Navidad

El año pasado por estas fechas escribía una breve salutación a las Navidades y, casi sin darme cuenta, ha transcurrido un año. Casi nada ha cambiado en este mundo insondable donde la felicidad pende de un hilo invisible. Tal es así, que nunca sabemos cuando el destino, el maligno o ambos lo cortarán. Por ello vuelvo a lanzar el mismo mensaje, porque todo sigue igual, si no peor:

A pesar del consumismo, los adornos por doquier y las luces cegadoras que invaden nuestros pueblos y ciudades, el espíritu navideño aun se cuela entre las rendijas del corazón. Son días propicios para compartir deseos y anhelos con nuestros abuelos, padres, hermanos y amigos pero, sobre todo, con los “Juan sin tierra” y con todos los que, excluidos de este mundo «civilizado», no brindarán con copas de cristal ni se llevaran nada a la boca en la última singladura de este año. Hipócritas nos llaman a quienes aprovechamos estas fechas para lanzar un mensaje de solidaridad y amor, como si pasadas aquéllas ya no fuera útil tal deseo. Pues miren ustedes; no. En la vertiginosa carrera del vivir diario, detener, aunque sólo sea un momento, el ritmo frenético de miles de corazones y aunar voluntades con el objetivo de construir un mundo mejor resulta mágico y maravilloso. ¡No permitamos que nos roben nuestros sueños e ilusiones! ¡Feliz Navidad!

Un abrazo muy fuerte a todos los que leen esta bitácora y, en especial, a todos aquellos que participan activamente y le dan vida con sus comentarios y opiniones.

A pesar del consumismo, los adornos por doquier y las luces cegadoras que invaden nuestros pueblos y ciudades, el espíritu navideño aun se cuela entre las rendijas del corazón. Son días propicios para compartir deseos y anhelos con nuestros abuelos, padres, hermanos y amigos pero, sobre todo, con los “Juan sin tierra” y con todos los que, excluidos de este mundo «civilizado», no brindarán con copas de cristal ni se llevaran nada a la boca en la última singladura de este año. Hipócritas nos llaman a quienes aprovechamos estas fechas para lanzar un mensaje de solidaridad y amor, como si pasadas aquéllas ya no fuera útil tal deseo. Pues miren ustedes; no. En la vertiginosa carrera del vivir diario, detener, aunque sólo sea un momento, el ritmo frenético de miles de corazones y aunar voluntades con el objetivo de construir un mundo mejor resulta mágico y maravilloso. ¡No permitamos que nos roben nuestros sueños e ilusiones! ¡Feliz Navidad!