torre mudéjar + iglesia
Talleres artísticos

Utebo viaja al Renacimiento y las calles se transforman engalanándose para el evento. Algo parecido sucede con las personas que visitan y viven la feria, ya que se visten con indumentaria propia de la época.  Los más de 100 puestos con los que contará el mercado completarán esta atmósfera del siglo XVI.

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Plano de La Catedral Gótica-Mudejar de La SeoZaragoza se convirtió en sede arzobispal en 1318, desgajándose de la archidiócesis de Tarragona. Era obispo de nuestra ciudad Don Pedro López de Luna, quien, ante el ascenso, decidió modernizar la fábrica arquitectónica de la catedral. La vieja iglesia de estilo románico se había terminado a fines del s. XII, y 120 años después se veía "baja y oscura". Con el paso del tiempo se había desarrollado en el norte de Francia un nuevo estilo ­el Gótico­, que con nuevas fórmulas y adecuadas técnicas levantaba templos más airosos y, sobre todo, más luminosos. Justo lo que deseaba el ahora arzobispo Don Pedro. La catedral románica se derribó excepto los ábsides semicirculares que eran de piedra muy bien escuadrada (sillares). Sobre ellos se levantó un segundo cuerpo para darle altura, pero ya en ladrillo. Los albañiles que construyeron la catedral gótica de Zaragoza no eran franceses, sino de por aquí, e incluso muchos de ellos moros (1), pues se habían especializado en este oficio. Por eso el estilo gótico fue aquí interpretado desde una óptica propia, que en arte denominamos mudéjar.

Bóvedas góticas de la Catedral Gótica-Mudejar de La SeoEl fondo del valle del Ebro carece de piedra, por lo que hay que traerla de bastante lejos. La alternativa es cambiar de material constructivo, y sustituir el sillar por el ladrillo. Esta pieza de arcilla cocida tiene un tamaño más pequeño lo que lo convierte en más manejable, al tiempo que permite hacer con él toda una serie de dibujos en relieve que palian la monotonía y pobreza visual del material. Estos elementos decorativos se disponen en resalte buscando su complemento natural: la luz del sol, que subraya con negras y perfiladas sombras los dibujos geométricos tomados del viejo fondo del arabesco musulmán. Una vez alcanzada la altura deseada para la cabecera se planteó el resto del edificio: un transepto (2) y un cuerpo de tres naves, siendo la central más ancha y alta que las dos laterales para solventar así el segundo de los problemas. Aprovechando la mayor altura de la nave central se abrieron ventanas en sus muros laterales por donde entraba la luz natural, tamizada con vidrieras al menos desde 1447. Sin embargo a la cabecera no llegaba esa luz y seguía quedando oscura. Por eso se planteó construir un cimborrio (3) sobre el crucero (4). Don Pedro no lo llegó a ver. Se terminó 31 años después de su muerte, en 1376, siendo arzobispo Don Lope Fernández de Luna (cuyo sepulcro se encuentra en la parroquieta). No debió de ser muy bueno, pues se vino abajo en 1403.
Las obras continuaron y el aragonés Benedicto XIII, el papa Luna, mandó hacer un nuevo cimborrio, en forma de tiara papal, que duró hasta finales del s. XV. En ese momento se construirá el actual. En tiempos de Don Alonso de Aragón (1478-1520) el cuerpo de las naves fue ampliado a cinco. De las tres anteriores sólo se conservó la central. Las cuatro nuevas alcanzaron una gran altura, casi igual a la central, por lo que la iglesia adquirió un aire de gran salón.
Como quiera que al aumentar a cinco naves (más las capillas laterales), la iglesia quedaba más ancha que larga, en época de Don Hernando de Aragón, entre 1547 y 1550, se le añadieron dos tramos más en los pies, con el consiguiente desplazamiento de la portada de la Pabostría a su posición actual.

FUENTE: Historia de cuatro ciudades (Ed. Ayuntamiento de Zaragoza-Caja Inmaculada, 2001)
(1) El nombre de moros era el que se les daba en la época, y no el de mudéjares.
(2) Transepto. Nave transversal situada entre la cabecera y el cuerpo de las naves.
(3) Elemento arquitectónico de forma poligonal que se dispone sobre el crucero para iluminar la cabecera de la iglesia.
(4) Espacio cuadrado en el centro del transepto, resultante del cruce de éste con la nave central del cuerpo de las naves.

Cimborrio de La SeoMuro mudejar de la Catedral Gótica-Mudejar de La Seo

Torre de San PabloEl barrio de San Pablo, emplazado entre la Aljafería y el mercado medieval, es de fundación cristiana, consecuencia de la expansión urbana al oeste, fuera de las murallas romanas, durante los siglos XII y XIII, cuando una población de agricultores se asentó en él. Recorrido por las calles longitudinales en dirección este-oeste, las dos calles principales llevan las advocaciones de San Blas y San Pablo, y flanquean por el norte y el sur el solar de la iglesia mudéjar, cuya torre-campanario octogonal, que se eleva a gran altura, domina todo el caserío.

Tras la reconquista de la ciudad se levantó una primera iglesia, de pequeñas proporciones y estilo románico, dedicada a San Blas, de la que no quedan restos. La actual iglesia mudéjar, dedicada a San Pablo, se construyó en dos etapas: una primera, a partir de 1284, con fábrica de una sola nave y ábside poligonal de cinco lados. Los cuatro tramos de la nave están cubiertos con bóvedas de crucería y hay capillas laterales entre los contrafuertes. Muy pronto, debido al auge demográfico de la populosa parroquia, la iglesia de nave única quedó pequeña, por lo que a partir de 1389 se amplió a tres naves, aprovechando las capillas laterales primitivas para arcos formeros de comunicación entre las mismas. Estas naves laterales, de anchura desigual, envolvieron la obra antigua, tanto por la cabecera, a modo de girola, como por los pies, a modo de claustro, que aprisionó la torre-campanario octogonal en su patio interior.

La torre, perteneciente a la primera etapa mudéjar, debió construirse hacia 1300. Su interés radica en que, a pesar de su forma prismática octogonal, que parece emular las torres góticas de la Corona de Aragón construidas en piedra sillar, su disposición interior presenta la estructura de los alminares almohades, es decir, está formada por dos torres, una envolviendo a la otra, con la rampa de escaleras entre ambas y la torre interior dividida en estancias superpuestas hasta alcanzar el cuerpo de campanas. Su decoración en ladrillo resaltado se concentra en la parte alta, con el fin de hacerla visible por encima del caserío medieval (más bajo que el actual). En ella destacan motivos ornamentales muy antiguos, con precedentes en el palacio islámico de la Aljafería, como los arcos de medio punto entrecruzados y las cruces de múltiples brazos que forman retícula romboidal.

En el extremo suroriental de la provincia de Cáceres, a caballo de las provincias de Toledo y Badajoz, se extiende la comarca de las Villuercas. Está en una zona montañosa, allí donde los Montes de Toledo penetran en territorio cacereño. Recorrida por numerosos ríos, las laderas de sus montes y sus valles forman un paisaje agreste, intacto y con abundante caza. Entre las localidades de la comarca sobresale Guadalupe, cuyo origen medieval y posterior desarrollo están ligados a la veneración de la imagen de la Virgen de Guadalupe, que dio nombre al lugar y de la que dependió durante toda su existencia. Al acercarse a Guadalupe, el viajero verá un frondoso valle rodeado de montañas. Allí, sobre una eminencia, se eleva una enorme fortaleza de piedra rodeada por un caserío de blancos muros. Se trata de la Puebla de Guadalupe, en cuyo centro sobresale el Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, declarado Patrimonio de la Humanidad el 8 de diciembre de 1988 por la UNESCO. Seguir leyendo ...

La Torre NuevaEl curso del sol o los desacompasados toques de las iglesias y los establecimientos religiosos se habían visto insuficientes para organizar la vida de la ciudad mucho antes de la construcción de la torre del reloj. Una orden del rey Fernando I, el de Antequera, de 1414, obligaba a los jurados de Zaragoza (comparables a los concejales actuales) a asumir la reglamentación horaria de los negocios y los actos urbanos: se debía dotar un salario para una persona que tuviera el cargo de hacer sonar las horas en una campana, cuyo sonido alcanzara todos los términos de la ciudad.

Cuando se acordó construir la Torre Nueva, en 1504, la cuestión seguía siendo la necesidad de garantizar la seguridad de la distribución del tiempo urbano, pero también se trataba de la instalación de un reloj mecánico, del que el concejo de la ciudad cabeza del reino todavía carecía, y de la elevación de una alta torre, que, permitiendo llevar lejos los sones de sus campanas, superara a cualquier otra existente en la ciudad.

Su maestro constructor fue Gabriel Gombau, uno de los más notables y experimentados de la Zaragoza de entonces, además de maestro de ciudad (arquitecto municipal, salvando las distancias con el cargo actual). Pero la enjundiosa obra que era, verdadero rascacielos entre los edificios de tres alturas que configuraban la ciudad, obligó a la concurrencia de otros maestros, cuyos pareceres en el proceso de construcción de la torre fueron comprometidos mediante juramento: Juan de Sariñena (que más tarde haría la Lonja de la ciudad), Juan Gomabu y los mestros Juce de Gali, Mahoma Rami y Ezmel Allabar.

La práctica consuetudinaria de la construcción no bastaba para resolver los problemas singulares de un alarde como éste. Al igual que otras obras de calado similar, la de la torre tenía algo de experimento, por lo que también levantaba una lógica expectación.

La torre fue terminada enseguida, con forma octogonal, según el tipo de doble torre, con escalera entre una y otra, transmitido desde el período islámico, y con un enriquecimiento al exterior que, sin duda, satisfizo los deseos de los jurados de hacerla destacar por encima de cualquier otra. Pero también mostró enseguida la necesidad de reforzar su base. La inclinación que adquirió le dio una particularidad añadida que la hizo famosa, a la vez que puso a disposición de algunos cuantos el argumento que serviría para lograr su demolición en 1892.

La sin par bella torre del reloj de la ciudad, la torre de Zaragoza, como fue llamada más tarde, la única torre civil del elenco mudéjar aragonés, ha sido también la más llorada, quizás porque, además de ser popular, sufrió la destrucción más desmesuradamente injusta de las que propiciaron las incontables y graves pérdidas del patrimonio de esta bimilenaria y principal ciudad.

Enlace relacionado: Mudéjar en Aragón (Escriba "mudejar" en el buscador de la página para acceder a los monumentos catalogados).

VISTA DE ZARAGOZA (1563) DE ANTHONIUS VAN DEN WIJNGAERDE
VISTA DE ZARAGOZA (1563) DE ANTHONIUS VAN DEN WIJNGAERDE