Prehistoria

El santuario tartésico de Cancho Roano
Recreación de Cancho Roano

El primer santuario tartésico excavado en su totalidad y, sin duda, el mejor conocido hasta la fecha, es el de Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz). Inserto en el valle medio del Guadiana, alejado de las principales vías de comunicación de la época, así como de yacimientos coetáneos levantados en las orillas de este río, constituye un caso excepcional de estudio, tanto por su localización como por su estado de conservación. Se ubica en una vaguada junto a un pequeño arroyo de aguas permanentes inmerso en un bosque de encinas que le permite permanecer camuflado en el paisaje. Durante las excavaciones se documentaron tres edificios, el primero de ellos, de clara inspiración fenicia, aunque ya construido en plena época tartésica, hacia finales del siglo VII o inicios del VI a.C. Su importancia radica en que gracias a su estado de conservación podemos reconstruir los diversos momentos de su existencia, conocer sus diferentes fases constructivas y la técnica mediante la cual fue edificado.

Arquitectónicamente, Cancho Roano es un edificio de planta cuadrangular construido a partir de cimientos de piedra sobre los que se levantan alzados de abobe. Su estructura interna se ordena en torno a un patio enlosado con lajas de pizarra, herencia de llos santuarios del Guadalquivir, en torno al cual se organizan el resto de estancias. La habitación principal de los tres santuarios, H-7, funciona como un adyton y se corresponde con un espacio amplio de similares dimensiones que se respeta en las tres construcciones documentadas, en cuyo centro y en el mismo eje vertical se levantaron sendos altares de adobe. El altar del edificio más antiguo, Cancho Roano ‘C’ es circular y está rematado por un triángulo en cuyo centro se localizó un vaso cerámico donde se verterían los líquidos de los sacrificios, una forma que recuerda al Schen egipcio; el del segundo santuario, o Cancho Roano ‘B’, tiene forma de piel de toro extendida y sobre su plataforma se llevaron a cabo rituales de incineración; por último, el altar del último edificio, o Cancho Roano ‘A’, consistía en un gran pilar cuadrangular de abobe enlucido de blanco cuyo remate superior se ha perdido, pero que seguramente se prolongaría hacia un piso superior también desaparecido. Los tres edificios están orientados al este y disponen de una sola entrada flanqueada por dos torres. El santuario se encuentra rodeado por un foso, al menos en los edificios ‘A’ y ‘B’ que aprovecha la vena de agua para alimentarse, la misma que surte a los dos profundos pozos, uno localizado en el centro del patio interior y otro al exterior, en uno de los extremos del foso. Entre el edificio principal y el foso se construyeron una serie de estancias perimetrales, a modo de «capillas», en las que se documentaron interesantes conjuntos de ofrendas junto a los restos de huesos de animales procedentes de los distintos rituales de sacrificio. Junto al material de las estancias perimetrales, en el interior del edificio principal se documentaron interesantes conjuntos de materiales suntuosos y otros relacionados con el culto, entre los que destaca la gran cantidad de cerámica griega o los objetos de origen itálico que demuestran la capacidad comercial del enclave.

Santuarios de Cancho Roano (según Celestino, 2001)
Santuarios de Cancho Roano (según Celestino, 2001)

Quizá uno de los datos más interesantes aportados por Cancho Roano es el de su destrucción intencionada a partir de un ritual en el que debieron participar las comunidades de su entorno. En la ceremonia se sacrificaron unos sesenta animales, principalmente ovejas, vacas y cerdos, cuyos restos fueron arrojados al foso con la cerámica utilizada para su ingesta; aunque lo que llama poderosamente la atención es el sacrificio de dieciséis équidos cuyas cabezas fueron cortadas y depositadas en un extremo del foso. Tras los rituales y la deposición de las ofrendas, el ritual finalizó con la destrucción e incendio del santuario, posteriormente tapado con una gruesa capa de tierra que ha permitido su excepcional conservación hasta nuestros días.

Cancho Roano fue clasificado por su primer excavador, Maluquer de Motes, como un palacio-santuario, denominación en la que se aunaba tanto la monumentalidad del edificio como su marcado carácter sacro. Al ser el primer edificio excavado de esta naturaleza, se buscó su origen por todo el Mediterráneo, de tal modo que mientras para algunos derivaba de los hilani de la región sirio-palestina, para otros mostraba mayores analogías con los enclaves comerciales griegos o los santuarios etruscos. Sin embargo, el hallazgo de nuevos edificios en el valle del Guadalquivir, caso de Coria del Río, El Carambolo o el ejemplo de Abul en la costa atlántica de Portugal, demostraron que su construcción y funcionalidad derivaba de estos santuarios tartésicos, centros con un importante papel dentro del sistema comercial cuya arquitectura, en origen, es marcadamente mediterránea.

No existen ya dudas para especular acerca de la funcionalidad de Cancho Roano, al que se le ha otorgado un papel sacro como así lo dejan entrever la aparición de una sucesión de tres altares en la estancia principal del edificio, diferentes materiales relacionados con las actividades cultuales o la abundante presencia de huesos de animales procedentes de los sacrificios. El sitio sirvió de centro de intercambio comercial en un terreno neutral alejado de los grandes centros de poder, aislado en un paisaje de dehesa que le hace pasar completamente desapercibido. De ese modo, las hipótesis que defienden su función palacial apenas se sostienen, pues ni ha sido construido en un núcleo urbano, ni cubre un amplio abanico de servicios ni se conocen ejemplos en los que los bienes de un palacio que iba a ser destruido hayan sido protegidos y ocultados con tal intencionalidad, un acto que sólo puede ir vinculado a un fuerte componente religioso.

En definitiva, la construcción de los primeros santuarios fenicios en los enclaves coloniales del sur peninsular, cuya finalidad era dar seguridad y ofrecer un lugar de intercambio comercial para los indígenas, abrió paso a la adaptación de estas construcciones al modelo tartésico, momento en el que el santuario ganará una importancia y un protagonismo muy relevante como integrador de ambas sociedades, así como intermediario en las relaciones entre fenicios e indígenas dentro de las transacciones comerciales, una importancia que paulatinamente se irá extendiendo hasta conseguir un papel preponderante y estratégico en el control del territorio colonizado. Así, el santuario se convierte en un elemento fundamental para conocer la formación y el sincretismo de Tarteso, al erigirse como objeto integrador de culturas.


Texto: Celestino Pérez, Sebastián (coord.), La Protohistoria en la península ibérica, Ediciones Akal, 2017.
Ilustración: www.artstation.com/artwork/mwD1Y

El dibujo más antiguo de la Humanidad, de hace 400.000 años, se atribuye a un antepasado nuestro conocido como Homo erectus. Se trata de un sencillo trazo en forma de zig-zag realizado con un diente de tiburón en la concha de un mejillón. Aunque las pruebas no son definitivas, las evidencias apuntan a que también otros humanos más primitivos tenían capacidades similares a las nuestras en cuanto al nivel de pensamiento complejo: El dibujo más antiguo de la humanidad.

En cualquier caso, los recientes descubrimientos ponen en tela de juicio —una vez más— los conocimientos sobre nuestros antepasados. La semana pasada, en un artículo publicado en Nature, se daba cuenta de lo que podría ser la pintura narrativa más antigua de la Humanidad ya que fue pintada hace 43.900 años.

Cueva de Leang Bulu’ Sipong (Indonesia)
Cueva de Leang Bulu’ Sipong (Indonesia)

La composición incluye dos jabalíes y cuatro búfalos enanos en torno a los cuales pueden verse hasta ocho figuras mucho más pequeñas que parecen humanas. Algunos de ellos parecen acechar a sus presas con lanzas o cuerdas. La datación de los depósitos minerales acumulados sobre tres de las figuras de animales indica que se pintaron hace al menos 43.900 años. A juzgar por el color y su grado de desgaste los científicos piensan que todas las figuras se hicieron a la vez y por lo tanto componen la narración de una historia, la primera de la que hay constancia.

De lo que no cabe duda es que el arte es tan consustancial al Homo Sapiens como el bipedismo o el pulgar oponible.

Cronología de las pinturas humanas

Si queréis más información, aquí tenéis unos enlaces a seguir:

El Dolmen de Soto (2.500-3.000 a.C) constituye uno de los monumentos megalíticos más relevantes del Suroeste Peninsular y un referente cultural e identitario de la Provincia de Huelva y del municipio de Trigueros.

Una de las particularidades constructivas más relevantes es su orientación hacia el Este, coincidiendo su acceso con los ortos solares en los equinoccios de primavera y otoño. Esta intencionalidad constructiva indica dos aspectos cruciales respecto a la observación astronómica y su uso ritual, por un lado, la necesidad de control de los ciclos de la naturaleza, de las estaciones, ya que estas comunidades campesinas contaban con la agricultura y ganadería como base de subsistencia. Y por otro lado, la idea del renacimiento, regeneración y purificación espiritual enraizada con el sistema de creencias de estas sociedades.

Toda la información en www.dolmendesoto.org. También interesante el artículo Un Stonehenge subterráneo en Huelva.

Urna de incineración, cerámica realizada a mano, necrópolis del Pi de la Lliura (Vidreres, la Selva), Bronce final, 1100-850 a. C.
Urna de incineración, cerámica realizada a mano, necrópolis del Pi de la Lliura (Vidreres, la Selva), Bronce final, 1100-850 a. C.

El homo sapiens ha inhumado o incinerado a sus muertos desde hace miles de años. Con el paso de una vida nómada a una sedentaria llegaron cambios sociales muy importantes. Uno de ellos fue el trato dado a los muertos. Surgen las necrópolis y el ritual funerario adquiere relevancia. Algunas, como las egipcias, datan del siglo XXVII a. C. y son obras arquitectónicas realmente extraordinarias.

Pero solo en algunos lugares se alcanzó tal grado de complejidad. En España los asuntos mortuorios eran mucho más sencillos, incluso muchos años después de que se construyeran las pirámides egipcias. Veamos por ejemplo el nordeste español y en concreto la necrópolis del Pi de la Lliura (Vidreres, Gerona) que cuenta con dataciones radiométricas que sitúan su inicio entorno al 1000 cal. a.C. (1080-960 cal a.C.). Estamos en la época denominada «Bronce Final».

Enterramientos durante el Bronce Final en el nordeste de EspañaSe trata de una necrópolis de incineración constituida por 77 enterramientos en fosa. Los cadáveres se quemaban en espacios ad hoc situados en la la propia necrópolis (ustrina o busta) a temperaturas de entre 600 y 800 grados, después los huesos resultantes eran triturados para reducir su volumen y depositados en el osario cerámico, junto a los elementos metálicos si los había, y cubiertos con una tapadera. Los osarios cerámicos están decorados con las técnicas del acanalado y la incisión, en el estilo que se denomina comúnmente de tipo Campo de Urnas; el metal, aún muy escaso en estos momentos, consiste principalmente en agujas de sujeción del vestido y navajas de afeitar. Colocado el conjunto en la fosa de enterramiento, se cubría ésta con tierra y piedras y se señalizaba con una estela (ver figura).

Los enterramientos de incineración fechables en el Bronce Final ponen de manifiesto que los ajuares y ofrendas son en extremo limitados; la mayor parte de los sepulcros contienen únicamente el osario y sólo un porcentaje muy restringido cuenta con algún objeto de metal (navajas de afeitar, pinzas y objetos de adorno). La estructura de las tumbas es también de una gran simplicidad, pues se limita a una fosa donde se deposita el osario y, en los contados casos en que los hay, el resto de elementos de acompañamiento del enterramiento.

El panorama de las necrópolis del Bronce Final del nordeste indica, en definitiva, una sociedad con pocas diferencias sociales, si bien hay que señalar dos aspectos relevantes. En primer lugar, la presencia de metal en algunas tumbas, un bien muy preciado en estos momentos, parece apuntar a una incipiente desigualdad y, por otra parte, los tipos metálicos presentes en las tumbas indican que la distinción se establece en función no sólo de la posesión y posibilidad de amortizar piezas metálicas sino que en vida se ciñe sobre todo al aspecto físico de las personas: los elementos ornamentales personales (brazaletes, etc.), los ítems relacionados con el vestido (agujas) y las navajas de afeitar, que posibilitan una distinción significativa en el aspecto de las personas, así lo sugieren. En segundo lugar, merece la pena resaltar que, si bien, como ya hemos dicho, el aspecto de los enterramientos es bastante igualitario, hay que tener en consideración que el propio derecho a ser enterrado en la necrópolis y a ser objeto de las prácticas rituales correspondientes parece constituir ya de por sí un elemento social diferencial: en general, dicho derecho se circunscribe a los adultos, raramente se encuentran enterramientos infantiles y, por otra parte, algunos indicios permiten sugerir que no toda la población adulta tenía tal derecho, como de manera clara se documenta más tarde, por ejemplo en las pequeñas necrópolis bajoaragonesas de cista excéntrica de la Primera Edad del Hierro.


Fuentes:

  • Celestino Pérez, Sebastián (coord.), La Protohistoria en la península ibérica, Ediciones Akal, 2017.
  • Figura: E. Pons, A. Solés [dirs.] [2008], La necrópolis d’incinerado deI Pi de la Lliura-Vidreres, Ajuntament de Vidreres, Departament de Cultura, Generalitat de Catalunya, Museu d’Arqueologia de Catalunya, Gerona.
  • Imagen urna: Museu d’Arqueologia de Catalunya, Gerona.

El Museo Arqueológico a un clic
Tres km, de exposición permanente visibles desde PC, tablet o smartphone. Eso es lo que han puesto a disposición de los internautas el Museo Arqueológico Nacional. Toda una maravilla a un clic de ratón: http://manvirtual.es/

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Aproximación facial de Elba dibujada por la colaboradora del proyecto Marga Sanín.
Aproximación facial de Elba dibujada por la colaboradora del proyecto Marga Sanín.

9300 años. Esa es la edad de la mujer que representa la imagen de la izquierda. Si hoy visitáramos cualquier pueblo de montaña de la Galicia interior y nos la cruzáramos, no la distinguiríamos de las mujeres actuales.

Viajaba con tres uros, uno de ellos gigantesco, por el sendero que aún existe entre Serra do Courel y Serra de Ancares. Es muy posible que el camino estuviera cubierto de nieve y eso hizo que no se percatará de la cavidad que se había formado y por donde cayó junto a los animales.

Era una mujer joven con signos de estrés nutricional y huellas de traumatismos cráneo encefálicos previos a su muerte, lo que habla de la dureza de la vida en las montañas gallegas.

En el Cuaderno nº 39 del Laboratorio Xeolóxico de Laxe se presentan los datos morfológicos y cronológicos de la cueva donde se encontró a Elba así como el estudio genético, isotópico y forénsico de sus restos. Allí mismo podéis descargar el Cuaderno en formato PDF (enlace alternativo).

Aunque la cueva de El Sidrón fue descubierta en 1994 y los estudios datan ya del 2000, se ha vuelto a hablar de ella gracias al estudio publicado en la revista Nature sobre la dieta de los neandertales y el uso de medicianas. Resulta que nuestros antepasados ya conocían los medicamentos: en el sarro de la dentadura de un individuo se han encontrado restos de ADN de hongo Penicillium, un antibiótico natural, y álamo, un árbol cuya corteza, raíces y hojas contienen ácido salicílico, el ingrediente activo de la aspirina.

La Universidad de Oviedo ha subido un video explicando los resultados de los estudios. Podéis leer y ver más al respecto en la nota de prensa publicada por el CSIC (La alimentación de los neandertales de El Sidrón: setas, piñones y musgo) y en el siguiente video:

[Enlace alternativo es este servidor]

Los espeleólogos que redescubrieron la cueva de Bruniquel, junto al río Aveyron, en el sur de Francia, se quedaron atónitos al ver unas estructuras que no podían ser naturales: dos grandes círculos, uno más grande que el otro, formados por cientos de fragmentos de estalagmitas que habían sido rotas expresamente. Un estudio reciente, publicado en mayo del año pasado, demostró que las estructuras, denominadas espeleofactos, tienen en realidad 176.500 años de antigüedad, lo que supone un vuelco en las diferentes teorías sobre nuestros antepasados. La datación por series de uranio determinó una fecha de 174.500-178.500 años de antigüedad, es decir, la época en que vivieron los neandertales, mientras que los humanos modernos llegaron a Europa hace 40.000 años. El estudio demuestra que los humanos (o neandertales) ocuparon las cuevas mucho antes de lo que se creía y que los primeros neandertales sabían manejar el fuego en un espacio profundo y cerrado. Más información aquí (en español) y aquí (en francés).

Hallada en Atapuerca una mandíbula de hace 800.000 años: La mandíbula fue hallada en 2003 y ahora, tras su estudio, se ha dado a conocer en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias (EEUU) por los tres codirectores de la excavación de Atapuerca (Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro y Juan Luis Arsuaga) y sus colaboradores. El artículo: An Early Pleistocene hominin mandible from Atapuerca-TD6, Spain.

El yacimiento de La Alcudia se encuentra ubicado en las cercanías de la ciudad de Elche y próximo al río Vinalopó, sobre una pequeña elevación que en parte constituye un tell artificial. La secuencia estratigráfica alcanza, según los datos de que se dispone, desde el Bronce Final hasta principios de la islamización, aunque en sus cercanías se han encontrado también materiales neolíticos. Cuando alcanza su mayor importancia es en las épocas ibérica y romana. Debió ser la principal ciudad de la regio ibérica que las fuentes identifican como la Contestania, y en concreto de su parte meridional; su influencia llegaba al centro y sur de la provincia de Alicante y a zonas limítrofes de Albacete y Murcia.