Multiculturalismo

El incidente multicultural en el colegio de La Línea arrasa en todos los periódicos, pero cabe la duda de si se trata de un caso aislado o realmente los musulmanes no terminan de integrarse. En todo caso, no debemos esperar cambios importantes en la mentalidad de inmigrantes de primera generación que han llegado a España en edad adulta. Distinto es el caso de las siguientes  a las que la escuela y la convivencia diaria deberían facilitarles esa integración. Para ello basta una enseñanza laica y una educación basada en los principios democráticos que rigen en este país, aunque siempre encontraremos excepciones (que confirman la regla).

Me quedo con la respuesta del profesor al alumno:

“Entonces le dije, literalmente: Mira, muchacho, en primer lugar, tú no eres quién para decirme a mí de lo que puedo o no puedo hablar en clase. En segundo lugar, lo que tú comas, o coma este otro, a mí no me importa nada. En tercer lugar, la religión que tú profeses, profese éste o aquel otro, todavía me importa menos. En cuarto lugar, aquí sois 30 alumnos, y tú te debes adecuar a los 29 restantes y no los 29 restantes a ti. Y en quinto lugar, si no estás de acuerdo con las enseñanzas y conocimientos que se imparten en este centro siempre tienes la posibilidad de elegir y marcharte a otro centro”.

Fuente: Diario de Cádiz (Formato PDF).

Diversidad, sinónimo de culturaUn largo periplo desde China hasta el Irán, guiados por la brújula de la caligrafía; un nostálgico recorrido por París, tras los pasos de un fotógrafo japonés; una correría por Turquía al son de la música bretona…

Este mes, El Correo de la UNESCO dedica sus páginas a la diversidad cultural.

Los conflictos entre la Europa laica y el Islam a cuenta de tradiciones, símbolos y prácticas culturales no cesan. El pasado viernes se conoció, por ejemplo, que el gobierno holandés había dado el visto bueno a un proyecto de ley que prohíbe llevar velos que cubran la cara en los lugares públicos y semipúblicos (escuelas, ministerios, tribunales o trenes). La medida, en la misma dirección que la aprobada en Francia, se justifica por «razones de seguridad, orden público y protección de los ciudadanos», según informa El Mundo.

Tales razones no son nuevas; en España ya se produjo una situación parecida en 1776 cuando Carlos III prohibió el uso del manteo (capa larga), el sombrero y el embozo alegando razones de seguridad ya que, vestido de esta guisa, era fácil ocultar el rostro y esconder armas, y facilitaba las fechorías. También los símbolos han ocasionado tensiones, la más reciente en Francia, donde acabó en una salomónica decisión al prohibir la exhibición de cualquier signo religioso «ostentoso» en las escuelas. Incluso en América Latina se dieron casos en el pasado. Recordemos, por ejemplo, el debate suscitado en Uruguay allá por 1906 cuando el gobierno propuso suprimir los crucifijos de los hospitales públicos. En cualquier caso, las disposiciones legales varían según los países (PDF) y no existe una norma común.

En el último siglo, las distintas confesionalidades fueron perdiendo terreno en Europa mientras que el Estado reforzaba su carácter laico. Sin embargo, la masiva afluencia de musulmanes provenientes de países donde la religión abarca tanto el orden político como el social, ha provocado la reedición del viejo debate en el que los crucifijos han sido sustituidos por el velo. Un velo, por cierto, de reciente aparición entre las mujeres musulmanas y cuya extensión se debe a la cada vez más poderosa influencia del pensamiento radical wahhabí que, a su vez, penetra en Occidente gracias a los petrodolares saudís. En realidad, el Corán no establece expresamente tal comportamiento: “Di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos sino a sus esposos…”. (Azora XXIV, La luz, aleya 31). Sin embargo, las corrientes más radicales prácticamente lo sitúan al mismo nivel que la oración, el ayuno, la caridad o el peregrinaje.

La punta del iceberg

Podríamos, sin duda, adoptar el punto de vista del liberalismo clásico y respetar el derecho individual a vestirse como uno quiera y, por tanto, considerar cualquier prohibición como una injerencia inadmisible. Sin embargo, el velo va más allá de una simple moda. Se trata, en primer lugar, de un símbolo político y religioso detrás del que, en los casos más extremos como el chador y el burka, no se esconden espadas y pistolas como en tiempos de Carlos III sino algo mucho más grave como es el sometimiento de la mujer al hombre, su inferioridad social y su condición de ser impuro y pecaminoso.

En segundo lugar, el velo es la punta del iceberg; debajo se ocultan las verdaderas intenciones de los integristas, a saber, la conquista para sus prácticas culturales y religiosas de una parte del espacio público ajena, cuando no contraria, a la libertad y a la igualdad. Por ello, la intervención del Estado es necesaria y está plenamente justificada la prohibición del velo islámico que cubre toda la cara en cualquier organismo público, incluyendo las escuelas, en nombre de la libertad y la igualdad.

Colaboración: A. Espinosa.

La historia del hombre es un continuo movimiento migratorio de grupos humanos. La evolución del género humano se basa, fundamentalmente, en la competencia entre grupos por los recursos naturales y el territorio. La etología (estudio del comportamiento) nos enseña que componentes de competitividad y territorialidad han estado presentes en el comportamiento de las colectividades humanas hasta nuestros días.

Lo que hemos cambiado es la forma de resolver los conflictos derivados de nuestra condición biológica. La sustitución de la guerra entre grupos (todavía hoy demasiado presente) por su acomodación mutua en reglas morales y políticas pactadas, constituye un rasgo de civilización y de progreso social.

Las sociedades europeas, ante la llegada masiva de personas de otras latitudes, han ensayado: 1) la asimilación y 2) el multiculturalismo radical como modelos de integración. Estos han funcionado parcialmente, pero también han generado muchos problemas, a tenor del auge de guetos y de las grandes diferencias laborales, económicas y educativas. Seguir leyendo …

A raíz de la llegada masiva de inmigrantes a Canarias, el debate en la calle ha vuelto a generar los mismos tópicos y, por lo que he podido constatar, la tríada está formada por pensiones (“gracias a los inmigrantes el sistema de pensiones se podrá mantener”), ocupación de puestos de trabajo (“nos roban el trabajo”) y seguridad ciudadana (“inmigración igual a delicuencia”).

He buscado en la Red informes o estudios para comprobar hasta qué punto dichos tópicos se aproximan a la realidad y he seleccionado los siguientes:

  • El efecto de la inmigración en las oportunidades de empleo de los trabajadores nacionales: Evidencia para España. Autores: José Ignacio Conde Ruiz, Juan Francisco Jimeno Serrano y Guadalupe Valera Blanes. Editor: Fundación BBVA Fecha: Febrero 2006.
    Resumen: El objetivo de este estudio es ofrecer una panorámica de la literatura académica disponible relativa a los efectos de la inmigración sobre la sostenibilidad de los sistemas de pensiones de reparto y prestación definida. Se argumenta que el aumento (selectivo) de la población ayuda en el medio plazo al equilibrio financiero del sistema. Sin embargo, a más largo plazo, en la medida en que los inmigrantes adopten las pautas demográficas de los nativos, la situación revertirá a su estado inicial. Es decir, la entrada de inmigrantes en edad de trabajar afecta a la sostenibilidad financiera del sistema de pensiones en el corto y medio plazo, pues retarda la explosión de la tasa de dependencia; no obstante, al generar derechos a pensiones futuras, traslada el problema financiero a la siguiente generación.
  • Inmigración y pensiones ¿Qué sabemos? Autores: Raquel Carrasco Perea, Juan Francisco Jimeno Serrano y Ana Carolina Ortega Masagué. Editor: Fundación BBVA Fecha: Febrero 2006.
    Resumen: España es uno de los países europeos donde los flujos de inmigrantes han aumentado de forma más notable durante la última década. Las instituciones del mercado de trabajo y la política inmigratoria española presentan algunas particularidades que podrían ser relevantes a la hora de analizar el impacto de la inmigración. Este estudio proporciona una primera aproximación de los efectos de la inmigración sobre el mercado de trabajo en España durante la segunda mitad de los años noventa. Se utilizan diferentes bases de datos para estimar el impacto de los flujos de inmigrantes legales y totales sobre las tasas de empleo de los trabajadores nacionales. Tras utilizar diferentes procedimientos de estimación, se encuentran resultados según los cuales, en general, no hay un efecto significativo de la inmigración sobre las tasas de empleo de los trabajadores nacionales. La elasticidad estimada correspondiente se encuentra en torno a –0,17, cuando consideramos únicamente a los inmigrantes legales, y no es significativa cuando consideramos tanto a los inmigrantes legales como a los irregulares.
  • Inmigración y delincuencia. Autor: Juan Avilés. Editor: Real Instituto Elcano. Fecha: Febrero 2003.
    Resumen: La percepción de que un creciente porcentaje de los delitos perpetrados en España es obra de delincuentes extranjeros resulta confirmada por los datos policiales, judiciales y penitenciarios disponibles. La tasa de delincuencia de los residentes extranjeros es mayor que la de los autóctonos, tanto en España como en otros países europeos. Los extranjeros representan el 4 o el 5 % de la población española, pero casi el 9 % de los condenados y el 27 % de los detenidos por delito en 2001. Los factores que inciden en estas elevadas tasas son de muy diverso tipo, desde la estructura por sexo y por edad de la población inmigrante hasta el auge de la delincuencia organizada transnacional. Las teorías criminológicas de la privación relativa y el control social ayudan a comprender el problema.
    NOTA: He consultado las bases de datos del INE y para el año 2004, último dato disponible, y el 17% de los condenados (Penal Común. Audiencias Provinc., Juzgados de lo Penal y de Instrucción) son extranjeros.

Por supuesto, no se agotan aquí los estudios disponibles. Si algún lector dispone de información al respecto, no dude en indicarlo en los comentarios.

En todo el mundo millones de personas están en movimiento. Realizan trabajos que van desde labores manuales, como recoger la cosecha, hasta programación informática muy cualificada. La cifra de trabajadores migrantes sumada a la de sus familiares puede igualarse a la población del quinto país con mayor densidad demográfica del planeta. Y, de acuerdo con la OIT, es probable que su número aumente. Hoy en el 14vo Forum Económico de OSCE en Praga fue presentado el Manual preparado por OSCE-OIM-OIT cuyo objetivo es mejorar la gerencia de los flujos de migración laboral en los países de origen y de destino (Leer entrevista a Ibrahim Awad, Director del Programa de Migración Internacional de la OIT).

Portada de El JuevesPara quienes crean que la “guerra de las caricaturas” forma parte de una conspiración judeo-masónica o que simplemente se trata de una guerra cultural o religiosa, tal vez debieran leer el artículo publicado hoy en el New York Times —At Mecca Meeting, Cartoon Outrage Crystallized (PDF)—. En él, sus autores desmenuzan los acontecimientos desde la publicación de las caricaturas por el diario danés Jyllands-Posten hasta los graves incidentes de los últimos días. Se describen, por ejemplo, las andanzas de una delegación de musulmanes daneses por Oriente Próximo, llevando consigo caricaturas ofensivas que no habían sido reproducidas en Jyllands-Posten —una manipulación que también fue denunciada por dicho periódico— y propagando el rumor de una supuesta iniciativa del gobierno danés para prohibir el Corán. En el artículo aparece también un elemento hasta ahora desconocido como es la supuesta orquestación de una campaña anti-occidente aprovechando la publicación de las mencionadas caricaturas, a cuyo frente se situarían Irán y Siria secundados por Arabia Saudí, y que se habría gestado en diciembre pasado con ocasión de la cumbre de la Organización de la Conferencia Islámica. En la declaración final se hace mención expresa de esta problemática que es interpretada como una campaña contra los musulmanes en Dinamarca y en todo el mundo.

Volviendo a Europa, la magistral portada de El Jueves revela, en un solo golpe visual, la víctima de esta “batalla”: la Libertad de Expresión. No basta que ésta esté tutelada por el sistema jurídico; también es necesario que no haya temor. ¿Quién se atreverá ahora a criticar al Islam? ¿Y al Dios cristiano? ¿Prohibiremos el carnaval de Cádiz si las chirigotas ofenden a los católicos? ¿Pediremos a Canal+ que elimine de las Noticias del Guiñol los guiñoles del Papa Benedicto XVI y del Obispo de Bilbao? Según nuestro presidente, Rodríguez Zapatero, sí ya que las manifestaciones que puedan ofender a los creyentes deben ser rechazadas «desde un punto de vista moral y político». Pues nada, instauremos de nuevo la censura previa y todos tan contentos.

Actualización. El País se hace eco de la noticia: Los países islámicos coordinaron su repulsa a las viñetas de Mahoma en un encuentro en diciembre (PDF)

Islam y LibertadesLa semana pasada Arabia Saudí, Kuwait y Libia retiran sus embajadores en Copenhague, la Organización de la Conferencia Islámica muestra su disconformidad y media docena más de países se suman a la condena… ¿Por qué? ¡Por unas viñetas!

Todo comenzó en septiembre del año pasado cuando el diario Jyllands-Posten publicó unas viñetas que fueron consideradas inaceptables por el mundo islámico. La negativa del gobierno danés a pedir disculpas y la difusión por Oriente Próximo de unos dibujos ofensivos contra el Islam atribuidos al mencionado periódico, han enrarecido aún más el ambiente.

El suceso no tendría la mayor importancia si no fuera por lo que subyace, a saber, la incapacidad del Islam para aceptar el mundo moderno sin renunciar a su propia identidad. Rechazar la razón para analizar la realidad y sustituir aquélla por el Corán y la sharia los convierte en prisioneros de su castillo ideológico, donde religión, sociedad y política se superponen formando una muralla infranqueable a conceptos ‘occidentales’ como la ‘democracia liberal’ o la ‘libertad de expresión’.

ACTUALIZACIÓN: Caricaturas: no cesa la polémica (02/02/06). Y en algunos países europeos las imposiciones religiosas desde el Estado recuerdan tiempos pasados: Polémica por crucifijo en Italia.

Como ya sabrán ustedes, tras el trágico accidente de dos jóvenes franceses de origen magebrí hace diez días, se inició una violenta revuelta en la barrios periféricos de París que se ha extendido a otras ciudades francesas. A pesar del esfuerzo realizado en los últimos años para evitar la marginación y la discriminación laboral de los inmigrantes, Francia se encuentra ahora mismo sumida en una grave crisis de consecuencias imprevisibles. En breve, tal vez la policía consiga restaurar el orden pero el problema permanecerá soterrado y esperando una nueva oportunidad para estallar si no se consigue la plena incorporación de los inmigrantes a la sociedad francesa.

Para comprender mejor la política de nuestro vecino país e intentar aprender de sus errores y aciertos —tarde o temprano, en España deberemos lidiar con idénticos problemas— he seleccionado un texto de Christophe Bertossi —La ciudadanía francesa: debates, límites y perspectivas, Revista de Occidente, septiembre de 2003— del que ofrezco aquí mismo la introducción:

“A partir de los años noventa, el debate sobre la ciudadanía cambia en Europa de perspectiva. De un problema vinculado a la inmigración y a las políticas de integración de los migrantes en los países de acogida, el debate se orienta a un nuevo desafío: ¿cómo hacer de la ciudadanía un programa concreto de igualdad de acceso a los derechos civiles, políticos y sociales, haciendo nuestra la tríada de T. H. Marshall? Lo que importa no es ya saber si es necesario o no incorporar a los recién llegados a las ciudadanías de acogida. De lo que se trata es de garantizar un contrato social que sitúe la igualdad socio-pública y el respeto de la diversidad cultural y religiosa entre los arcanos de la democracia liberal.

Este paso de una ciudadanía formal, reducida a su dimensión de regalía, a una ciudadanía sustancial que se replantea los fundamentos de la cohesión social de las sociedades de inmigración, se alimenta de los debates sobre el Estado-nación moderno en un contexto globalizado, de los límites de la democracia nacional, y de la apuesta por la igualdad y la diversidad. Estos debates y las perspectivas que abren tienen como telón de fondo un doble contexto. En primer lugar, la transformación de la inmigración en sedentarización definitiva, que hace surgir la urgente necesidad de pensar el plural de otro modo. En segundo lugar, la construcción europea, desafío inédito planteado a los postulados que hacen del Estado-nación el modelo perfecto de la democracia moderna.

Esta evolución ha afectado profundamente al «modelo» francés de ciudadanía. En menos de un decenio, en Francia se ha pasado de una ciudadanía de la integración, fórmula modernizada de la asimilación, a la lucha contra las discriminaciones. Promocionada a mediados de los años ochenta, la integración ha sido en realidad un medio de controlar las fronteras de la ciudadanía, al mismo tiempo frente a las corrientes migratorias y frente a la aparición en la plaza pública de «nuevas» identidades culturales y religiosas. A la inversa, la lucha contra las discriminaciones surge de una nueva metodología de la acción pública y de una doctrina alternativa de la igualdad que emerge a finales de los años noventa.

Reconociendo que la «diferencia» no encaja fácilmente dentro de las categorías clásicas de la igualdad republicana, la nueva orientación de las políticas de la ciudadanía en Francia ha empujado a «reconocer» la diversidad cultural y religiosa. Y, al hacerlo, es también la república lo que se intenta cambiar. ¿Cómo se ha producido esa transformación? ¿Cuáles han sido sus agentes y sus dinámicas? Y, lo que sin duda es aún más importante, ¿cuáles son sus resultados?” .

Texto completo (formato PDF).

Si el 11-S abrió el debate multicultural y propició cambios en la forma con que los inmigrantes eran percibidos en las democracias occidentales, ahora, tras los atentados en Madrid y Londres, son las políticas de integración multicultural las que han pasado al primer plano informativo. La homogeneidad cultural en Europa Occidental ha dado paso a sociedades heterogéneas donde coexisten diferentes tradiciones culturales provenientes de Asia, África, América Latina y otras partes de Europa. Pero antes de lanzarnos al debate convendría airear la confusión reinante en la que parecen nadar los «expertos», en especial los defensores del relativismo cultural y los etnocentristas.
El relativismo cultural es un principio que afirma que todos los sistemas culturales son intrínsecamente iguales en valor y que los rasgos característicos de cada uno tienen que ser evaluados y explicados dentro del contexto del sistema en el que aparecen. Así, ante cualquier análisis cultural adoptan una perspectiva emic con el fin de explicar y justificar los elementos conductuales. El siguiente ejemplo (Harris, 1998:133) demuestra la importancia entre el conocimiento de tipo emic y el de su opuesto, el tipo etic: “En el distrito de Trivandrum del estado de Kerala, en la India meridional, los agricultores insistían en que nunca acortarían deliberadamente la vida de uno de sus animales, que nunca lo matarían ni lo dejarían morir de hambre afirmando así la prohibición hindú contra el sacrificio del ganado. Sin embargo, entre los agricultores de Kerala la tasa de mortalidad de los terneros es casi el doble que la de las crías que son hembras. De hecho, el número de hembras de 0-1 años supera al de los machos del mismo grupo de edad en una proporción de 100 a 67. Los mismos agricultores son plenamente conscientes de que los segundos tienen más probabilidades de morir que las primeras, pero atribuyen la diferencia a la relativa «debilidad» de los machos. «Los machos -suelen decir- enferman más a menudo.» Cuando se les preguntó cómo explicaban esta propensión, algunos sugirieron que los machos comían menos que las hembras. Finalmente, varios de ellos admitieron que los terneros comían menos porque sólo se les permitía permanecer unos pocos segundos junto a las ubres de las madres. A nadie se le ocurrió afirmar que, dada la escasa demanda de animales de tiro en Kerala, se decide sacrificar a los machos y criar a las hembras. La perspectiva emic de la situación es que nadie, consciente o voluntariamente, acortaría la vida de un ternero. Una y mil veces los agricultores aseguraban que todas las crías, independientemente de su sexo, tenían «derecho a la vida». Pero la dimensión etic de la situación es que la proporción de sexos del ganado se ajusta de un modo sistemático a las necesidades de la ecología y la economía locales mediante un «bovicidio» preferencial de los machos. Aunque no se sacrifican los terneros indeseados más o menos a la mayoría se los deja morir de hambre.” Como aquí se muestra, la utilización exclusiva de uno u otro enfoque produce resultados parciales. Tan solo su combinación permite aprehender la realidad en su conjunto.
En el otro extremo se encuentra el etnocentrismo o creencia que nuestras propias pautas culturales son siempre naturales, buenas, hermosas o importantes, y que los extraños, por el hecho de actuar de manera diferente, viven según patrones salvajes, inhumanos, repugnantes o irracionales. (Harris, 1998:125). El corolario es una evidente intolerancia hacia las diferencias culturales.
El debate sobre el multiculturalismo debe renunciar a estos dos extremos y caminar hacia el modo de compartir los valores y las instituciones democráticas. Si han servido para dar respuesta a múltiples intereses e ideologías, bien podrían servir para integrar culturas e identidades diversas. Eso sí, manteniendo como premisa irrenunciable que el respeto a otras «culturas» acaba justo donde comienza la ley y los derechos individuales.
[HARRIS, M.: Introducción a la antropología general, 1989]