COVID-19

The COVID-19 Visual Project

El Proyecto Visual COVID-19 es una plataforma multimedia que aspira a convertirse en un archivo permanente de la pandemia de coronavirus. Es un repositorio continuo que albergará una variedad de contenidos que documentan los hechos globales y las emociones generalizadas que definen este momento único en la historia.

Cortona On The Move, festival internacional de narrativa visual, está encargando a los fotógrafos de todo el mundo trabajos relacionados con la crisis: la emergencia sanitaria, la reacción económica, las luchas sociales y las consecuencias personales. Con el fin de ser lo más completo posible, el proyecto está organizado en capítulos donde muchas historias cubrirán múltiples temas, a veces superpuestos. Porque, en momentos críticos como este, las categorías y definiciones son borrosas, tal como nuestras vidas son en el momento actual.

Cada capítulo crecerá con nuevas historias a medida que estas extrañas semanas progresen y la humanidad intente encontrar soluciones y adaptarse a un nuevo orden mundial. Pretenden recoger el cambio, las reacciones y el estado de ánimo desde diferentes puntos del mundo. Para lograr esto, han invitado a artistas visuales para que contribuyan con narraciones originales producidas por y en la era COVID-19. Un ejemplo de ello es el video de Luján Agusti y Nicolás Deluca sobre el impacto del coronavirus en un lugar tan remoto como la Tierra del Fuego. El proyecto, lanzado el 11 de mayo de 2020, no finalizará hasta que  se encuentre una vacuna y una cura.

Proyecto Visual COVID-19

Gabriele Galimberte. Fotografía de la serie «Inside Out»
Gabriele Galimberte. Fotografía de la serie «Inside Out»

Greta Tanini e Cristoforo Lippi (30 y 27 años). Mientras que para la mayoría de las personas la cuarentena es sinónimo de aburrimiento y obligaciones, Greta y Cristoforo la aprovechan como una oportunidad para pasar tiempo juntos y explorar su relación después de haber estado separados por un océano durante más de un año. Ambos son estudiantes y normalmente viven en casas distintas, con diferentes compañeros de piso. Pero el encierro los encontró juntos, en la casa de Greta, los dos solos, y se han quedado allí y se quedarán allí durante estas semanas.

«En realidad tenemos mucho que hacer: tengo clases online todo el día, Cristoforo está trabajando en su proyecto final. Estamos ocupados, el tiempo pasa rápido», explica Greta.

La cuarentena también es una prueba para ellos para estar juntos, un paso que han estado deseando desde hace tiempo. Han dividido sus tareas domésticas: comprar, limpiar, ordenar. Su interacción social se limita a conversar con los vecinos, a una distancia segura, en el jardín. Tomaron medidas de precaución muy estrictas para no propagar el virus: «No queremos enfermar, y no queremos que nuestros seres queridos enfermen: preferimos permanecer en aislamiento en lugar de correr riesgos o poner en peligro la salud de los demás».


A mediados de febrero se detectaron los dos primeros casos de COVID-19 en Italia, uno en Codogno (Lombardía) y otro en Vo’ (Véneto). La primera región, cuya capital es Milán, ha sido una de las más afectadas por el virus y en esa ciudad fue donde se encontraba el fotógrafo Gabriele Galimberte  (Instagram) cuando entró en vigor el confinamiento: «Durante las dos primeras semanas de la crisis del coronavirus en Italia, he elegido seguir trabajando fotografiando y entrevistando (junto con mi amiga Gea Scancarello @bellagea) a las personas encerradas en sus hogares de Milán, en cumplimiento de la cuarentena impuesta por el gobierno para luchar contra COVID- 19).»

No les resultó fácil convencer a las personas para que se dejaran fotografiar y entrevistar ya que el miedo se había apoderado de la gente. Milán se había convertido en una ciudad fantasma y sus habitantes se habían parapetado en sus casas, rehuyendo cualquier contacto humano. Solo gracias a estrictas medidas de seguridad como desinfectar los focos que se colocaban en el exterior o mantener la distancia de seguridad les permitió hacer las fotos en lo que podríamos considerar el nuevo género de retrato en tiempos del coronavirus.

El resultado final se puede ver en Inside Out. Todas las imágenes se muestran con su correspondiente leyenda.

El fuego purificador17 de marzo de 2020: «Ayer se quemó el cuerpo de la meditadora. Con ella se quemaron muchas cosas. Se quemaron 4 toneladas de madera. Se quemó un año de trabajo intenso y maravilloso. También se quemó la posibilidad muy tangible de ver la figura de la meditadora en la plaza como un símbolo histórico, universal y revolucionario. Se quemó el cuerpo de una mujer meditando en el centro de una crisis mundial, en el centro del ruido que un virus silenció.

No es este el final que esperabamos. Tampoco lo son las circunstancias. La magnitud de esta figura ya nunca podrá ser. Quizás otra mujer, quizás una parte de esta, quizás solo el recuerdo, quizás solo su ausencia. Afortunadamente, más allá de la forma, su mensaje si ha trascendido. La mujer meditando nos cuenta que todo es impermanente. Nada es para siempre. Superaremos el vacío de estas fallas. Superaremos la cuarentena. Superaremos esta crisis. Superaremos el nuevo orden mundial. Lo superaremos todo, incluso la vida en este plano material. Y el mundo seguirá girando. 360 grados en 24 horas…» —Escif

Recetas económicas para una crisisNo soy economista y mis conocimientos sobre la materia se limitan a los conceptos más manidos en este mundillo: PIB, renta per cápita, impuestos directos e indirectos, demanda agregada y poco más. Sin embargo y al igual que todos ustedes, formo parte de una pequeña empresa a la que llamamos «familia». Las hay de distintas clases y tamaños pero todas ellas comparten los mismos tipos de gastos e ingresos.

Por el lado de los ingresos contamos con los salarios y las transferencias del sector público (prestaciones de desempleo, pensiones, ayudas familiares, etc). Por el lado de los gastos, el consumo de bienes y servicios finales (alimentación, ropa, electricidad, etc) y los impuestos. La diferencia, en caso de ser positiva, es el ahorro.

La empresas, por su parte, presentan un esquema muy parecido. Los que las familias gastan en bienes y servicios finales son sus ingresos a los que se les suma las subvenciones y ayudas proporcionadas por el sector público. En el lado contrario, sueldos, impuestos y consumo de bienes y servicios finales.

En medio de ambas organizaciones se encuentra el sistema financiero que capta el ahorro para después ofrecer recursos para la inversión a las empresas y préstamos a las familias para su consumo. Y por supuesto, el sector público cuyos ingresos dependen de los impuestos mientras que los gastos comprenden las transferencias a las familias y a las empresas, servicios productivos (v.g. contratar personal), y bienes y servicios finales.

Con la declaración del Estado de alarma este flujo de ingresos y gastos se ha deformado y el Gobierno presenta como solución el aplazamiento de las deudas (y no de todas) pero esto solo conseguirá diferir en el tiempo el problema. Supongamos que esta situación se prolonga durante dos meses: ¿y si borramos del mapa económico ese tiempo para todas las familias y para la empresas afectadas?

Dejamos de pagar durante ese tiempo la hipoteca, el alquiler y los impuestos, y eliminamos el IVA de la electricidad, el agua, la basura, Internet,… medidas todas ellas aplicables tanto a las familias como a las empresas. No solo eso sino que además se reduciría de forma proporcional los impuestos directos anuales en aquellos apartados afectados por el confinamiento. Con ello reducimos el gasto al mínimo imprescindible de forma que sacrificamos una parte muy pequeña de nuestro ahorro.

El flujo económico se rompe quedando el Estado como único garante del sistema. Mantendría tanto las transferencias a las familias (prestaciones de desempleo, pensiones, ayudas familiares) como a las empresas (subvenciones) y seguiría gastando en bienes y servicios finales así como en servicios productivos. Como es obvio, sus ingresos se reducirían de forma notable y sería entonces cuando el Banco Central Europeo debería acudir en ayuda del país mediante la compra de deuda. Sencillo, efectivo y práctico.

Nota: probablemente, nada de lo dicho tenga sentido y estoy seguro de que los economistas se llevarían las manos a la cabeza si leyeran esta peregrina idea pero… ¿y si tengo razón? Hasta los caballitos del diablo me mirarían asombrados.