Comunismo

Agne Gintalaite. Mildos street garage town from the air, allmost Vilnius city center.
Mildos street garage town from the air, allmost Vilnius city center.

Reciente en el tiempo y cercano en lo geográfico… y sin embargo tan lejano de nuestro mundo occidental. Me refiero a ese experimento llamado “socialismo real” que durante demasiados años empobreció a millones de persona en el Este de Europa.

La fotógrafa lituana Agne Gintalaite ha puesto su mirada y su foco en lo que podríamos traducir como “ciudades para coches” (garage towns), es decir, lugares destinados en exclusiva al aparcamiento de los coches. Cuenta la fotógrafa que el padre de un compañero suyo de clase, tras aparcar su Lada soviético en el garaje, aún tenía que coger un trolebús para ir a su casa debido a la lejanía de aquél. Aunque el “estilo de vida soviético” casi ha desaparecido en Lituania, Agne descubrió una “ciudad para coches” cuando se dirigía al IKEA de Vilnius. 500 puertas de garaje que invitaban a entrar a un mundo pasado. Así nació, según explica la autora, la serie de fotografías que llamó Beauty Remains.

Podéis ver las fotografías en su página web: Beauty remainsBeauty remains II The womb of NATURE.

Agne Gintalaite. Beauty Remains.Agne Gintalaite. Beauty Remains.

 

 

 

Antes de entrar en la noticia —la condena internacional del régimen franquista—, permítanme expresar la opinión sobre dicho régimen con la finalidad de evitar equívocos e interpretaciones sesgadas. Recurro para ello a un texto que escribí en 2002:

«El régimen de Franco construyó una nación basándose en la dicotomía buenos españoles/malos españoles para, de esta forma, justificar la victoria de la mitad de sus miembros sobre la otra mitad y, de paso, elevar la miseria y la humillación al estatus de virtudes nacionales. Encontró además en la Iglesia el apoyo necesario para establecer otra dicotomía (españoles espirituales/extranjeros materialistas) y, así, mantener enlatado a todo un país durante muchísimos años. Una vez tomada la decisión de emprender la modernización económica y buscar la integración europea, el propio anacronismo del Estado actuó como freno pues los aires europeos ponían en peligro su razón de ser. Cualquier intento de acercarse a Europa fue cercenado por las élites dominantes y, especialmente, por la Iglesia Católica cuyo objetivo principal consistía en convertir a España en una nación imperialista de guerreros y santos. En el terreno interno fueron excluidas sistemáticamente todas aquellas orientaciones y medidas políticas contrarias a la supervivencia de la dictadura en cualquiera de sus aspectos. Exclusión ésta que se realizó a través de toda una serie de mecanismos: estructurales (limitaciones derivadas de la propia estructura institucional del Estado), ideológicos (cualquier idea democrática era excluida por no ser ideológicamente coherente con la lógica interna de la dictadura), de procedimiento (las reglas y las normas de las instituciones oficiales favorecieron la ideología nacionalcatólica, tendiendo a excluir cualquier otra) y de represión (aplicada sin reservas e institucionalizada desde la guerra civil). De esta forma se hizo aparecer los intereses particulares de la clase dominante como universales, como idénticos a los de la colectividad en conjunto y, al mismo tiempo, se encubrieron las contradicciones sociales. Finalmente dichas clases proclamaron lo que puede denominarse la naturalización del presente de forma que se viera el estado vigente de cosas como algo «natural», ocultando su carácter relativo e histórico, y por tanto susceptible de ser reemplazado por otro. La realidad era muy distinta».

Aplaudo, por tanto, la condena al régimen franquista aprobada por la Comisión Permanente de la Asamblea Parlamentaria y sus recomendaciones, entra las que destacan las siguientes: insta al gobierno español a erigir monumentos en memoria de las víctimas del franquismo, a convertir el Valle de los Caídos en una gran exposición como homenaje a los presos que lo construyeron, y a crear una comisión de investigación sobre los delitos del franquismo y presentar un informe al Consejo de Europa; propone también declarar como día internacional de condena contra el franquismo el 18 de julio de 2006, ya que en esta fecha se cumplen 70 años del golpe de Estado. Estas recomendaciones están basadas en el informe Brincat.

Por desgracia, iniciativa tan laudable se ve enturbiada por la demagogia, el cinismo y la hipocresía de su principal promotor, el español Luis María de Puig, presidente del Grupo Socialista. Durante el debate sobre los crímenes del comunismo, dicho Grupo, por boca de Lluis María de Puig, pidió la devolución del informe a la Comisión de Asuntos Políticos, debido a la “falta de análisis” y a que puede dar lugar a “interpretaciones incorrectas y nefastas”. Gracias también al Grupo Socialista, no salió adelante el proyecto de recomendación a los gobiernos de los Estados miembros del Consejo de Europa para el que eran necesarios dos tercios de los votos. Tampoco salió adelante la iniciativa de crear, junto a la Unión Europea (UE), un Museo europeo en memoria de las víctimas de los regímenes comunistas totalitarios, con sede en Bruselas, o el lanzamiento de campañas nacionales de sensibilización sobre “los crímenes cometidos en nombre de la ideología comunista”. A quien condena la represión ejercida por regímenes totalitaristas de «derecha» y al mismo tiempo justifica la de los regímenes totalitaristas de «izquierda» (o viceversa) se le debería condenar, al menos desde un punto de vista moral y ético, como cómplice de Crímenes contra la Humanidad.

Estrasburgo (Francia), 25 ene (EFE).– La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó hoy una resolución en favor de “una condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios”, con 99 votos a favor y 42 en contra tras un encendido debate dentro y fuera del hemiciclo.

La Asamblea pone de manifiesto en la resolución que los regímenes comunistas que hubo en Europa “estuvieron marcados, sin excepción, por violaciones masivas de los derechos humanos”, que “incluyeron asesinatos y ejecuciones”. También señala que esos crímenes “se justificaron en nombre de la teoría de la lucha de clases y del principio de la dictadura del proletariado”, lo que “hacía legítima la ‘eliminación’ de las categorías de personas consideradas perjudiciales para la construcción de una nueva sociedad, y por tanto enemigas de los regímenes comunistas totalitarios”. El ponente del informe, el parlamentario conservador sueco Goran Lindblad, justificó su iniciativa porque “el gran público es poco consciente de estos crímenes” por la falta de una investigación exhaustiva sobre lo que ocurrió. En la resolución se argumenta que la condena por parte de la comunidad internacional “favorecerá la continuación de la reconciliación” e incitará a los historiadores de todo el mundo a “establecer y verificar objetivamente el desarrollo de los hechos”. En el texto, en el que se propone rendir homenaje a las víctimas, se invita a los partidos comunistas a “reexaminar su propio pasado y a tomar distancia” de los citados crímenes. Según Lindblad, sólo en China y en la Unión Soviética hubo a causa de esos regímenes 65 y 20 millones de muertos respectivamente.

El debate creó tanta expectación que 63 parlamentarios pidieron la palabra. La mayoría de los diputados de los grupos popular, liberal y demócrata se mostraron a favor del texto. Varios de ellos aseguraron “no conocer ningún país donde el Partido Comunista haya conquistado el poder y haya seguido siendo democrático”. Por contra, representantes del Grupo de la Izquierda Unitaria se opusieron a la resolución, mientras que algún demócrata ruso, como Konstantin Kosachev, quiso subrayar las “diferencias que no vale la pena explicar aquí” entre los crímenes del comunismo y los del nazismo. Diferente opinión mantuvo el diputado ultranacionalista ruso Vladimir Zhrininovski, al asegurar que “los crímenes comunistas fueron más horrorosos que los de los nazis”. Además, Zhironovski, que figura en el grupo de no inscritos de la Asamblea del Consejo de Europa (que integra 46 países) calificó de “tontería” decir que la Unión Soviética salvó a Europa del fascismo. El Grupo Socialista, por boca de su presidente, el español Lluis María de Puig, pidió la devolución del informe a la Comisión de Asuntos Políticos, debido a la “falta de análisis” y a que puede dar lugar a “interpretaciones incorrectas y nefastas”, pero su propuesta fue rechazada por 81 votos en contra y 70 a favor.

Si bien la resolución fue aprobada, no ocurrió lo mismo con un proyecto de recomendación a los gobiernos de los Estados miembros del Consejo de Europa para el que eran necesarios dos tercios de los votos. Tampoco salió adelante la iniciativa de crear, junto a la Unión Europea (UE), un Museo europeo en memoria de las víctimas de los regímenes comunistas totalitarios, con sede en Bruselas, o el lanzamiento de campañas nacionales de sensibilización sobre “los crímenes cometidos en nombre de la ideología comunista”.