Carril bici

Si Platón levantara la cabeza, estoy seguro de que añadiría a su tipología el “Gobierno de los cretinos”. Estaría formado por personajillos salidos de las cloacas populistas y con el sectarismo implantado en su cerebro.

Un buen ejemplo de este tipo de gobierno lo encontramos en Zaragoza, donde las consignas y los brindis al sol han sustituido a cualquier acción de gobierno digna de calificarse como tal.

En materia de vialidad, por ejemplo, han decidido que no importa cuantos atascos se produzcan con tal de seguir construyendo el carril-bici. Incluso donde existen soluciones para que coches y bicis discurran sin molestarse unos a otros, se toma justo la decisión que solo un cretino defendería. Nota: jamás uso el coche para moverme la ciudad; voy siempre andando o en autobús. Y por cierto, cuando hace veinte años nadie iba en bici, yo ya la usaba.

Un ejemplo: el Puente del Pilar (más conocido por el “Puente de Hierro”). Como pueden observar en la foto, el puente se divide en tres partes. Las dos laterales para paso de vehículos y la central (ver fotografía inferior) para peatones. Ahora decidimos construir un carril-bici que una las dos riberas y para ello usamos parte del tramo central ya que su anchura es más que suficiente. Pues no; el carril-bici no se construirá allí sino en el tramo izquierdo y para ello se eliminará un carril. Lo dicho: el “Gobierno de los cretinos”.

Puente de Hierro: ¿De verdad no se puede hacer un carril-bici en el tramo central?
¿De verdad no se puede hacer un carril-bici en el tramo central?

Movilidad urbana en ZaragozaEl carril bici es una de esas propuestas que prácticamente todos los partidos políticos incluyen en sus programas electorales, pero también es una de las promesas que antes se olvidan. A diferencia de otras ciudades, como Amsterdam, la bici no ha cuajado como medio alternativo de transporte en ninguna de nuestras grandes ciudades. Este fracaso no debe achacarse sólo a la falta de las infraestructuras adecuadas, sino principalmente a la falta de interés de los ciudadanos por reivindicarlo. Su uso, cuando se dispone de él, se restringe al recreativo y lúdico, especialmente los fines de semana. En Zaragoza, por ejemplo, su diseño se ideó pensando sólo en tal uso, pero tan deficiente que muchos tramos no sirven sino de adorno. Así sucede en el Paseo de Echegaray y Caballero donde el ciclista se encuentra, al alcanzar el Puente de Santiago, con un cruce sin paso y, por lo tanto, abocado a desmontar y cruzar el puente para continuar la marcha. Eso, cuando no encuentra obstáculos insalvables como sucedió este fin de semana pasado al quedar el paso interrumpido por unas casetas, tal y como puede comprobarse en la fotografía.

No se trata, ni mucho menos, del problema más acuciante de Zaragoza en relación con la movilidad urbana ya que tenemos el dudoso honor, por ejemplo, de ser la ciudad de España donde se requiere más tiempo para aparcar [Vía AEGAZ] o, aún más grave, que, según dicho estudio, el uso del coche para desplazarse al lugar de trabajo o estudio e ir de compras nos sitúa en cabeza del pelotón.

Por desgracia, el futuro no se presenta halagüeño. El alto precio de la vivienda en Zaragoza y el insuficiente número de viviendas de protección oficial en el área metropolitana han propiciado un desplazamiento de la construcción hacia los pueblos cercanos a Zaragoza. Esto conduce a una forma de ciudad, la denominada “dispersa”, que, según los estudios, es el modelo que provoca un mayor uso del automóvil. Aunque la influencia del uso del suelo y densidad de la población en el transporte aún se discute, la mayoría de las investigaciones muestran una reducción importante de la utilización del automóvil cuando se combina alta densidad y usos combinados del suelo. Justo el camino contrario tomado en nuestra ciudad.

Y no digamos las vías de circunvalación —”cinturones”—, cuyo uso se ha convertido en una tortura diaria debido a su ineficaz diseño. En teoría, se trataría de vías rápidas con dos claros objetivos: facilitar el paso de quienes se dirigen a otro destino, evitando que deban atravesar la ciudad; y permitir el acceso a distintas zonas sin necesidad de pasar por el centro urbano. Este último no se alcanza porque, como ya hemos dicho, su diseño es nefasto: se encuentra poblado de numerosas rotondas y semáforos, cuya única aportación ha sido la de favorecer los accidentes, y con la velocidad limitada a ¡50 Km/h!

Cerramos esta breve visión de la movilidad urbana en Zaragoza con un ejemplo de ineficacia y derroche del dinero público (1,2 millones de euros): la rotonda construida en la A-23 —la autovía que une Zaragoza con Huesca— y conocida como “la de la MAZ” será desmontada y sustituida por un paso inferior. Tras numerosos accidentes y atascos diarios, las protestas vecinales han conseguido lo que parecía imposible, a saber, que Fomento y el ayuntamiento reconocieran su error. Nunca es tarde si la dicha es buena.