Idiomas de España

Según el artículo 7 de la propuesta de reforma del Estatuto de Autonomía de Aragón, una ley de las Cortes de Aragón establecerá las zonas de uso predominante de las lenguas y modalidades propias de Aragón, regulará el régimen jurídico, los derechos de utilización de los hablantes de esos territorios, promoverá la protección, recuperación, enseñanza, promoción y difusión del patrimonio lingüístico de Aragón, y favorecerá en las zonas de utilización predominante el uso de las lenguas propias en las relaciones de los ciudadanos con las Administraciones públicas aragonesas.

A primera vista, una redacción sensata y acorde con la realidad lingüística de Aragón ya que, sólo en zonas muy concretas, el castellano cohabita con el catalán (más bien chapurriao, una mezcla de aragonés, catalán y castellano). La Fabla, por su parte, tan apenas es hablada y se la puede declarar, por mucho que nos duela, extinguida, siendo su recuperación casi imposible. Para algunos, sin embargo, dicha protección se queda corta y proponen:

  1. que el aragonés y el catalán, lenguas propias de Aragón, sean oficiales en sus respectivos territorios.
  2. que todas las personas tengan el derecho y el deber de conocerlas y el derecho a usarlas.

Sí, lo han leído bien. El catalán, según está propuesta, sería, junto al aragonés, lengua cooficial en Aragón y todos los aragoneses deberíamos aprenderlo. Mejor hubiera sido dejarse de circunloquios y proponer directamente la anexión.

¿Se imaginan quién puede clamar por tal barbaridad? Pistas: son socios del PSOE en las Cortes; por supuesto, nacionalistas; catalanes, claro… Han acertado: Esquerra Republicana. ¿Y quien les acompaña en este viaje? Pues la izquierda más molona de este país —Izquierda Unida— que, aparte de manifestarse en contra de la guerra de Iraq, tienen ideas tan peregrinas como afirmar sin ningún rubor que «el aragonés y el catalán son lenguas propias de Aragón». Y no se trata de un calentón o de una de esas típicas afirmaciones a la luz de de los micrófonos; estamos hablando de dos enmiendas —61 y 217— felizmente rechazadas en el Pleno del día pasado día 15 de marzo en el marco del debate sobre el Estatuto de Autonomía de Aragón. En fin, una muestra más de la esquizofrenia lingüística que recorre sin freno este país gracias a la implantación de un modelo territorial que incita a la confrontación y a la rebelión cívica.

A los que consideramos las lenguas desde una óptica más pragmática que nacionalista se nos suele acusar de no entender absolutamente nada. Por supuesto, se nos alinea con los sectores más conservadores, cuando no fascistas. Una pena que millones de personas a lo largo de los tiempos tampoco lo hayan entendido. Sí señor, una verdadera pena.

Así, Felipe V, ese gran imperialista y presunto asesino de lenguas, tenía en tan poca estima al español que nunca lo habló. En aquellos tiempos la lengua cortesana era el francés y ésta era la que se hablaba alrededor del rey. De hecho, no entendió ni una sola palabra del discurso de bienvenida pronunciado en español por el eminente catalán Don Manuel Oms de Santa Pau. Por supuesto, este pragmatismo hacía que lo que se hablara en sus reinos le importara aún menos.

Una pena también que, allá por el siglo XVIII, la Junta de Comercio valenciana rogará a Carlos III su soberana intervención para que «todos los mercaderes y comerciantes, sean naturales o extranjeros, lleven y tengan sus libros en idioma castellano». Una pena que no entendieran el valor sentimental de las lenguas y se inclinaran ante el pragmatismo. Seguir leyendo …

Por A. Espinosa.

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Los derechos lingüísticos en el nuevo Estatuto de Cataluña

Muchos de los que vivimos en Cataluña pensábamos que la normalización lingüística del catalán significaba hacer que el catalán dejase de estar en desventaja en relación al castellano. Que las políticas de normalización pretendían la igualación entre castellano y catalán; que buscaban restituir el catalán a todos los ámbitos de la comunicación pública y privada y ocupar esos espacios en un plano de igualdad con el castellano.

En Cataluña muchos ciudadanos pensamos que los poderes públicos deben garantizar el conocimiento del catalán y del castellano, deben garantizar el derecho al uso de ambos, e incluso adoptar medidas encaminadas a conseguir la igualdad de uso de las dos lenguas.

Muchos pensamos también, que la administración y las instituciones públicas no tienen lengua propia, no pueden hacer suya la lengua de la mitad de la población y excluir la otra mitad. Son los ciudadanos los que tienen lengua propia y el derecho a su uso. Ellos son los que pueden expresarse sólo en catalán, sólo en castellano o en ambos. La administración, que ha de garantizar ese derecho, debería ser la primera que se dirigiera a los administrados en la lengua de éstos, ya sea de forma oral o escrita. Seguir leyendo …

Por A. Espinosa:

El debate que en Cataluña suscita el tema lingüístico creo que pone de manifiesto que la lengua no sólo es un instrumento de comunicación, es algo más importante.La mayoría de las personas sienten un vínculo emocional con su lengua propia, un vínculo que va más allá del interés puramente instrumental que puede atribuirse al uso de una lengua.

Considero que la lengua es uno de los rasgos de la identidad de las personas, del sentimiento de pertenencia. Precisamente por eso, las personas se toman cualquier desprestigio del estatus público de su lengua materna o propia como un ataque a su identidad. Es bien cierto pues, que la lengua une, lo que no es cierto es que la lengua separe. Separan los menosprecios, humillaciones o la intolerancia hacia la lengua.

Es el nacionalismo con su lógica y su edificio simbólico, convirtiendo a unas lenguas en subalternas de otras, quien convierte la lengua en un instrumento no solo de diferencia sino de separación, de ruptura. Seguir leyendo …

La controversia sobre la coexistencia en España de diversas lenguas parte, a priori, de una dificultad nada desdeñable. Castellanos, aragoneses y, en general, aquellos colectivos carentes de una segunda lengua natural, plantean normalmente la problemática en términos instrumentales o funcionales. Para los nacionalistas, sin embargo, la lengua – no en su dimensión instrumental, sino en su significado simbólico – se presenta como uno de los atributos de la identidad nacional y, por lo tanto, su análisis se enmarca en una dimensión totalmente distinta. A lo que debemos añadir los distintos papeles que la lengua juega en cada uno de los nacionalismos españoles.

Para el nacionalismo vasco, por ejemplo, el hecho lingüístico es fundamental: es por su lengua como un vasco se define a sí mismo autodesignándose euskaldún, cuyo término significa «que posee» (-dun -n) el «euskera» o lengua vasca (euskal-); de la misma suerte que Euskalerría, «País Vasco», se descompone en euskal + herri, «país», es decir «país de la lengua vasca». Pero a diferencia de Cataluña donde el individuo – sea cual fuere su procedencia – se socializa mediante el aprendizaje del idioma, en el País Vasco se da más importancia a la lengua como elemento diferenciador y excluyente. He aquí una forma, sin desperdicio alguno, de expresar comparativamente con Cataluña la inextricable estructura de lengua y raza que constituye la nación vasca; su autor es Sabino de Arana:

«La política catalana, por ejemplo, consiste en atraer a sí a los demás españoles; la bizcaína, vgr., en rechazar de sí a los españoles como extranjeros. En Cataluña a todo elemento procedente del resto de España lo catalanizan, y les place a sus naturales que hasta los municipales aragoneses y castellanos de Barcelona hablen catalán. Aquí padecemos mucho cuando vemos la firma de un Pérez al pie de unos versos euskéricos, oímos hablar nuestra lengua a un cochero riojano, a un liencero pasiego o a un gitano, a al leer la lista de marineros náufragos de Bizcaya tropezamos con un apellido maketo. Los catalanes quisieran que no sólo ellos, sino también todos los demás españoles establecidos en su región hablasen catalán; para nosotros sería la ruina el que los maketos residentes en nuestro territorio hablases euskera. ¿Por qué? Porque la pureza de raza es, como la lengua, uno de los fundamentos del lema bizcaíno, y mientras la lengua, siempre que haya una buena gramática y un buen diccionario, puede restaurarse aunque nadie la hable, la raza, en cambio, no puede resucitarse una vez perdida» (Bizkaitarra, II, número 16, 31 de octubre de 1894).

Tampoco encontramos en Cataluña, Valencia o Galicia la mitificación y reificación de la lengua como en el caso vasco. Así, Larramendi, resumiendo todos los argumentos míticos sobre el euskera, dirá en 1728, con toda seriedad, que es una lengua divina, angelical: “Si los theólogos y otros supíerades el bascuenze, concluiríades al instante que el bascuenze es la locución angélica, y que para hablar a los ángeles en su lengua es necesario hablarles en bascuenze”. También dirá que es la lengua mas perfecta; que por ser divina, es una de las lenguas matrices de la humanidad. Y finalmente, que es una lengua pura e intacta a través de los siglos: “[…] el bascuenze inaccesible a la novedad y alteración, y libre de impresiones bastardas, ha conservado tan intacta su antigua pureza y hermosura, que si el primer poblador de España, sea tubal o sea tarsis, oyera hoy hablar a los guipuzcoanos, los entendería sin diccionario y sin intérprete, a menos que hubiese olvidado su propia lengua”. [Manuel de Larramendi (1690-1766), El Imposible Vencido, Arte de la lengua Bascongada (Salamanca, 1729), citado por A. TOVAR, Mitología e ideología sobre la lengua vasca (Madrid, Alianza, 1980), pág. 71-72 y 87].

El mismo razonamiento podemos encontrarlo hoy en los “Antecedentes Históricos” en versión del PNV: “Las características que distinguen a los vascos comenzaron a desarrollarse en el mismo lugar que actualmente habitan, las vertientes norte y sur de los Pirineos occidentales. Fue un resultado de la adaptación del hombre de Cro-Magnon en esta zona a los grandes cambios ambientales que se produjeron tras el final de la última glaciación, hace aproximadamente diez mil años. El Pueblo Vasco, conformado como tal desde entonces, con su propia cultura e idioma, el euskera, posiblemente el más antiguo de Europa, ha logrado sobrevivir manteniendo su propia identidad. Viendo a lo largo de milenios aparecer y desaparecer otras culturas, reinos e imperios que la pusieron en peligro. Celtas, iberos, romanos, bárbaros, árabes, fueron escribiendo sus líneas en las páginas de una historia que raramente se ocupaba de los «persistentes» vascos”.

La lengua catalana, sin embargo, reorientó su poder significante en la identidad de otra manera. Históricamente no fue el elemento-que-da-el ser, sino uno de los rasgos centrales del mismo. Por esta razón no suponía un obstáculo insalvable para los inmigrantes, sino que representaba la definición de un espacio lingüístico donde tenían cabida todos los que lograban asumir el catalán como instrumento de comunicación. Todo ello sin menoscabo de su importancia: “La lengua es el pueblo […] el pensamiento de una nación es lo que la caracteriza y retrata […] De entre todos los vínculos sociales, aparte de la religión, la lengua es el que enlaza más estrechamente.” (Tomás i Bages, Joseph: La tradició catalana, Barcelona, Edicions 62, 1982; primera edición de 1924). Pero esta tendencia integradora ha sufrido en los últimos años un cambio notable para transformarse también en un elemento separador justificado históricamente por la imposición castellana de un idioma «ajeno» a Cataluña. De nuevo, el papel de víctima tan querido por los nacionalistas a los que no les importa tergiversar la historia en beneficio propio.

En definitiva, los nacionalistas miden la lengua no tanto por su contenido instrumental, sino por la capacidad simbólica de representar las aspiraciones colectivas, es decir, la identidad nacional. Y en esta diferenciación en torno a las dimensiones del lenguaje, es donde se hunden las raíces del problema lingüístico español. Difícil solución por cuanto afecta a la vida cotidiana de muchas personas que no saben, o no quieren adoptar una segunda lengua como la catalana o la vasca que, entre otros argumentos, les resulta extraña y poco útil o simplemente no sienten el nacionalismo lingüístico. Si a ello le añadimos el uso de denuncias, controles lingüisticossubterfugios legalesla última sentencia conocida abunda en ello— para imponer el idioma catalán, el resultado es el menosprecio más absoluto a la libertad individual y a los derechos civiles. Una prueba más de las «bondades» nacionalistas.

Productos catalanes: si en las últimas semanas se ha desatado una campaña contra los productos catalanes, desde otro nacionalismo —el catalán— se promueve justo lo contrario, es decir, comprar sólo aquéllos. De paso aprovechan e incluyen un curioso mapa de los Països Catalans.

La lengua como «producto nacionalista»: El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y la Generalitat han pedido explicaciones a la Audiencia Provincial de Tarragona (APT) por no aceptar la versión en catalán de un veredicto de un jurado popular, el cual fue traducido al español por el secretario. Y no les falta razón: se aplicó el prisma nacionalista —el español— al negarse incluso la posibilidad de adjuntar una copia en catalán. No obstante, tan respetables instituciones catalanas cometen el mismo error cuando no critican la posición de uno de los jurados cuando exigió entregar «sólo» la copia en catalán. Este pequeño incidente se suma a otros más graves como los que relata el Defensor del Pueblo en una carta dirigida a la ministra de Educación y en la que pide que se proteja el derecho a estudiar en castellano.

El nacionalismo no reconoce el imperio de la Ley. Pondré un ejemplo nimio si se quiere pero muy significativo a mi modesto parecer. El pasado 15 de julio, una Diputada por Barcelona del Partido Popular formuló dos preguntas al Gobierno: «¿Ha sido informado el Gobierno de la Nación por su Delegado en Cataluña de que los Consellers de Bienestar, Comercio, Consumo y Turismo, Universidades, Enseñanza y el Conseller de Presidencia de la Generalitat de Cataluña han retirado la bandera constitucional de sus respectivas Conselleries?» y «¿Qué medidas ha tomado el Gobierno para que los mencionados Consellers cumplan la Ley 39/81 y repongan en sus Conselleries la bandera constitucional?». La respuesta del Gobierno —dos meses y medio más tarde— ha sido la siguiente: «El Gobierno cumple la ley, por eso la Delegación del Gobierno en Cataluña ha transmitido a la Comunidad Autónoma la obligatoriedad de cumplir con la Ley 39/1981».

No me cansaré de repetirlo: mientras los nacionalistas españoles, vascos, catalanes, etc. enfaticen, como valores políticos, los derechos colectivos, la construcción nacional y la etnicidad no podremos avanzar ni como sociedad ni como país. Es el momento de afirmar y reiterar los derechos individuales y ciudadanos, las libertades civiles, los valores cívicos (no étnicos), la ausencia de coerción nacional o nacionalista, y la afirmación y defensa de la sociedad como una sociedad abierta, plural y libre.

El Parlament cree que la literatura catalana es sólo la escrita en catalán. Así titula el periódico La Vanguardia una noticia que continúa así: El pleno del Parlament aprobó ayer, con los votos de CiU y el tripartito, una moción que pide que la Generalitat priorice a los escritores en lengua catalana en la Feria del Libro de Frankfurt del año 2007. Si nos detenemos aquí, no parece tan grave el asunto pero si continuamos leyendo nos encontramos con el pequeño detalle que justifica el mencionado titular ya que el texto finalmente aprobado insta al Govern a «priorizar la presencia del libro y el multimedia en catalán como identificador único de la literatura catalana«. Tal desatino fue aprobado con los votos a favor de CiU, PSC, ERC e ICV-EUiA mientras que el PP votó en contra [Leer noticia]

Nos encontramos, una vez más, ante un nacionalismo excluyente que antepone la construcción nacional y la etnicidad a los derechos individuales y ciudadanos, a las libertades civiles, a los valores cívicos (no étnicos), a la ausencia de coerción nacional o nacionalista, y a la afirmación y defensa de la sociedad como una sociedad abierta, plural y libre. Al final, tanto imitar al nacionalismo español les ha llevado no sólo a parecerse a él sino también a superarlo en intransigencia.

Ya de paso, aprovecho para criticar el mal uso del lenguaje tanto en el ámbito político como en el periodístico. Que usted o yo, simples ciudadanos, cometamos ciertos errores al expresarnos tiene disculpa pero no así quienes más influyen en la sociedad como, por ejemplo, los periodistas o los políticos. Viene todo esto a cuento por el verbo ‘priorizar’, cuyo uso ya criticaba Fernando Lázaro Carreter en 1990 (*): «Como farolillos multicolores alegran también el aire de ese lenguaje nocturno los verbos que, sobre modelos ingleses o franceses, adoptan un –izar como cola suntuosa: concretizar por concretar, objetivizar por objetivar, culpabilizar por culpar; optimizar por optimar, ilegitimizar por ilegitimar; priorizar por dar prioridad; liderizar por liderar, depauperizar por depauperar, y tantos otros. En 1993 volvió a la carga con el asunto: «No deportivo, sino bien docto quiere ser el priorizar que, sobre el galicismo prioritario, han engendrado gobernantes y políticos de uno y otro color del arco parlamentario, dicho con brillante metáfora actual. Y así un ministro recién nombrado se ha apresurado a dejar constancia de su familiaridad con el lenguaje de las cumbres: «A la vista del presupuesto, ya veré qué priorizo». Decir «a qué concedo o doy preferencia» hubiera sido indicio de bisoñez.

FERNANDO LAZARO CARRETER: El dardo en la palabra, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 1997.
(*) Página 517
(**) Página 651

FUENTE: Suplemento Babelia (13 de noviembre de 2004). Texto y enlaces por Josep M. Sarriegui.

El ciberespacio muestra el riquísimo acervo del castellano, a veces desconocido.

  • www.rae.es: Los principales diccionarios, ortografías y otras publicaciones de la RAE. Servicio de consultas lingüísticas, agenda de sus actividades culturales y los discursos de ingreso de sus académicos.
  • : La Universidad de León, José R. Morala reúne una recopilación de diccionarios, glosarios y vocabularios accesibles desde Internet que se ocupan de registrar variantes del español que no suelen figurar en muchos diccionarios al uso.
  • www.antoniodenebrija.org: La Asociación Cultural Antonio de Nebrija ofrece la versión completa de la más famosa Gramática de la lengua castellana, cimiento temprano del idioma.
  • : Regionalismos de la Lengua Española acoge el léxico del idioma organizado por regiones del mundo. Existe una zona de consulta gratuita. En su tienda virtual se puede adquirir y descargar, los libros Diccionario de regionalismos de la lengua española y Léxicos regionales de la lengua española.
  • www.geocities.com/Athens/Delphi/3925/: Linguaweb explica el origen de las palabras y expresiones en castellano y catalana.
  • www.jergasdehablahispana.org/: Modismos del español ordenados por países (Latinoamérica y España). El idioma a través de su argot más enriquecedor.