Navidad

Bartolomé Esteban Murillo: Adoración de los pastores. Hacia 1650. Óleo sobre lienzo, 187 x 228 cm
Bartolomé Esteban Murillo: Adoración de los pastores. Hacia 1650. Óleo sobre lienzo, 187 x 228 cm

El Nacimiento de Jesús, uno de los principales acontecimientos del Año Litúrgico Cristiano, es un tema que ha interesado a los artistas de todos los tiempos, independientemente del marco geográfico y cronológico en el que desarrollaron su actividad.

Por ese motivo, el Museo del Prado les ofrece una selección de obras destacadas de su colección que reflejan los episodios más destacados del Ciclo de la Navidad: la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento de Cristo, la Adoración de los pastores, la Adoración de los Magos, la Presentación en el Templo y la Huida a Egipto.

Las obras escogidas, cuya cronología va desde la primera mitad del siglo XV hasta finales del siglo XVIII, ilustran perfectamente las principales escuelas representadas en el Museo: española, italiana, flamenca y, en menor medida, alemana.

A través de esta selección de escenas navideñas, podrá contemplar algunas de las más extraordinarias obras de arte que atesora el Prado y al mismo tiempo apreciar el interés puesto por los artistas para ilustrar el mensaje que la Iglesia trata de hacer llegar a sus fieles sobre la importancia del Nacimiento del Hijo de Dios para la salvación de la humanidad, reflejo de la religiosidad y espiritualidad imperante en el momento en que dichas obras de arte fueron pintadas.

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El año pasado por estas fechas escribía una breve salutación a las Navidades y, casi sin darme cuenta, ha transcurrido un año. Casi nada ha cambiado en este mundo insondable donde la felicidad pende de un hilo invisible. Tal es así, que nunca sabemos cuando el destino, el maligno o ambos lo cortarán. Por ello vuelvo a lanzar el mismo mensaje, porque todo sigue igual, si no peor:

A pesar del consumismo, los adornos por doquier y las luces cegadoras que invaden nuestros pueblos y ciudades, el espíritu navideño aun se cuela entre las rendijas del corazón. Son días propicios para compartir deseos y anhelos con nuestros abuelos, padres, hermanos y amigos pero, sobre todo, con los “Juan sin tierra” y con todos los que, excluidos de este mundo «civilizado», no brindarán con copas de cristal ni se llevaran nada a la boca en la última singladura de este año. Hipócritas nos llaman a quienes aprovechamos estas fechas para lanzar un mensaje de solidaridad y amor, como si pasadas aquéllas ya no fuera útil tal deseo. Pues miren ustedes; no. En la vertiginosa carrera del vivir diario, detener, aunque sólo sea un momento, el ritmo frenético de miles de corazones y aunar voluntades con el objetivo de construir un mundo mejor resulta mágico y maravilloso. ¡No permitamos que nos roben nuestros sueños e ilusiones! ¡Feliz Navidad!

Un abrazo muy fuerte a todos los que leen esta bitácora y, en especial, a todos aquellos que participan activamente y le dan vida con sus comentarios y opiniones.

A pesar del consumismo, los adornos por doquier y las luces cegadoras que invaden nuestros pueblos y ciudades, el espíritu navideño aun se cuela entre las rendijas del corazón. Son días propicios para compartir deseos y anhelos con nuestros abuelos, padres, hermanos y amigos pero, sobre todo, con los «Juan sin tierra» y con todos los que, excluidos de este mundo «civilizado», no brindarán con copas de cristal ni se llevaran nada a la boca en la última singladura de este año. Hipócritas nos llaman a quienes aprovechamos estas fechas para lanzar un mensaje de solidaridad y amor, como si pasadas aquéllas ya no fuera útil tal deseo. Pues miren ustedes; no. En la vertiginosa carrera del vivir diario, detener, aunque sólo sea un momento, el ritmo frenético de miles de corazones y aunar voluntades con el objetivo de construir un mundo mejor resulta mágico y maravilloso. ¡No permitamos que nos roben nuestros sueños e ilusiones! ¡Feliz Navidad!