Canarias

«Cuando regresé de New York, vine con la intención de convertir mi isla natal en uno de los lugares más hermosos del planeta, dadas las infinitas posibilidades que Lanzarote ofrecía». Estas eran las intenciones de César Manrique y esta es la realidad actual: es imposible imaginarse Lanzarote tal y como es hoy sin las obras de este artista. Era pintor, escultor, arquitecto, ecologista, conservador de monumentos, consejero de construcción, planeador de complejos urbanísticos, moldeador de paisajes y jardines…

Desde pequeños, a los gomeros les cuentan la trágica historia de amor de dos jóvenes: la hermosa Gara y Jonay, un apuesto varón tinerfeño. La familia de ella, y todo su pueblo, se opuso con violencia a la relación, obligando a los amantes a huir monte arriba. Al llegar a la cumbre, afilaron por ambos lados una rama de laurel, la apoyaron en sus pechos y murieron al abrazarse. Así le dieron a la montaña su actual nombre Garajonay.

Numerosos barrancos, que cortan la isla en profundas entalladuras, caen desde su cima, a 1.487 metros de altitud. En su interior alberga más de 400 clases de arbustos, esparcidos por una complicada orografía. Tanto es así que sus gentes tuvieron que idear el famoso silbo gomero para comunicarse, superando de este modo las dificultades del terreno.
En 1981, fue creado el Parque Nacional de Garajonay y, desde 1986, integra el Patrimonio de la Humanidad por una razón muy clara: aquí se conserva el mayor bosque de laurisilva del mundo.

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El Silbo gomero