Partidos políticos

No hay día en el que los periódicos no informen de casos de corrupción cometidos por políticos. En algunas CCAA,s como Baleares, Valencia o Andalucía, la sensación de que se trata de un comportamiento generalizado, del que no se libra ningún partido político, provoca un distanciamiento, cada vez mayor, entre los ciudadanos y la clase política. Son capaces, incluso, de falsear su currículum.

Elena Valenciano. La mentira como bandera¿Recuerdan, por ejemplo, el caso de Joana Ortega? El error fue atribuido a un “fallo de transcripción” pero, como dice el refranero popular, se coge antes un mentiroso que a un cojo. El involuntario error aparecía no solo en las páginas de la Generalitat sino también en su propio blog personal. Vean al respecto la información publicada en ara.cat.

Hoy he encontrado otro caso semejante: Elena Valenciano, la nueva vicesecretaria general del PSOE, también falsea su currículum. Según publica El Mundo, no completó los estudios de Derecho y Ciencias Políticas pero en Europa no se han debido enterar. Tanto en el portal del Parlamento Europeo como en el sitio de la delegación socialista aparece lo siguiente:

Elena Valenciano. La mentira como bandera
Parlamento Europeo
Elena Valenciano. La mentira como bandera
Delegación socialista

Actualización 13/02/12. El País publica hoy otro caso: El falso título de médico del secretario de Estado de Seguridad Social. Eso sí, de Valenciano ni una palabra salvo para alabarla. Curiosa forma de entender el periodismo.

La Dirección General de Participación Ciudadana del Gobierno de Aragón, la Fundación “María Domínguez” y la Universidad de Zaragoza, en colaboración con la Fundación Manuel Giménez Abad, dentro de su programa de actividades para el 2011, han organizado las Jornadas sobre: “Nuevas fórmulas e instrumentos de participación “.

Fechas: 24 (tarde) y 25 de febrero de 2001 (mañana y tarde).
Lugar de celebración: Aula Magna de la Facultad de Derecho, Universidad de Zaragoza.
Inscripciones: pcortes@unizar.es
Reconocimiento de 1,5 CRÉDITOS de libre elección por la Universidad de Zaragoza.

Programa: (más…)

Si no fuera porque la cacería a la que acudieron el ministro de Justicia y el juez Garzón podría dificultar e incluso anular la investigación sobre la corrupción en la comunidades de Valencia y Madrid —ambas gobernadas por el PP—, la situación provocaría grandes risas. Berlanga retrató con gran maestría y humor los trapicheos de la clase política en época de Franco. Las viejas costumbres parecen perpetuarse incluso con el cambio de régimen y los españoles asistimos incrédulos a la nueva versión de tan crítica y divertida película.

Lo último: el ministro Bermejo cazó sin licencia en tierras andaluzas. “Se me ha pasado. Así de simple”, afirmó con toda tranquilidad el susudicho [Fuente: El Mundo]. Por si les interesa, les diré que dicho acto, según el artículo 77.7 de la Ley 8/2003, de 28 de octubre, de la flora y la fauna silvestres, está considerado como una infracción grave y castigada con multa de 601 a 4.000 euros (Art. 82.2).

La nueva Ley de Partidos sustituye a la preconstitucional Ley 54/1978 y se conforma como la herramienta legislativa para «garantizar el funcionamiento del sistema democrático y las libertades esenciales de los ciudadanos, impidiendo que un partido político pueda, de forma reiterada y grave, atentar contra ese régimen democrático de libertades, justificar el racismo y la xenofobia o apoyar políticamente la violencia y las actividades de bandas terroristas». Cuando en el artículo 9 se listan los motivos concretos para la ilegalización, la vista del legislador apunta directamente a Batasuna y esta relación la estigmatizó aun antes de su alumbramiento. Lo cual no significa necesariamente que viole ética alguna o discurra por caminos antidemocráticos. Más bien al contrario, pues una lectura atenta del mencionado artículo no puede sino reafirmar algo que, al parecer, se olvida a menudo: en ningún caso puede ilegalizarse una formación política por motivos ideológicos (ver los motivos de ilegalización). Esta percepción resulta crucial en el debate actual ya que, con la ley en la mano, no podría ilegalizarse un partido por el mero hecho de defender objetivos políticos anticonstitucionales. Así, un partido que defendiera la soberanía de un territorio o, por el contrario, que considerara mejor un Estado centralizado  o simplemente abogara por la pena de muerte, se encontraría defendiendo ideas ajenas a la Constitución pero, no por ello, podría ser apartado del juego democrático. No al menos por sus ideas, salvo lógicamente que intentara imponerlas a la sociedad por medios violentos como el asesinato, la extorsión o la coacción.

Por último, no debemos olvidar las garantías procesales que acompañan a la Ley pues el poder legislativo sólo puede proponer, quedando la resolución en manos del sistema judicial, en concreto en una Sala especial del Tribunal Supremo. Queda por ver si la objeción presentada por los nacionalistas catalanes (y manifestada por el PSOE en un momento determinado) en cuanto a que sea el Poder Legislativo el que inste la ilegalización de un partido, no acaba en el Tribunal Constitucional pues, en principio, tiene cierto calado jurídico.

Lógicamente cualquier disposición legislativa es susceptible de controversia, de disenso y ésta en concreto más aún pues los propios firmantes -salvo Manuel Fraga- han mantenido durante veinticinco años la tesis opuesta, es decir, considerar un error la ilegalización de Batasuna. Sin embargo, esta y otras objeciones formales -como la defendida por los nacionalistas catalanes- no pueden ocultar los sólidos argumentos que acompañan a la solicitud de ilegalizar Batasuna. Y ello, sin menoscabo de quienes defienden y entienden hoy que, como ayer, dicha ilegalización es un error político y, por lo tanto, rechazan la Ley de Partidos. Respeto, por tanto, para quienes, desde la legitimidad democrática, discrepan aunque a muchos nos parezca, ayer y hoy, que tal postura sólo favorece a los terroristas.