Francia

La cámara Baja francesa aprobó hoy la polémica ley contra la piratería que tanto debate ha generado en el país vecino. En virtud de aquélla, un usuario podrá ver como le cortan la conexión a Internet entre dos meses y un año. Es cierto que serán necesarios tres avisos antes de que dicha desconexión se lleve a cabo, pero no serán los jueces quienes impongan la pena sino un órgano administrativo. Todo ello en contra con la dictaminado por la Unión Europea.

Solo cabe lamentar tal medida y esperar a que no cunda el ejemplo. Internet está en el punto de mira de muchos gobiernos desde sus inicios y no cejarán en su empeño hasta que la controlen. La excusa es ahora la “piratería”, después… les servirá cualquiera.

Quien tenga interés en leer el desarrollo de la ley, puede hacerlo aquí (en francés).

En Francia, la marejada provocada por el reconocimeinto de las redes P2P ha dado paso a un tormenta con la presentación de un nuevo proyecto sobre Derechos de Autor, que no satisface ni a unos ni a otros, y en el que han desaparecido las enmiendas aprobadas en diciembre pasado por las que se legalizaba el intercambio de ficheros en redes P2P a cambio de una ‘licencia global’ [Vía: El Navegante].

La prensa francesa recoge estos días una muestra de la controversia suscitada con artículos de Renaud Donnedieu de Vabres (Ministro de Cultura), Philippe Bailly y Georges Fenech, y Françoise de Panafieu.

Actualización. Ludovic Blecher nos explica cómo el ministro francés pretende derrotar a las redes P2P: Les radars anti-P2P seront automatiques, pas les amendes. El método en cuestión se basará en un programa informático que buscará en dichas redes las obras “protegidas” y, una vez descubierto el “tráfico ilegal”, la policía acudirá al juez quien determinará si se procede o no contra el internauta. Los jueces franceses deben estar dando saltos de alegría ante tan original idea: juzgar a varios millones de internautas será muy divertido…

Como ya sabrán ustedes, tras el trágico accidente de dos jóvenes franceses de origen magebrí hace diez días, se inició una violenta revuelta en la barrios periféricos de París que se ha extendido a otras ciudades francesas. A pesar del esfuerzo realizado en los últimos años para evitar la marginación y la discriminación laboral de los inmigrantes, Francia se encuentra ahora mismo sumida en una grave crisis de consecuencias imprevisibles. En breve, tal vez la policía consiga restaurar el orden pero el problema permanecerá soterrado y esperando una nueva oportunidad para estallar si no se consigue la plena incorporación de los inmigrantes a la sociedad francesa.

Para comprender mejor la política de nuestro vecino país e intentar aprender de sus errores y aciertos —tarde o temprano, en España deberemos lidiar con idénticos problemas— he seleccionado un texto de Christophe Bertossi —La ciudadanía francesa: debates, límites y perspectivas, Revista de Occidente, septiembre de 2003— del que ofrezco aquí mismo la introducción:

“A partir de los años noventa, el debate sobre la ciudadanía cambia en Europa de perspectiva. De un problema vinculado a la inmigración y a las políticas de integración de los migrantes en los países de acogida, el debate se orienta a un nuevo desafío: ¿cómo hacer de la ciudadanía un programa concreto de igualdad de acceso a los derechos civiles, políticos y sociales, haciendo nuestra la tríada de T. H. Marshall? Lo que importa no es ya saber si es necesario o no incorporar a los recién llegados a las ciudadanías de acogida. De lo que se trata es de garantizar un contrato social que sitúe la igualdad socio-pública y el respeto de la diversidad cultural y religiosa entre los arcanos de la democracia liberal.

Este paso de una ciudadanía formal, reducida a su dimensión de regalía, a una ciudadanía sustancial que se replantea los fundamentos de la cohesión social de las sociedades de inmigración, se alimenta de los debates sobre el Estado-nación moderno en un contexto globalizado, de los límites de la democracia nacional, y de la apuesta por la igualdad y la diversidad. Estos debates y las perspectivas que abren tienen como telón de fondo un doble contexto. En primer lugar, la transformación de la inmigración en sedentarización definitiva, que hace surgir la urgente necesidad de pensar el plural de otro modo. En segundo lugar, la construcción europea, desafío inédito planteado a los postulados que hacen del Estado-nación el modelo perfecto de la democracia moderna.

Esta evolución ha afectado profundamente al «modelo» francés de ciudadanía. En menos de un decenio, en Francia se ha pasado de una ciudadanía de la integración, fórmula modernizada de la asimilación, a la lucha contra las discriminaciones. Promocionada a mediados de los años ochenta, la integración ha sido en realidad un medio de controlar las fronteras de la ciudadanía, al mismo tiempo frente a las corrientes migratorias y frente a la aparición en la plaza pública de «nuevas» identidades culturales y religiosas. A la inversa, la lucha contra las discriminaciones surge de una nueva metodología de la acción pública y de una doctrina alternativa de la igualdad que emerge a finales de los años noventa.

Reconociendo que la «diferencia» no encaja fácilmente dentro de las categorías clásicas de la igualdad republicana, la nueva orientación de las políticas de la ciudadanía en Francia ha empujado a «reconocer» la diversidad cultural y religiosa. Y, al hacerlo, es también la república lo que se intenta cambiar. ¿Cómo se ha producido esa transformación? ¿Cuáles han sido sus agentes y sus dinámicas? Y, lo que sin duda es aún más importante, ¿cuáles son sus resultados?” .

Texto completo (formato PDF).

Tal y como pronosticaban las encuestas, el ‘no’ a la Constitución Europea (?) ha ganado en nuestro vecino país aunque queda la duda si los franceses han votado en ‘clave interna’ o, si por el contrario, han decidido rechazar el nuevo tratado per se. Probablemente ambos factores han contribuido a ello. Por una lado, ni las políticas neoliberales iniciadas por el gobierno Balladur en la década de los noventa y continuadas por el actual gobierno, ni las innovadoras políticas sociales y laborales puestas en marcha por Jospin entremedio de unos y otros han servido para frenar el desempleo y el deterioro de los servicios sociales. No podemos tampoco olvidar el papel desarrollado por la extrema derecha cuyo peso es muy importante cuando se trata de plebiscitos aunque su representación parlamentaria, debido al sistema electoral francés, no dé esa impresión. De hecho, el ingreso de Turquía junto a los graves problemas derivados de la inmigración han tenido un gran peso en la campaña a favor del ‘no’; incluso más que la otra opción defendida por el extremo opuesto (‘Por otra Europa’). Y si atendemos a la vocación europeísta del pueblo francés, el resultado no es sorprendente ni mucho menos: ya en 1992, el Tratado de Maastricht fue ratificado por referéndum con un margen de votos muy estrecho (un 51,04% de votos a favor del sí frente al 48,96% del ‘no’. La participación fue del 69,70%).

¿Qué consecuencias tendrá? Tal vez durante un tiempo Europa permanezca noqueada pero, al final, son tantos los intereses económicos en juego que difícilmente se malograrán los objetivos fundamentales de la Unión Europea. El problema no es tanto qué objetivos socioeconómicos y políticos se persiguen, sino cómo deben alcanzarse y el ‘no’ francés bien podría tener efectos muy positivos sobre ello. O también negativos si el resultado se interpreta como un rechazo de la transferencia de la soberanía a las instituciones supranacionales de la Unión Europea.

Por último, recordarles la ‘Declaración al Acta Final de firma por el que instituye la Constitución’: «Si, transcurrido un plazo de dos años desde la firma del Tratado por el que se instituye la Constitución, las cuatro quintas partes de los Estados miembros lo hubieran ratificado y uno o varios Estados miembros hubieran experimentado dificultades para proceder a dicha ratificación, el Consejo Europeo tomará conocimiento de la cuestión». En cristiano: NO HAY PLAN “B”.

París fue durante los siglos XIV y XV uno de los centros intelectuales y artísticos más importantes de Europa, debido en buena parte a que, a pesar de las dificultades políticas y económicas derivadas de la Guerra de los Cien Años, existió una importante elite de mecenas que suscitaron el desarrollo de un arte precioso y refinado y favorecieron la introducción de novedades iconográficas y estilísticas.
Goldenes Rössi: Cadeau d'étrennes d'Isabeau de Bavière à Charles VI le 1er janvier 1405

La exposición del Museo del Louvre (*) reúne doscientas setenta piezas, ejemplos de la alta calidad de la producción artística desarrollada en París entre 1380 —fecha de la coronación de Carlos VI— y 1415.

Libros miniados por maestros de la iluminación como Jacquemart de Hesdin o los hermanos Limbourg, manuscritos, esmaltes, tapices, objetos de orfebrería, pinturas, esculturas, joyas y numerosos regalos ofrecidos entre los monarcas con motivo de viajes, bodas y otros intercambios, únicos por su valor histórico y artístico, ofrecen una completa visión del lujo y refinamiento de la creación artística en la época.

La muestra concluye con la presentación del arte producido entre los años 1415-1425 bajo la ocupación inglesa, que propició el fin de los talleres parisinos.

Fuente: www.masdearte.com


(*) Recurso desaparecido. Solo disponible en Web Archive.

La parte fortificada de Carcasona llegó a estar tan deteriorada que el estado francés consideró seriamente derruir las murallas. A tal efecto se redactó un decreto oficial en el 1849 que derivó en un gran revuelo: el historiador Jean-Pierre Cros-Mayrevieille y el escritor Prosper Mérimée lideraron una campaña para preservar la fortaleza como monumento histórico. Ese mismo año se le encargó al arquitecto Eugène Viollet-le-Duc el proyecto de renovación de la ciudad alta. Desde 1997 está considerada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad [Vía Wikipedia].