Enterramientos

Urna de incineración, cerámica realizada a mano, necrópolis del Pi de la Lliura (Vidreres, la Selva), Bronce final, 1100-850 a. C.
Urna de incineración, cerámica realizada a mano, necrópolis del Pi de la Lliura (Vidreres, la Selva), Bronce final, 1100-850 a. C.

El homo sapiens ha inhumado o incinerado a sus muertos desde hace miles de años. Con el paso de una vida nómada a una sedentaria llegaron cambios sociales muy importantes. Uno de ellos fue el trato dado a los muertos. Surgen las necrópolis y el ritual funerario adquiere relevancia. Algunas, como las egipcias, datan del siglo XXVII a. C. y son obras arquitectónicas realmente extraordinarias.

Pero solo en algunos lugares se alcanzó tal grado de complejidad. En España los asuntos mortuorios eran mucho más sencillos, incluso muchos años después de que se construyeran las pirámides egipcias. Veamos por ejemplo el nordeste español y en concreto la necrópolis del Pi de la Lliura (Vidreres, Gerona) que cuenta con dataciones radiométricas que sitúan su inicio entorno al 1000 cal. a.C. (1080-960 cal a.C.). Estamos en la época denominada «Bronce Final».

Enterramientos durante el Bronce FinalSe trata de una necrópolis de incineración constituida por 77 enterramientos en fosa. Los cadáveres se quemaban en espacios ad hoc situados en la la propia necrópolis (ustrina o busta) a temperaturas de entre 600 y 800 grados, después los huesos resultantes eran triturados para reducir su volumen y depositados en el osario cerámico, junto a los elementos metálicos si los había, y cubiertos con una tapadera. Los osarios cerámicos están decorados con las técnicas del acanalado y la incisión, en el estilo que se denomina comúnmente de tipo Campo de Urnas; el metal, aún muy escaso en estos momentos, consiste principalmente en agujas de sujeción del vestido y navajas de afeitar. Colocado el conjunto en la fosa de enterramiento, se cubría ésta con tierra y piedras y se señalizaba con una estela (ver figura).

Los enterramientos de incineración fechables en el Bronce Final ponen de manifiesto que los ajuares y ofrendas son en extremo limitados; la mayor parte de los sepulcros contienen únicamente el osario y sólo un porcentaje muy restringido cuenta con algún objeto de metal (navajas de afeitar, pinzas y objetos de adorno). La estructura de las tumbas es también de una gran simplicidad, pues se limita a una fosa donde se deposita el osario y, en los contados casos en que los hay, el resto de elementos de acompañamiento del enterramiento.

El panorama de las necrópolis del Bronce Final del nordeste indica, en definitiva, una sociedad con pocas diferencias sociales, si bien hay que señalar dos aspectos relevantes. En primer lugar, la presencia de metal en algunas tumbas, un bien muy preciado en estos momentos, parece apuntar a una incipiente desigualdad y, por otra parte, los tipos metálicos presentes en las tumbas indican que la distinción se establece en función no sólo de la posesión y posibilidad de amortizar piezas metálicas sino que en vida se ciñe sobre todo al aspecto físico de las personas: los elementos ornamentales personales (brazaletes, etc.), los ítems relacionados con el vestido (agujas) y las navajas de afeitar, que posibilitan una distinción significativa en el aspecto de las personas, así lo sugieren. En segundo lugar, merece la pena resaltar que, si bien, como ya hemos dicho, el aspecto de los enterramientos es bastante igualitario, hay que tener en consideración que el propio derecho a ser enterrado en la necrópolis y a ser objeto de las prácticas rituales correspondientes parece constituir ya de por sí un elemento social diferencial: en general, dicho derecho se circunscribe a los adultos, raramente se encuentran enterramientos infantiles y, por otra parte, algunos indicios permiten sugerir que no toda la población adulta tenía tal derecho, como de manera clara se documenta más tarde, por ejemplo en las pequeñas necrópolis bajoaragonesas de cista excéntrica de la Primera Edad del Hierro.


Fuentes:

  • Celestino Pérez, Sebastián (coord.), La Protohistoria en la península ibérica, Ediciones Akal, 2017.
  • Figura: E. Pons, A. Solés [dirs.] [2008], La necrópolis d’incinerado deI Pi de la Lliura-Vidreres, Ajuntament de Vidreres, Departament de Cultura, Generalitat de Catalunya, Museu d’Arqueologia de Catalunya, Gerona.
  • Imagen urna: Museu d’Arqueologia de Catalunya, Gerona.