Premio Planeta

Los grandes lectores, los que amamos la literatura por encima de todo, hace tiempo que no leemos los Premios Planeta. Si por casualidad nos los regalan, los cambiamos por otra cosa, todo menos tragarnos lecturas infumables.

El pasado mes de octubre, Juan Marsé, como miembro del jurado, mostró su desacuerdo con las obras ganadoras de tan suculento premio, argumentando la “insuficiente calidad literaria” de las novelas. Esta misma semana, mediando escasamente un mes, Umbral ha vuelto a poner el dedo en la llaga abierta por Marsé calificando la obra de María de la Pau Janer como una “novela sin estilo”. Desde que el Nobel Cela se llevó el galardón “interplanetario” para seguidamente verse envuelto en un lío plagiario que acabó en los tribunales, sobre el Premio Planeta gravita el peso de la polémica y las dudas.

La Literatura con mayúscula no vende y esto lo saben muy bien quienes otorgan premios y viven al amparo de las grandes editoriales. Umbral, que ha sido en muchas ocasiones más crítico que escritor, ha tardado en denunciar la falta de estilo literario en esta clase de premios, quizá le haya animado la valiente posición de Juan Marsé descolgándose del jurado, aduciendo la baja calidad literaria de los ganadores. Enfrentarse al criterio de Planeta a la hora de dar premios les puede traer a estos dos pesos pesados de la literatura algún que otro problemilla, al fin y al cabo hay que entender y valorar su posición: un escritor contra su grupo editorial. Y por muy Umbral y muy Marsé que sean, están echando un pulso al poder del que viven. Me alegra que nuestros clásicos vivientes recuperen posiciones y se comprometan a favor de la buena literatura. Que nadie piense que están viejos y que no tienen nada que perder a la hora de hacer este tipo de declaraciones, porque siempre hay algo que perder: reediciones y derechos de autor, por poner un ejemplo.

La opinión de estos dos grandes escritores, que han aportado a las letras españolas una obra digna de estudio, debería hacer reflexionar a todos los que leen por leer y se despachan regalando por navidad un libro falto de calidad literaria y sobrado de marketing. Por desgracia, el Premio Planeta ha perdido su espíritu de mecenazgo para convertirse en una mera gestión de paquetes de libros: dinero para el imperio editorial y agonía para la literatura. Leer lo primero que te ofrece la mesa de una librería cuesta tiempo, dinero y a veces, lejos de formar, deforma. Hay novelas que, después de haberlas leído, ni siquiera dejan una frase digna del recuerdo.

Un libro nace para ser atesorado o desechado, pues los libros ocupan espacio. De esto también sabe mucho Francisco Umbral. Hace años, le oí decir que los libros que no le gustan acaban en el fondo de su piscina. Claro… que no todos tenemos piscina en casa. ¿Qué habrá hecho con las obras ganadoras del Planeta 2005? Descansen en paz.

Por María Jesús Mayoral Roche, escritora.