Cine

Desde la izquierda, Linda McCartney, Paul McCartney y Denny Laine de Wings en el estudio en 1973 © Michael Putland/Getty Images
Desde la izquierda, Linda McCartney, Paul McCartney y Denny Laine de Wings en el estudio en 1973 © Michael Putland/Getty Images

¿Qué hace que una canción de James Bond sea clásica? Un sentido épico, sin duda. Metales encendidos, cuerdas ondulantes. Un marco melódico, un gancho irresistible. Live and Let Die de Paul McCartney y Wings, escrita para la octava entrega de la franquicia cinematográfica, cumple todos los requisitos. Y, sin embargo, cuando se publicó antes del estreno de 1973, debió de desconcertar. Sólo en los primeros 90 segundos escuchamos tres mundos sonoros dispares, cada uno en un tempo diferente, yuxtapuestos con toda la sutileza de una Walther PPK.

Esto refleja, en parte, las contribuciones de sus tres creadores: McCartney, su mujer Linda y el antiguo productor de los Beatles George Martin. En su libro The Lyrics, McCartney recuerda cómo se gestó. Había leído la novela de Ian Fleming —base del guión— en una tarde y escrito la canción al día siguiente. El pasaje inicial es puro McCartney: una melodía de búsqueda sobre piano, melancólicamente dulce, que recuerda a su gran balada Let It Be.

«No quería que la canción fuera: 'Tienes una pistola. Ahora vete a matar gente. Vive y deja morir'», escribe. «Quería que fuera: 'Déjalo estar. No te preocupes. Cuando tengas problemas, vive y deja morir'».

Cuando se le pidió que ayudara a hacer una maqueta, Martin se dio cuenta enseguida de que se necesitaría una gran orquesta para las dos secciones siguientes de la canción: un estribillo machacón y un instrumental sin aliento al estilo de Jerry Goldsmith. (Para los que hayan visto a McCartney en directo, esta es la parte en la que se desata la pirotecnia). Martin escribió partes para más de 50 músicos de orquesta y las combinó con los elementos que Wings ya había grabado en los Air Studios de Londres, incluida una cuarta sección inspirada en el reggae y escrita por Linda (que tiene sentido si se escucha en el contexto de la película, ambientada en gran parte en Jamaica, y de principios de los 70, cuando el reggae era de rigor entre la realeza del pop). Seguir leyendo ...

Tumba de Napoleón
Tumba de Napoleón en los Inválidos (París, Francia). Fotografía de Miguel Moliné

Primera parte: la tumba

Napoleón I murió en el exilio el 5 de mayo de 1821 en la isla de Santa Elena. En 1840, el rey Luis Felipe decidió repatriar el cuerpo del emperador para enterrarlo en París. Tras varias semanas de viaje, el féretro de Napoleón llegó a París para ser enterrado bajo la cúpula de los Inválidos en diciembre de 1840.

Pero retrocedamos un poco en el tiempo.

En 1815, tras ser derrotado por británicos, rusos y prusianos en la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815), Napoleón se ve obligado a abdicar y es confinado en Santa Elena, una pequeña isla del Atlántico Sur perteneciente a los británicos. Seis años más tarde, el 5 de mayo de 1821, fallece y es enterrado en dicha isla.

No fue hasta 1840 cuando su cuerpo fue repatriado gracias a las gestiones del rey Luis Felipe I que ve en la renacida popularidad de Napoleón una ocasión para contentar al pueblo. Este episodio, que se conoce como el «Retorno de la cenizas», finaliza con un funeral de Estado el 15 de diciembre de 1840. Napoleón es enterrado inicialmente en la Capilla Saint-Jérôme ya que la tumba aún no había sido terminada.

Aunque se consideraron varios lugares para enterrar a Napoleón, entre ellos el Panteón y el Arco de Triunfo de la Étoil, finalmente se escogió el Hôtel national des Invalides por estar vinculado a la historia militar ya que este conjunto de edificios había sido creado por Luis XIV para albergar a los soldados heridos e inválidos de su ejército.

Como ampliación de dicho conjunto, se construyó una catedral, llamada Saint-Louis des Invalides, para los soldados y los heridos. Adyacente a esta catedral, se reservó una capilla para que la familia real asistiera a misa separada de los soldados. Estos dos espacios están conectados y se puede pasar de uno a otro. La capilla está coronada por una magnífica cúpula, cuya silueta dorada se eleva 107 metros hacia el cielo.

La tumba fue encargada en 1842 por el rey Luis Felipe al arquitecto Louis Visconti (1791-1853). En primer lugar, se excavó una enorme cripta de 6 metros de profundidad. Medía 23 metros de diámetro y no tenía techo: el público debía poder ver la tumba del Emperador sin descender a la cripta.

La tumba mide casi 4 metros de largo y más de 2 metros de ancho. Es de cuarcita roja y descansa sobre una base de granito verde. En el suelo, los nombres de las batallas victoriosas de Napoleón están inscritos en un mosaico. La tumba contiene cinco ataúdes: el primero de hojalata, el segundo de caoba, los dos siguientes de plomo y el quinto de ébano. En este último está grabado el nombre de Napoleón. Doce estatuas femeninas de mármol blanco, llamadas Victorias, vigilan la tumba. Y una galería circular está decorada con diez bajorrelieves de mármol, que celebran el reinado de Napoleón y las acciones civiles del Emperador.

Estos trabajos duraron varios años. El cuerpo del emperador no fue depositado en su tumba hasta el 2 de abril de 1861, durante el Segundo Imperio, cuando su sobrino, el emperador Napoleón III, subió al poder. Otros miembros de la familia imperial recibieron sepultura en la capilla de los Inválidos: el hermano menor Jerónimo (1784-1860), en junio de 1862, y el mayor José (1768-1844), en marzo de 1864. En diciembre de 1940, el hijo de Napoleón, fallecido en Viena (Austria) en 1832, fue enterrado en la cripta.

Segunda parte: la película

La carrera como director de Ridley Scott está plagada de éxitos, pero su último trabajo —Napoleón— no es merecedor de obtener distinción alguna salvo, tal vez, por la soberbia interpretación de Vanessa Kirby en el papel de Josefina.

Reducir Napoleón a un hombre tosco y zafio, atrapado en las redes amorosas de Josefina y al mismo tiempo omitir la enorme influencia de sus obras en el resto de Europa es un error tan obvio que dudo mucho que Scott lo haya cometido de forma premeditada. Como buen británico, ha plasmado su inquina por lo continental en general y por lo francés en particular aunque, eso sí, con gran esplendor visual. Napoleón no solo exportó prácticamente a toda Europa los valores de la Revolución Francesa (aboliendo asimismo los restos del feudalismo) sino que sus reformas en materia legal (Les cinq codes), educativa, nuevos estándares (sistema métrico), etc. fueron implantadas y en muchos casos tuvieron continuidad incluso después de su caída.

Napoleón se merece algo más que una película de aventuras con batallas espectaculares.

Tras cinco años de rodaje, Jamie Scott ha estrenado su tercer time-lapse estacional, Winter, en el que ha participado también el compositor Jim Perkins. Es la culminación de 5 años de rodaje. Para asegurarse de que podía aprovechar los fenómenos meteorológicos cuando se producían, Scott construyó dos cajas impermeables que albergaron su equipo durante semanas enteras (llegó a utilizar hasta seis cámaras y cuatro deslizadores).

Scott explica que este time-lapse fue el más difícil de crear, en parte, debido al clima cambiante: «Hace veinte años, cuando me mudé a Nueva York, había varias grandes tormentas de nieve al año, y la nieve estaba prácticamente garantizada. En los últimos cinco años, ha nevado mucho menos, y se ha vuelto menos previsible y a menudo sólo durante unas horas, en el mejor de los casos. Para planificar estos rodajes, consultaba las previsiones a largo plazo, pero eran muy poco fiables. Al principio, quería rodar toda la obra en Nueva York y centrarme en Central Park, como en mis películas anteriores, pero tenía que ir cada vez más al norte. Como resultado, la mayor parte de la película se rodó en el norte del estado de Nueva York y en Montreal»

Lava, llamas, escombros, máquinas... una espesa bruma envuelve el vídeo musical de Woodkid en una inquietante ambigüedad postapocalíptica. Dirigida por Saad Moosajee y producido por Reef Oldberg, la película «Reactor» tardó más de un año en montarse y combina coreografías en vivo de Unreal Engine grabadas con tecnología de captura de movimiento y animación de fotogramas clave.

En «Reactor» y en el álbum del que forma parte (S16), Woodkid exprime toda la brillantez artística que posee en un trabajo repleto de paisajes sonoros fascinantes, texturas escalofriantes y una bellísima parte orquestal que lleva el peso del disco.

Fotografía: Miguel Moliné. Localización: Parque Faunístico Lacuniacha (Gamo, Dama dama), Huesca. Fecha: 20/07/2017. Cámara: Nikon D80 - Distancia focal (DX): 70 mm - Diafragma: f/4.5 - Velocidad de obturación: 1/100s - Sensibilidad ISO: 400.
Fotografía: Miguel Moliné. Localización: Parque Faunístico Lacuniacha (Gamo, Dama dama), Huesca. Fecha: 20/07/2017. Cámara: Nikon D80 - Distancia focal (DX): 70 mm - Diafragma: f/4.5 - Velocidad de obturación: 1/100s - Sensibilidad ISO: 400.

La imagen de este pequeño gamo me ha recordado la clásica película de animación «Bambi». Producida por Walt Disney Productions, se estrenó en 1942 y en ella se narra la historia, desde el nacimiento hasta la etapa adulta, de un ciervo de Virginia llamado Bambi. Aunque dirigida al público infantil, lo cierto es que la película incluye varias escenas desgarradoras, en especial la muerte de la madre del protagonista, que incluso hacían llorar a muchos niños.

La película se basó en la novela Bambi. Eine Lebensgeschichte aus dem Walde, escrita por Felix Salten y publicada en 1923, pero ahí acaban sus semejanzas. El corzo europeo es sustituido por el ciervo norteamericano, algunos personajes de la novela no aparecen en la película y otros son cambiados, y la trama difiere bastante. Algunos de los diálogos más profundos de la novela fueron asimismo eliminados. La película no recoge la idea principal de la novela, la cual reflexiona sobre lo que piensan los animales salvajes sobre los humanos, sino que se limitó a ser un mero entretenimiento audiovisual para niños. La novela, por contra, estaba dirigida a un público adulto, lanzaba un hermoso canto a la naturaleza, se trataba de un texto de inestimables cualidades morales y estaba dotado de un profundo simbolismo.

«A sense of scale es una reminiscencia del famoso documental Sense of Scale (*) de Berton Pierce de 2011. Al igual que el documental, mi cortometraje experimental se centra en los detalles y en la belleza de los efectos prácticos. Quiero destacar el significado de los efectos visuales hechos a mano y el esfuerzo que supone montar escenarios a pequeña escala. He capturado áreas muy pequeñas de pintura que fluyen en un trozo de papel mientras me acercaba lo más posible con una configuración de lente personalizada. Todas las tomas están realizadas con mi RED DSMC2 en 8K y varios objetivos macro. Me llevó alrededor de 1 año terminar esta pieza. El color está graduado y optimizado para dispositivos HDR» — Roman de Giuli (Sitio web - Instagram).

(*) El documental es una historia oral del trabajo artesanal que ha producido los mejores efectos especiales cinematográficos de los últimos años.

El monorraíl de Wuppertal (Wuppertaler Schwebebahn) es un tren monorraíl suspendido en Wuppertal, Alemania. Fue ideado a finales del Siglo XIX por Eugen Langen, quien ya había diseñado un sistema similar para Dresden. Se inauguró en 1901, siendo ampliado dos años después hasta quedar en los 13 km de recorrido actuales.

El corto que mostramos (The Flying Train) fue filmado en 1902 y nos traslada a una Alemania en blanco y negro a través de un viaje en el mencionado ferrocarril. La claridad y calidad visual es tan asombrosa como la hazaña de ingeniería que captura. Denis Shiryaev ha producido una versión actualizada en 4K que ralentiza el metraje y agrega color.

Es muy probable que las próximas navidades, debido al COVID-19, no se celebren siguiendo los ritos sociales y culturales habituales, pero estoy seguro de que, allí donde el clima sea propicio, no faltarán las guerras de bolas de nieve.

Ya en 1897 Louis Lumière documentó una de esas peleas en las calles de Lyon, Francia («Batalla de nieve»). Ahora, gracias a DeOldify (un software de código abierto), Joaquim Campa ha podido mejorar y colorear esas imágenes históricas con el resultado que  pueden ver en el vídeo que a continuación mostramos. Si os gusta, en twitter está disponible la etiqueta DeOldify la cual nos da acceso a otros proyectos realizados con el mencionado software.

El corto que pueden ver ustedes justo encima de estas palabras es un documental grabado por los Hermanos Lumière titulado «L'Arrivée d'un train en gare de La Ciotat». Se estrenó en enero de 1896 y ahora, 124 años más tarde, esta joya del cine clásico ha renacido gracias a Denis Shiryaev.

La película original, grabada en analógico en formato de 35 mm, fue una de las primeras en capturar imágenes en movimiento. Denis, utilizando la IA Gigapixel de Topaz Lab, llevó su resolución hasta el 4K y actualizó  de 16-18 fotogramas por segundo a 60 gracias al DAIN de Google.

Aunque no dispongan de una pantalla 4K (la resolución del video se ajusta automáticamente), los efectos son claramente distinguibles, en especial la sensación de profundidad.

El cazador de tormentas Dustin Farrell acaba de lanzar «Transient 2», la segunda parte de su película de 2017. Rodada con una cámara Phantom Flex 4K capaz de grabar a ultra cámara lenta, nos muestra como nubes, tormentas y sobre todo rayos dibujan utilizando a la Tierra como lienzo. Lo efímero de su arte le añade aún más belleza si cabe. La música que la acompaña está compuesta por Harry Lightfoot. Podéis seguir el trabajo de este cineasta en Instagram y YouTube.