Guerra Civil española

Escena de mercado
Escena de mercado

Kati Horna, húngara de nacimiento y mexicana de adopción, viaja a España en 1936 con una mochila que contenía su cámara Rolleiflex y sus ideales anarquistas. Inicialmente le fue encargada, por parte de la CNT, la tarea de retratar la vida en los pueblos colectivizados de Aragón y después viaja a Barcelona y Valencia.

Posteriormente, recorre buena parte de la geografía de nuestro país documentando la guerra civil y trabaja para distintas publicaciones republicanas como Tierra y libertad, Tiempos nuevos, Mujeres libres y Umbral: semanario de la Nueva Era. En la esta última conoce a quien se convertiría en su marido, José Horna. Éste es detenido por los «nacionales» y Kati le ayuda a escapar a París. En la huida lleva consigo los negativos de sus fotografías que guarda celosamente hasta el año 1979 (con la democracia ya establecida en España), fecha en la que decide ponerlos a disposición del Ministerio de Cultura.

Este verano volvió a la actualidad porque la historiadora del arte Almudena Rubio encontró en el Instituto Internacional de Historia Social (IIHS), con sede en Ámsterdam, el resto del trabajo que realizó aquellos años y que se creía perdido. Con ocasión de este descubrimiento, El País le ha dedicado dos artículos:

Sus fotografías pueden verse en el Centro Documental de la Memoria Histórica: Archivo fotográfico de Kati Horna (IntroducciónImágenes).

Pedro Archilla: calle Alfonso (Zaragoza). 1900.
Pedro Archilla: calle Alfonso (Zaragoza). 1900.

Archivo que recoge más de 300 fotografías de la primera mitad del siglo XX que reflejan el estado de devastación en que quedaron algunos lugares de España, especialmente la Catedral de Sigüenza, tras la toma de la ciudad por las tropas franquistas durante la Guerra Civil española.

Las fotografías pertenecen a Pedro Archilla, doctor en Ciencias Físico-Matemáticas, cuya familia donó al Ministerio de Educación los derechos de reproducción de las mismas con fines educativos.

El archivo fotográfico organiza las imágenes por lugares, temas (monumentos, paisajes, tradiciones populares…) y año de realización, y se proporciona al usuario un buscador por palabra clave para facilitar su labor de investigación.

Se trata de un recurso muy útil para conocer, a través de una simple mirada, parte de la historia de España; en concreto, la relacionada con la Guerra Civil y el estado en que quedaron algunos monumentos.

El Guernica y su historia a un clic

Repensar Guernica es una página web basada en una investigación de más de dos años,  que recopila y presenta materiales relacionados con el cuadro que Pablo Picasso realizó para el Pabellón de España en la Exposición Internacional de París de 1937, y que actualmente se conserva en el Museo Reina Sofía.

Esta iniciativa, por tanto, constituye una herramienta de conocimiento abierta, en continua evolución, que se enriquece progresivamente con nuevos documentos. Concebido como un archivo de archivos, Repensar Guernica está compuesto por alrededor de 2000 mil documentos procedentes de 120 archivos públicos y privados, instituciones y agencias nacionales e internacionales.

En Repensar Guernica ocupa un lugar destacado el estudio de Guernica en gigapíxel. De la mano de las últimas tecnologías aplicadas al conocimiento,  análisis y conservación del patrimonio artístico, este estudio agrupa y gestiona un gran número de imágenes tomadas del cuadro, tanto de la superficie pictórica como de la parte trasera y del bastidor.

Esta página web es fruto de la colaboración entre diferentes profesionales y está desarrollada por el Área de Colecciones, el Departamento de Conservación y Restauración y el departamento de Programas Virtuales del Museo Reina Sofía.

http://guernica.museoreinasofia.es/

80 años del Guernica

El 4 de junio de 1937, hace 80 años, en su estudio del 7 de la Rue des Grands Augustins de París, Pablo Picasso aplicaba los últimos toques de pintura industrial marca Ripolín al Guernica. Ponía fin así el genio malagueño al proceso creativo de uno de los cuadros más importantes de la historia del arte, no solo por su poderío plástico sino también por una irremediable vocación simbólica –la de espejo deformado del bombardeo de Guernica- que lo convertiría en icono perenne a través de generaciones.

EL PAÍS Vídeo ha realizado El día que Picasso firmó el Guernica, un programa de televisión presentado por Carlos de Vega donde desfilan algunas de las personas que vivieron de cerca el proceso del viaje español del cuadro hasta su instalación en el Casón del Buen Retiro, primero (1981) y su posterior traslado al Reina Sofía (1992). Es el caso de Álvaro Martínez-Novillo, subdirector general de Artes Plásticas entre 1979 y 1982 y Santiago de Torres, que en 1992 era subsecretario de Cultura.

Grabado en la sala donde se expone la obra de Picasso, el espacio de más de una hora de duración, cuenta además con la participación de María de Corral, directora del museo cuando llegó la pintura en 1992 y de Manuel Borja-Villel, actual director del centro. Los artistas Cristina Lucas y Fernando Sánchez Castillo aportan un acercamiento estético y simbólico al cuadro. El espacio incluye, además, las actuaciones musicales en directo –con el Guernica como telón de fondo- de Leiva (Vis a vis) y de la cantaora de flamenco Rocío Márquez (Firmamento).

Fuente: El País.

Enlace relacionado: Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica.

El exalcalde de Villanueva del Pardillo, Carlos Hipólito.
Carlos Hipólito.

Historias del siglo pasado que aún levantan odios… una pena que no seamos capaces de reconocer la valentía y el honor de las personas sin importarnos su ideología.

Villanueva del Pardillo se niega a dar el nombre de una calle al exalcalde Carlos Hipólito, que salvó a decenas de vecinos de ser asesinados durante los primeros meses de la Guerra Civil: El héroe olvidado.

Incierta gloriaNo recuerdo el periódico, revista o sitio web donde leí la reseña de la novela «Incierta gloria» de Joan Sales pero debió impresionarme. Solo así se explica que, olvidando ensayos y libros de historia, me dispusiera a leer una novela. En realidad no es tal sino un retrato histórico (y personal) de ese conflicto que damos por llamar «guerra civil española» desde el punto de vista de los perdedores. Catolicismo, comunismo, anarquismo,… todo será analizado y destilado a través de las cartas y la voces de sus principales personajes: Luis (un soldado republicano), Trini (anarquista convertida al catolicismo), Cruells (seminarista y soldado) y Solerás (excéntrico es decir poco sobre él).

La narración nos lleva de Barcelona al frente de Aragón y de nuevo a la retaguardia en un movimiento pendular que abarca desde diciembre de 1936 hasta el derrumbe del frente del Ebro en 1938. Dos años que marcaron el fin de un sueño y el inicio de una pesadilla que duró cuarenta años.

Una gran obra desde la primera hasta la última palabra.

Ya hemos hablado  con anterioridad de por qué considero culpable a Garzón en el caso seguido contra él por los crímenes del franquismo, y mantengo mi postura inicial. También critiqué la postura del fiscal por no considerar genocidio tales hechos. Por último, abogué por una actuación más decidida de la Administración en la búsqueda de los miles de hombres y mujeres que aún moran en fosas comunes. Puede parecer contradictorio pero estoy seguro de que lo entenderán tras la lectura de Garzón y la Memoria Histórica y La ceremonia de la confusión.

De hecho, el propio juez arguyó lo mismo cuando una asociación presentó una querella por la «saca» de Paracuellos: «… los preceptos jurídicos alegados son inaplicables en el tiempo y en el espacio, en el fondo y en la forma, a los que se relatan en el escrito y su cita quebranta absolutamente las normas más elementales de retroactividad (Art. 9.3 de la Constitución Española) y tipicidad (Art. 1 del Código Penal)» (Auto de 16/DIC/1998).

Estableció, por tanto, que no se podía acusar de genocidio a los responsables de la matanza de Paracuellos porque tal delito no estaba tipificado en el Código Penal vigente durante la II República.

Unos años más tarde admitió a trámite varias querellas por hechos semejantes pero esta vez los acusados no eran los republicanos sino los franquistas. La respuesta debió ser exactamente la misma y declararse incompetente pues no podía juzgar a los responsables de delitos de lesa humanidad sin quebrantar las normas de retroactividad y tipicidad. El caso debió ir a parar a uno u otro juez en función del lugar donde se hubieran cometido los delitos (asesinato, detención ilegal,…). Sin embargo, creyó estar por encima de la ley y se declaró competente.

Ayer, el sindicato de extrema derecha «Manos Limpias» consiguió, pese a las protestas de la defensa, que se leyera el mencionado auto. Se trata de una prueba casi definitiva contra Garzón que cometió el error de rechazar la primera querella sin entrar en el fondo del asunto. Le hubiera bastado alegar que los asesinatos de Paracuellos no podían tipificarse como de lesa humanidad para que la acusación no dispusiera ahora de una puntilla con la que descabellarle.

Están convirtiendo la desgracia, el horror y la tragedia en un mal chiste. Se me revuelve el estómago solo de pensar que alguien pueda hacer una gracia sobre el goce de una mujer violada y quedarse tan tranquilo, más aún si es una mujer la «graciosa». ¿Se imaginan ustedes lo que hubiera ocurrido si fuera un hombre el responsable de tal comentario? Pues que ahora mismo sus testículos adornarían la sala de trofeos de las mujeres —y esperaría, por cierto, que en lugar bien visible—.

México. Por Almudena Grandes (EL PAÍS, 24/11/08):

Nota: el artículo hace referencia a la iniciativa de Bono de colocar una placa de homenaje a María Maravillas de Jesús Pidal y Chico de Guzmán, monja perseguida en la Guerra Civil. La frase atribuida a la madre Maravillas —en cursiva en el texto— es en realidad de San Juan de la Cruz — Avisos Espirituales— y no hace referencia a las monjas sino al alma. La negrita es mía.

Un tribunal ha constatado la muerte de Franco. Qué risa, dicen algunos. Yo prefiero reírme de otras cosas. «Déjate mandar. Déjate sujetar y despreciar. Y serás perfecta». Parece un contrato sadomasoquista, pero es un consejo de la madre Maravillas. ¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos? En 1974, al morir en su cama, recordaría con placer inefable aquel intenso desprecio, fuente de la suprema perfección. Que la desbeatifiquen, por favor. A cambio, pueden beatificar a Bono, porque la pequeña vanidad de su implante capilar es pecado venial frente a tamaña perversión. Seguir leyendo …

La decisión de Garzón de inhibirse a favor de los Juzgados de Instrucción de diversas localidades y declarar extinguida la responsabilidad penal de los acusados por su fallecimiento es una muestra de los peligros que acechan a la llamada Memoria Histórica, entre ellos el de convertirse en un instrumento de venganza en lugar de justicia.

Una observación antes de exponer los argumentos en contra de Garzón: criticar tanto su proceder como la de quienes le apoyan no implica situarse en contra de los familiares que buscan reparar el daño ocasionado por el régimen franquista. Más bien al contrario. Tan solo que la justa y deseada reparación histórica no puede provenir de otra injusticia como la que pretendía Garzón. El fin no justifica los medios.

Garzón ha pretendido pasar por encima de la Justicia y el Estado de Derecho yendo incluso contra los intereses de los denunciantes al convertir el procedimiento en una Causa General. Sorprende, no obstante, que desde distintos ámbitos se haya defendido al juez Garzón negando tal arbitrariedad y que algunos incluso hayan ido más lejos al equiparar este caso con otros en los que se investigaron Crímenes contra la Humanidad. En todos ellos los tribunales se limitaron al procesamiento de los reos por los delitos concretos que se denunciaron. Garzón, por contra, pretendía investigar TODAS las muertes y desapariciones ocasionadas por un solo bando durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo, y todo ello desde un único procedimiento. Eso, señores, es una Causa General. Ya solo por ello, dicho juez debería ser apartado de su puesto.

El director de Amnistía Internacional, Esteban Beltrán, defiende por su parte que «es la investigación judicial la que debe determinar la extinción de la acción penal por fallecimiento de los presuntos responsables, la existencia de otros responsables no identificados y, asimismo, la suerte que corrieron las víctimas y la naturaleza del delito». El propio Garzón le ha respondido en su último auto al «declarar extinguida la responsabilidad penal de los acusados por su fallecimiento». No hacía falta tanta alforja para tan corto viaje.

¿De verdad no sabían los denunciantes y sus abogados que la responsabilidad penal se extingue a la muerte del reo? La confusión llega incluso desde instancias jurídicas e intelectuales: «No es posible que los tribunales españoles hayan asumido su competencia para investigar y perseguir los crímenes más graves de derecho internacional cometidos en Chile, Argentina, Guatemala, China, Ruanda, Irak, Marruecos, Palestina, Austria y Alemania, en cuyas causas ha sostenido la nulidad de las leyes de amnistía o prescripción y se abstengan de investigar crímenes similares cometidos en su propio país». ¿Son conscientes los firmantes del manifiesto que estos procesos condujeron al procesamiento de personas con nombres y apellidos?. Y vivas, cabría añadir. Ni siquiera las potencias vencedoras en la II Guerra Mundial se atrevieron a tanto: Hitler no fue juzgado por los aliados porque estaba muerto. Tampoco lo fueron los dirigentes nazis que se suicidaron antes de que comenzara el juicio. Aquí, sin embargo, algunos pretenden sentar en el banquillo de los acusados a los muertos para, acto seguido, declararse demócratas (sic).

Para añadir más confusión al asunto, se mencionan asimismo otros procesos supuestamente semejantes como la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep) en Argentina, la Comisión de Verdad y Reconciliación o Comisión Rettig (1990) en Chile, la Comisión de la Verdad de la ONU (1992) en El Salvador y la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) de la ONU sobre Guatemala (1997). Se olvidan quienes nos recuerdan tales actuaciones que ninguna de ellas fue un proceso penal sino comisiones creadas ad hoc.

Coincido, no obstante, en ciertas críticas a la actuación del fiscal. En contra de la opinión de éste, y como ya explique en un un artículo anterior, mantengo que Franco y sus secuaces cometieron un delito de lesa humanidad y, por tanto, no están amparados por la Ley de Amnistía.

La pelota en el tejado del Gobierno:

¿A qué espera el Gobierno para desarrollar la Ley de la Memoria Histórica? ¿cuando desarrollará, por ejemplo, lo establecido en el artículo 11 y siguientes (localización e identificación de las víctimas)? ¿acaso solo buscaban la foto? Así parece porque, una vez aprobada, se ha olvidado por completo de ella.

Es obligación del Gobierno reconducir la situación hacia vías administrativas que permitan recuperar los cuerpos de los miles de españoles que aún permanecen enterrados en las cunetas de las carreteras y caminos de este país. Los familiares no tienen por qué convertirse en detectives privados y menos aún pagar a otros por ese trabajo. La obligación del Gobierno es apoyar, ayudar y colaborar con ellos para recuperar los cuerpos de los desaparecidos. Lo escribieron en la Ley pero no lo están cumpliendo. Una y otra vez palabras huecas, promesas incumplidas y esperanzas rotas: ese será el legado de Rodríguez Zapatero a nuestra democracia.

En cuanto a crear una Comisión de Investigación orientada a descubrir lo que sucedió en tan trágicos años, creo que llegan tarde. La Historia ya ha juzgado a Franco y solo desde la mala fe o la ignorancia se puede decir lo contrario.

Ante el auto de Garzón solo cabe responder lo siguiente:

  1. Uno de los principios irrenunciables del Derecho figura en el artículo 1 de nuestro Código Penal: «no se será castigada ninguna acción ni omisión que no esté prevista como delito o falta por Ley anterior a su perpetración». Se trata de un concepto clave en cualquier sistema judicial propio de una democracia. Los dictadores, sin embargo, suelen hacer caso omiso, y tenemos un ejemplo en la ley franquista de 9 de febrero de 1.939 de «Responsabilidades Políticas» ya que en su artículo primero violaba dicho principio: «Se declara la responsabilidad política de las personas, tanto jurídicas como físicas, que desde el 1 de octubre de 1934 y antes de julio de 1936 contribuyeron a crear o agravar la subversión …»
  2. Los delitos de lesa humanidad fueron introducidos por la Carta del Tribunal Militar Internacional (8 de agosto de 1.945). Se trata de un acuerdo adoptado por el gobierno de los Estados Unidos de América, el gobierno provisional de la Republica Francesa, el gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y el gobierno de la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas para el enjuiciamiento y castigo de los principales criminales de guerra del eje europeo.
  3. El delito de genocidio fue incorporado al Derecho Internacional por la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Entró en vigor el 12 de enero de 1.951.
  4. En cuanto a la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad, el convenio entró en vigor el 11 de noviembre de 1970.
  5. Por otra parte, el Derecho Internacional no es de aplicación directa, es decir, necesita la oportuna transposición (STS de 1 de octubre de 2007, sobre el caso Scilingo). El delito de genocidio fue introducido en España por Ley 44/1971 de 15 de Noviembre. Los delitos de lesa humanidad fueron incluidos en el Código Penal por la Ley Orgánica 15/2003, de 25 de Noviembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de Noviembre, del Código Penal.
  6. En el Código Penal vigente en la II República no aparecen tipificados los delitos de genocidio y de lesa humanidad.
  7. En resumen: no se puede juzgar a Franco y sus secuaces por genocidio o delitos de lesa humanidad.

No nos tiene por qué gustar pero así es la Justicia y el Derecho. Espero, desde luego, que principios tan básicos del Derecho no se tiren a la basura porque eso sí sería borrar de golpe nuestra democracia.

Ahora nos queda el auténtico problema de las víctimas, a saber, la localización de los miles de asesinados y enterrados en fosas comunes durante la Guerra Civil, tanto de un bando como de otro, y los primeros años del franquismo. Y para ello no es necesario montar una «causa general» ni ningún juez-estrella.

Un ejemplo y una forma más directa de decir lo mismo:

  1. Actualmente, no es un delito descargar música a través de las redes P2P.
  2. Ahora imaginemos que mañana el gobierno modifica el Código Penal e introduce tal conducta como delito.
  3. Resulta que tú descargaste una canción seis meses antes de dicha modificación.

Tu razonamiento, el mío y el de cualquier otro sería obvio: oiga, que cuando me bajé la canción no era delito.

Pues lo mismo sucede con Franco: ni el genocidio ni los delitos de lesa humanidad estaban tipificados en el Código Penal español como tales delitos en el momento en el que fueron cometidos.

¿Franco cometió genocidio? Pues sí.
¿Franco cometió delitos de lesa humanidad? Pues sí.
¿Puede ser juzgado por tales hechos? Pues no, salvo que el Tribunal Supremo le de la vuelta a toda su jurisprudencia. Tampoco cabría la posibilidad de acusarle de asesinato o detención ilegal porque la responsabilidad criminal se extingue por la muerte del acusado.
¿Tienen derecho los descendientes de los «desaparecidos» a recuperar el cuerpo de sus familiares y a darles un entierro digno? Por supuesto.
¿Haca falta una «causa general» para ello? Pues no.

Actualización (22/10/08):

El fiscal, por su parte, en su recurso afirma que no pueden calificarse como delitos de lesa humanidad y que, además, el juez Garzón había eludido la aplicación de la Ley de Amnistía de 1977. Discrepo por completo de tales afirmaciones.

La Ley de Amnistía de 1.977 hace referencia a delitos políticos entre los que nunca puedan tomarse como tales los asesinatos y las detenciones ilegales, más aún cuando éstos formaban parte de un plan diseñado por los sublevados que se aplicó desde el primer momento de la contienda. Finalizada la guerra civil la represión se consolidó, bajo cobertura legal, como instrumento político para asegurar y defender el nuevo Estado, siendo las propias autoridades las que inician y extienden el terror por toda España como medio para alcanzar sus objetivos políticos [La represión en la Guerra Civil].

Veamos ahora las características del delito político. Para ello recurro al artículo de Alberto Montero Ballesteros de la Universidad de Murcia: «En torno a la idea de delito político (notas para una ontología de los actos contrarios al Derecho)» en Horizontes de la Filosofía del Derecho. Homenaje a Luis García San Miguel:

[…] El delito político puede caracterizarse como una acción materialmente lícita (bonaperse o éticamente indiferente) que por «razones políticas» es tipificada como delictiva.

Dentro de esas acciones materialmente lícitas que el poder convierte en delictivas (mala quia prohibita) cabe distinguir dos tipos:

  • De un lado, las acciones de signo positivo que, de ordinario, consisten en el ejercicio de determinados derechos fundamentales (libre expresión del pensamiento, libertad de asociación y de reunión, derecho de huelga, etc.) incluido el derecho de resistencia al poder ilegítimo.
  • De otro lado, acciones de signo negativo (omisiones). Así, la negación a realizar determinados actos materialmente ilícitos (mala per se), -asesinatos, torturas, detenciones, robos, delaciones, etc.- cuando dichos actos resultan prescritos por «razones políticas» y su incumplimiento tipificado como delictivo.

Según el artículo 2º, apdo. e), Los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes del orden público, con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos incluidos en esta Ley eran amnistiados, es decir, de su actuación contra personas que habían cometido delitos políticos. Ahora bien, los «paseos» o las «sacas» se realizaron sin previo juicio y el único motivo por el que miles de personas fueron asesinadas fue el de pertenecer al «otro bando». Quienes diseñaron, programaron y ordenaron la ejecución de un plan dirigido a exterminar al oponente no entran dentro de la categoría indicada por la amnistía de 1.977.

Pondré un ejemplo:

  1. Un policía detiene a un obrero en una manifestación de acuerdo a los leyes vigentes durante la dictadura de Franco.
  2. Un funcionario aplica dichas leyes para censurar un artículo, película o libro.
  3. Un dirigente franquista organiza y ordena ejecutar una «limpieza» en un pueblo o ciudad.

Los dos primeros se acogen a la amnistía de 1.977. El tercero comete una delito de lesa humanidad.

Nota:

Numerosos dirigentes de la II República también incurrieron en delitos de lesa humanidad durante los últimos meses de la Guerra Civil. Me refiero, en concreto, a Negrín quien ordenó una brutal represión contra la disidencia interna, especialmente contra los anarquistas.

También podrían ser acusados de lo mismo todos los dirigentes republicanos, en especial de la CNT y la FAI, quienes hasta finales de 1.936 aprovecharon el caos en el que se sumió la zona republicana para asesinar a miles de personas.

Actualización (18/10/08):

Según informa la agencia EFE, el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ha tomado la decisión de extinguir la responsabilidad penal del dictador Francisco Franco tras comprobar su fallecimiento y remite la causa en la que investiga las desapariciones en la Guerra Civil y el franquismo a los juzgados territoriales en los que se encuentren las correspondientes fosas.

Este comentario sigue en La Ceremonia de la confusión.