Matrimonio homosexual

Al anuncio, por parte del secretario general del PP -Ángel Acebes-, de la presentación de un recurso ante el Constitucional contra la ley que reconoce el matrimonio entre homosexuales, le ha seguido cierta polémica por unas declaraciones de Esperanza Aguirre en las que manifestaba su oposición a tal iniciativa. No obstante, el portavoz de Justicia del PP, Ignacio Astarloa, ha despejado cualquier duda al anunciar hoy formalmente la presentación del mencionado recurso. En principio, la base jurídica será intentar demostrar que llamar matrimonio a la unión entre homosexuales es inconstitucional pero casi prefiero esperar a conocer el documento para opinar sobre el asunto y más, si tenemos en cuenta que el plazo acaba el próximo día 3 de octubre. En todo caso, permítanme una predicción: el Constitucional dictará que las uniones entre homosexuales tienen cabida en el ordenamiento jurídico pero que éstas deben regularse con una figura distinta a la del matrimonio.
Por otra parte, el escenario actual era previsible y ya el 19 de junio, a un comentario de un lector, precisaba lo siguiente: «Existe una posibilidad que perjudicaría a los homosexuales, a saber, que presentara [el PP] un recurso de inconstitucionalidad. Esto implicaría la suspensión cautelar de la reforma del Código Civil de, al menos, dos o tres años. Eso suponiendo que el Tribunal Constitucional no declare inconstitucional la reforma, no tanto por su contenido sino por la forma de llevarla a cabo. Además, un enfrentamiento como el actual puede llevarnos a una derogación de la actual reforma en cuanto el PP recobre el poder. Por eso me preguntaba si la estrategia del PSOE era la correcta y si no hubiera sido preferible un acuerdo entre ambos partidos» [Leer entrada Milagros y política del 17 de junio]. De momento, la primera parte -presentación del recurso- se ha cumplido. Las demás, ya veremos…

El pasado 20 de junio, la Comisión de Justicia del Senado reunía a varios expertos para que informasen en relación con el Proyecto de Ley por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio y, en particular, sobre los efectos que tiene en el desarrollo de los menores la convivencia con parejas homosexuales. Pues bien, nueve días ha tardado el Senado en publicar el Diario de Sesiones correspondiente y, entre tanto, los ciudadanos nos hemos tenido que conformar con los ‘recortes’ periodísticos. Ahora, al menos, podremos criticar o alabar a los comparecientes con fundamento: http://www.senado.es/legis8/publicaciones/pdf/senado/ds/CS0189.PDF

«Coniunctio maris et feminae et consortium omnis viate, divini et humani iuris communicatio». Así definieron los romanos un modelo de matrimonio que, pese a todos los avatares, ha perdurado a lo largo de los siglos. Los sociólogos suelen denominarlo matrimonio tradicional o “institucional” y lo distinguen de otros tipos que se caracterizan por su alejamiento progresivo de la indisolubilidad y por la disminución de la importancia del elemento religioso e institucional. En las sociedades occidentales predomina actualmente el llamado matrimonio «fusión» que se fundamenta en la solidaridad afectiva. El peso institucional tan apenas se hace notar salvo en las ceremonias y signos rituales externos, falta el elemento religioso y el divorcio es un simple corolario que no acarrea estigma alguno. Con la llegada de nuevos modelos familiares, la discusión se centró en el papel que la institución familiar jugaba en la reproducción biológica y social y si la sociedad podría funcionar a través de otras instituciones. Esta problemática, que arrancó en la década de los ochenta, resultó algo artificial: junto a las elevadas tasas de divorcio actuales, se da también una alta tasa de renupcialidad, lo cual nos lleva a pensar que el matrimonio goza de buena salud. Tan saludable que los homosexuales vienen reclamándolo desde hace varios años. O mejor dicho, reclaman los derechos derivados de la formalización de un contrato matrimonial. No seré yo quien les niegue el pan y la sal pero la relevancia social de los matrimonios heterosexuales -base de tales derechos- es totalmente distinta a la de los matrimonios homosexuales. Se trata, en suma, de dos realidades diferentes que bien merecerían tratamientos jurídicos distintos. Una idea nada descabellada a la vista de lo adoptado por la izquierda europea en Finlandia, Noruega, Dinamarca, Alemania, Suecia y recientemente Suiza. En este sentido, coincido con la diputada Mercedes Aroz cuando afirma que «mi crítica es a la regulación jurídica concreta por la que se ha optado para el reconocimiento de derechos a la unión de personas homosexuales» (Las seis razones aducidas por Mercedes Aroz).

Por otra parte, ampliar los derechos de un determinado colectivo provocando al mismo tiempo la fractura social no es signo precisamente de inteligencia. Con la modificación del Código Civil propuesta por el partido socialista, Rodríguez Zapatero ha obrado varios milagros: hasta tres diputadas y un diputado romperán la disciplina de voto (Francisco Vázquez y Mercedes Aroz del PSOE votarán ‘no’; Celia Villalobos y María Pía del PP apoyarán la ley). ¿Y qué decir de la presencia de obispos en la manifestación de mañana? Pues oigan, otro milagro. Tal vez me falle la memoria pero no recuerdo otra situación semejante. Lo cual, por cierto, bien poco dice de los miembros de la Conferencia Episcopal y de ciertos obispos pues nadie les vio, por ejemplo, en las manifestaciones contra la invasión de Iraq. Ni siquiera la voz del ya difunto Juan Pablo II en contra de dicha guerra les sirvió de acicate para participar activamente en tales demandas. En cuanto al PP, ya comenté su repentino giro a favor de las movilizaciones: El PP descubre las pancartas. Nunca lo podremos saber con certeza pero probablemente ni la manifestación de mañana ni la tensión social generada se habrían producido si el PSOE hubiera regulado los innegables derechos de los homosexuales mediante una figura jurídica distinta a la del matrimonio. La razón es muy sencilla: tal actitud hubiera dejado vacua la oposición de la Iglesia Católica y de los populares.

Grabé anoche el programa 59" y hoy lo he visto con tranquilidad. Bueno… lo de tranquilidad es un decir. Ya en otra ocasión critiqué el sectarismo y la mala educación de algunos de los periodistas que habitualmente acuden a este programa. Ahora les toca a los políticos: su demagogia se ha convertido en algo tan habitual que casi no le damos importancia. Demagogia que se ve acompañada, como en el programa de ayer, de la más absoluta ignorancia. Me refiero, por ejemplo, a las menciones que se hicieron a legislaciones en otros países sobre la adopción de parejas homosexuales. Ninguna de ellas se correspondían a la realidad y, para colmo, tampoco la realización del programa consideró oportuno aportar un estudio comparativo. Y no digamos nada de la doble moral del PP: claman por incorporar la "objeción de conciencia" en la ley que regula el matrimonio homosexual y, al mismo tiempo, sancionan a dos diputadas populares por votar en contra de la opinión mayoritaria de su propio grupo. Objeción de conciencia: sí…, pero cuando les interesa.

Más agradecimientos: en esta ocasión a todos los lectores que, bien a favor o bien en contra, se han manifestado sobre el comentario que escribí ayer sobre el matrimonio homosexual. El tono de todos ellos ha sido de exquisita amabilidad, lo cual les agradezco. Desafortunadamente esta bitácora es manual (*) y no existe la posibilidad de insertar comentarios como en las que utilizan herramientas específicas para la publicación de blogs (v.g. Blogia o acelblog). No obstante, he seleccionado dos opiniones: ambas aportan puntos de vista muy interesantes aunque contrapuestos a los aquí defendidos. En el  primero de ellos, J.L. analiza el artículo de Enrique Rojas: Si a la adopción. En el segundo, J.P.G. defiende la equiparación completa: Matrimonio homosexual: hasta la igualdad y nada más.

Aclaraciones al comentario de ayer sobre el matrimonio homosexual:

  1. Según me informan varios lectores, el tal Enrique Rojas no es profesor titular de ninguna cátedra. Rebuscando en la web he encontrado que se le asocia a la Universidad Complutense pero no aparece en el directorio de esta universidad. También se le menciona como director del Instituto de Investigaciones Psiquiátricas pero en la estructura de este instituto tampoco consta su nombre. Sin embargo, SÍ existe una empresa particular llamada “Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas S.A.” cuyo domicilio es Serrano, 100 (Madrid) y donde, al parecer, ejerce su profesión. También es posible que hubiera obtenido la cátedra hace algunos años y que posteriormente pasara al sector privado. De todas formas, el error habría sido el de reproducir el cometido por ABC pues este periódico lo presenta como catedrático en el artículo de opinión.
  2. Bajo el citado artículo subyace un concepto sobre la homosexualidad que no comparto en absoluto (ver más arriba las críticas que J.L. ha enviado al respecto). Ni considero a la homosexualidad una enfermedad ni a los homosexuales enfermos capaces de propiciar daños psicológicos a sus hijos. En fin… que no podía haber elegido peor ejemplo para expresar mi opinión que el del tal Rojas.
  3. Realidades sociales distintas: por su propia naturaleza, la unión heterosexual difiere de la homosexual. Esto es una realidad innegable que en modo alguno lleva implícita -ni explícitamente- la discriminación de una de ellas. Otra cosa es que los cavernícolas de turno -es decir toda la derecha europea y la Iglesia Católica- partan de esta premisa para rechazar a renglón seguido cualquier tipo de legislación sobre las uniones homosexuales. Repito lo escrito ayer: ni mejores ni peores; sólo distintas.
  4. Cautelas a la posibilidad de adopción por parte de las parejas homosexuales: aunque los actuales estudios no detectan diferencias estadísticamente significativas en función del tipo de pareja, es preciso mencionar que las muestras no son lo significativas que muchos quisiéramos. Es prematuro por tanto asegurar su validez externa (poder generalizar a partir de los resultados obtenidos) y predictiva (ausencia de estudios longitudinales). Existe, por ejemplo, la posibilidad que dentro de veinte años un estudio con los mismos sujetos diera resultados completamente distintos; podríamos encontrarnos, por poner un ejemplo, un conflicto o ambigüedad de rol sexual en adultos criados en ambientes homosexuales estadísticamente significativo respecto a los criados en ambientes heterosexuales. No es una afirmación sino una posibilidad y no estoy diciendo que la orientación sexual de los niños criados en el seno de familias homosexuales conduzcan irremediablemente a una u otra opción sexual. Estoy diciendo que, tal vez (repito: tal vez), pudieran presentarse los mencionados problemas. Por supuesto tal conflicto o ambigüedad no tienen por que alcanzar el grado de patología; ni muchísimo menos. Como ven yo mismo ofrezco el contra argumento. A pesar de todo, mantengo la cautela en cuanto a la validez externa y predictiva de los actuales estudios. Por todo ello, de todas las legislaciones que conozco, la que más se aproxima a mi punto de vista es la danesa que ha adoptado como figura legal la “Unión Civil” en lugar del “matrimonio”, quedando fuera la posibilidad de adoptar aunque se reconoce a las uniones homosexuales el derecho de reconocimiento (un miembro de la pareja puede adoptar legalmente al hijo del otro miembro). Admito que esta posición es algo conservadora pero aún con eso, estaría más a la izquierda que los Partidos Social Demócratas de Finlandia, Noruega, Dinamarca y Alemania. Todos ellos han promovido también la “Unión Civil” pero sin posibilidad alguna de adopción. La única excepción es Suecia y, por supuesto, Bélgica y Holanda donde optaron por el “matrimonio homosexual”. Peor es todavía la situación en países como Portugal, Francia y Hungría donde la izquierda se ha limitado a regular la homosexualidad de forma mucho más restrictiva al limitarse a promover “Leyes de parejas de hecho”. Y no digamos nada de los Estados donde ni siquiera hay leyes que regulen estas cuestiones: Italia, Irlanda, Grecia, Austria, Luxemburgo y la gran mayoría de los países recién admitidos

(*) En 2005 aún no utilizaba un CMS y la bitácora se construía con html.

Tras un año de sequía legislativa, el gobierno socialista culmina su primer año con la aprobación de varias iniciativas de tipo social entre las que se encuentra el ‘matrimonio homosexual’ y el ‘divorcio exprés’. En relación con la primera, Zapatero se ha empeñado en equipar matrimonio a lucha contra la discriminación y a reconocimiento de las uniones afectivas homosexuales pero ni siquiera toda la izquierda europea está de acuerdo sobre el modo de alcanzar esta igualdad. Desde Francia, un amable lector me hace saber que Lionel Jospin, socialista y ex presidente francés declaraba ayer mismo en Le Parisien lo siguiente: On peut réprover et combattre l’homophobie tout en n’étant pas favorable au mariage homosexuel… C’est mon cas (Se puede condenar y combatir la homofobia sin estar en nada de acuerdo con el matrimonio homosexual… Es mi caso). Francia se encuadra, junto a Portugal, Hungría y algunas Comunidades Autónomas españolas, en el grupo de países donde la vía elegida ha sido la de “parejas de hecho” mientras que, en la gran mayoría de países europeos, se ha optado por las “Uniones civiles homosexuales” (Dinamarca, Noruega, Suecia, Alemania, Finlandia y Reino Unido). Tan sólo en dos países -Holanda y Bélgica- se ha preferido el “Matrimonio civil homosexual” y ahora España se une a ellos.

Personalmente me inclino por las “Uniones civiles homosexuales” aunque suele argumentarse en su contra que con este tipo de leyes no se consigue una equiparación total entre aquéllas y los matrimonios. Este es el quid de la cuestión porque algunos creemos que en algunos ámbitos, y en concreto en el terreno de la adopción, dicha equiparación no resulta conveniente (*). Ahora bien, tampoco puede negarse en absoluto dicha posibilidad ya que se pueden plantear casos concretos donde el bien del menor aconseje la adopción por parte de una pareja homosexual. Todo ello me lleva a preferir una regulación de las uniones homosexuales distinta a la del matrimonio heterosexual por cuanto ambas representan realidades sociales muy distintas (ni peores ni mejores; tan sólo distintas). El CIS ofrece alguna que otra pista en este sentido: según este instituto, un 68% de los españoles dicen estar de acuerdo con el matrimonio entre homosexuales pero, al mismo tiempo, un 71% se opone a la adopción de niños por las parejas homosexuales. Curiosa paradoja que debe interpretarse en el sentido de que la mayoría de los españoles rechaza la plena equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio (heterosexual).

Más información en Familia y Matrimonio homosexual (artículos de opinión y documentos)

(*) He retirado la referencia al artículo de Enrique Rojas por motivos que mañana explicaré aunque doy pistas: tal y como dos amables lectores me han hecho ver, subyace en tal artículo un concepto de la homosexualidad que no comparto en absoluto.