Romanticismo

Sinfonía nº 8 en si menor, Incompleta, de Franz Schubert

Hace unos días, la prensa informó de que Huawei había completado la misteriosa ‘Sinfonía inacabada’ de Schubert mediante un algoritmo. No han faltado, y con razón, voces no en contra de este tipo de prácticas más publicitarias que otra cosa sino alertando sobre la imposibilidad de que un programa informático pueda tener en cuanta los aspectos consustanciales a la mente de un creador.

Por otra parte, la famosa “Incompleta” de Schubert, con independencia de las causas que impidieron su total composición, se nos muestra en realidad como un producto perfectamente terminado, acabado y perfecto. Es probable que el compositor, que proyectaba desde hacía años una gran sinfonía –que más tarde tendría su traducción en la Novena-, comprendiera que no cabía nada más después de los dos teóricos primeros movimientos, que se complementan y completan de manera ideal y constituyen un todo de potencia expresiva e intensidad trágica inigualables.

La obra nació en 1822, el mismo año de la “Fantasía del Caminante” para piano. En esta partitura, y superando precedentes limitaciones de sinfonías anteriores, en las que el tratamiento rítmico y modulatorio era más importante que la relevancia temática, encontramos, quizá por primera vez en el músico, que cada uno de los elementos melódicos fundamentales parecen acabar en sí mismos y están tan perfectamente modelados y terminados que no necesitan ningún otro tratamiento. Por eso, un estudioso como Stefan Kunze opina que “la transformación del material melódico y armónico, en lugar del clásico tratamiento de los temas y motivos, constituye claramente el principio constructivo de esta sinfonía”. En todo caso, y esto lo considera fundamental Harold Truscott, en esta obra se dan cita todas las tendencias schubertianas orientadas a reducir la rapidez del pulso de la música. No hay ya mezclas de “tempi”. De lo que no cabe duda es que la “Incompleta” es una maravillosa síntesis de espíritu romántico y forma clásica en la que por momentos asoma, entre luces y sombras, la tragedia.

Los dos únicos movimientos que la configuran mantienen bastantes similitudes entre sí, aunque en ciertos aspectos pueden considerarse –en brillante teoría de José Luis Téllez- el uno el negativo del otro. Ambos son de compás ternario, 3/4 y 3/8 respectivamente, aunque el primero, Allegro moderato, sea más elocuente en su dramatismo, y el segundo, Andante con moto, más sencillo de estructura y de contenido, eminentemente lideristico.

Tres elementos esenciales, de claro perfil melódico, se dan cita al comienzo de la obra: lo que podría considerarse el primer tema, que va a aparecer en numerosas ocasiones a lo largo del movimiento, a cargo de violonchelos y contrabajos, un pasaje de transición, con hechuras de segundo motivo o subtema, de carácter inquieto y desasosegado, y el segundo tema, propiamente dicho, una hermosa frase en Sol mayor a cargo también de la cuerda grave y que incorpora un expresivo acompañamiento de notas repetidas a contratiempo entonadas por clarinetes y violas. Es la primera idea la que se enseñorea de toda la página y la que soporta el peso principal en el desarrollo. Sobre ella recae la gran tensión que anima toda la sección central. El segundo tema, en luminoso contraste, aparece en Re mayor en la reexposición. Es su paso de esta tonalidad a la de la tónica, si menor, la que determina el exacerbado dramatismo y la consiguiente catástrofe.

El Andante con moto está edificado sobre otros tres motivos que, unidos, forman una idea fundamental. Resulta evidentemente curioso que Schubert utilice para este movimiento la, en principio, extraña tonalidad de Mi mayor. El primer motivo, que enuncian las trompas al comienzo, es hábilmente desarrollado con posterioridad. Diversos clímax aparecen a lo largo del movimiento, construido por episodios, ofreciendo de manera variada los motivos básicos. Pero es el lirismo schubertiano más puro, aquel que se contiene en su producción de lieder, el que enmarca todo momento esta música en la que, sin embargo, aletea constantemente la tragedia.

Esta sinfonía, que para muchos abrió en su día una nueva dimensión de la música, y que nos introduce en el mundo más íntimo y personal de Schubert, que es el de los tríos para piano, los últimos cuartetos y el extraordinario Quinteto en Do mayor, fue estrenada después de la muerte de su autor, tras haber sido descubierta en casa de Anselm Hüttenbrenner, en Graz, por Johann Herbeck, director de la Orquesta de la Corte de Viena. La primera ejecución tuvo lugar el 17 de diciembre de 1865 en la citada ciudad” .

Fuente texto: Clásica 2: Franz Schubert. Sinfonía nº 8 en si menor, Incompleta

Robert Kemm: El bautizo, ca. 1870. Óleo sobre lienzo, 94 x 137,5 cm. Madrid, Museo Romántico (Inv. 7120)
Robert Kemm: El bautizo, ca. 1870. Óleo sobre lienzo, 94 x 137,5 cm. Madrid, Museo Romántico (Inv. 7120)

A partir de la década de los treinta y hasta finales del siglo XIX —en gran medida, por tanto, en coincidencia con el reinado de Isabel II— se produce una verdadera edad de oro de la literatura de viajes por España. Una edad de oro en la que los autores británicos desempeñan un papel central: baste recordar que en esos años se escribieron y dieron a conocer las obras de Borrow y Ford. Se trata de una literatura abundantemente publicada, conocida y estudiada. Sin embargo, los críticos han fijado su atención en general sólo en las primeras figuras y han dejado de lado en muchos casos a autores hoy de difícil acceso. Para este ensayo hemos seleccionado las obras de cuatro mujeres británicas que publicaron sus libros de viajes por España entre 1833 y 1868.

Seguir leyendo en Cuatro viajeras británicas por España durante el reinado de Isabel II (Capítulo XIX y último de Liberalismo y romanticismo en tiempos de Isabel II).

Jenaro Pérez Villaamil: El Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, ca. 1850. Óleo sobre lienzo, 133 x 182 cm. Patrimonio Nacional. Madrid, Palacio Real (Inv. 10055399)
Jenaro Pérez Villaamil: El Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, ca. 1850. Óleo sobre lienzo, 133 x 182 cm. Patrimonio Nacional. Madrid, Palacio Real (Inv. 10055399)

En el reinado de Isabel II y en los años inmediatamente anteriores observamos dos fenómenos relativamente nuevos. Uno, de naturaleza ideológico-política, se define por la defensa del autogobierno para ciertas provincias o unidades históricas integrantes de la Monarquía española desde su constitución y por la consiguiente oposición al modelo centralista de Estado liberal. En unos casos, como en los provincialismos catalán y gallego, se trata de corrientes de opinión más o menos influyentes en la sociedad pero que no se articulan en movimientos políticos organizados y, por tanto, no son capaces de incidir de modo sostenido sobre la dinámica política ni del territorio en que surgen ni del conjunto de España. Simplemente afloran aquí y allá, en escritos de publicistas, en discursos de diputados o políticos, en cierta prensa o en las reivindicaciones que inspiran algunos conflictos, más o menos violentos. En otro caso, el del fuerismo vasco-navarro, apoyado en el control de las únicas instituciones de autogobierno corporativo que sobrevivieron a la liquidación definitiva del Antiguo Régimen, tiene la suficiente fuerza social para mantener durante largo tiempo, y desde luego durante todo el reinado de Isabel, la gran excepción a las previsiones constitucionales en materia de distribución territorial del poder.

El otro fenómeno es de índole lingüístico-cultural, aunque en absoluto está exento de una fuerte carga ideológica. Se trata de los revivals o «renacimientos» que se dan en territorios con lenguas distintas de la castellana. Presentan dos dimensiones principales. La primera es la recuperación del cultivo culto de la lengua autóctona, cuya literatura había florecido en la Edad Media en todos los casos menos en el vasco para sufrir un prolongado eclipse después. La segunda es el nacimiento y desarrollo de una historiografía particularizadora destinada a demostrar, explícita o implícitamente, que los habitantes del territorio en cuestión forman, por su lengua, su raza, su forma de ser, sus costumbres, su folclore y sus instituciones, una nación orgánica, que se ha ido generado espontáneamente a lo largo de una historia propia desde un pasado muy remoto.

Seguir leyendo en Provincialismos y diferencialismos culturales (Capítulo XVIII de Liberalismo y romanticismo en tiempos de Isabel II).

Arcos entrelazados. Mezquita de Córdoba.
Arcos entrelazados. Mezquita de Córdoba.

Historia

Añadidos tres capítulos en Liberalismo y romanticismo en tiempos de Isabel II:

Arte

Hemos pasado al nuevo formato el trabajo El Islam: desde Bagdad hasta Córdoba. Las edificaciones de los siglos VII al XIII.

Los asiduos a esta bitácora habrán comprobado que, en las últimas semanas, el ritmo de publicación ha disminuido de forma considerable. Aunque cinco años y medio en la Red puedan pesar en momentos determinados —cansancio, haberlo haylo—, existe otro motivo: por fin he comenzado a preparar un proyecto largamente acariciado. Se trata, en concreto, de un trabajo sobre una de las épocas —el segundo tercio del siglo XIX— más apasionantes de la historia europea y española. Como todo proyecto nuevo, cuesta arrancar pero espero que, a partir de ahora, avance de forma constante y en unos meses pueda estar completado. Eso sí, no podré atender en la misma medida que antes la bitácora. Espero, al menos, compensarles con este trabajo. Y sin más preámbulos, les dejo con los tres primeros capítulos (el primero pueden saltárselo) del Liberalismo y romanticismo en tiempos de Isabel II.

Me olvidaba: hay dos novedades. La utilización de enlaces externos a la Wikipedia como apoyo al texto, especialmente en lo referente a biografías, y la disponibilidad de aquél en formato PDF (al final de cada capítulo).

John Constable. Salisbury Cathedral from the Bishop's Grounds, ca. 1825
John Constable. Salisbury Cathedral from the Bishop’s Grounds, ca. 1825

La Tate Britain ha organizado una exposición en torno a las obras de Constable conocidas como “six-footers”, una serie de paisajes con un tamaño aproximado de seis pies por cuatro y medio, y que el artista comenzó a pintar a partir de 1820 para llamar más la atención en las exposiciones de la Royal Academy.

Como ya es habitual en la Tate, la exposición en línea ofrece abundante información y muestra un gran número de obras. Enlace relacionado: Guía museística.

Actualización 2018: ha desaparecido la página que daba acceso a las distintas secciones de la exhibición. Por fortuna, aún pueden verse de forma individual: room 1room 2room 3room 4room 5room 6room 7room 8room 9

Henry Fuseli. The Nightmare. Oil on canvas, 1210 x 1473 x 89 mm
Henry Fuseli. The Nightmare. Oil on canvas, 1210 x 1473 x 89 mm

Gothic Nightmares: Fuseli, Blake and the Romantic Imagination: this exhibition explores the work of Fuseli and Blake in the context of the Gothic. Featuring over 120 works, it creates a vivid image of a period of cultural turmoil and daring artistic invention.

Las secciones más interesantes para el internauta son el Room Guide, un recorrido por las distintas salas que incluye breves comentarios sobre las obras expuestas (no siempre está disponible la imagen), y Works in Focus, donde podremos contemplar detalles de algunas obras, incluida la famosa obra de Henry Fuseli, The Nightmare.


Actualización 11/ENE/2018: por un error en el sitio no se muestra los enlaces a las distintas salas viryales. Hay que hacerlo de forma manual: a la dirección de la primera sala le añadimos un guión y luego un número (desde el 0 hasta el 7) para ir recorriendo todas ellas.

  • Endurance: In 1915, the Endurance sank off the unexplored coast of Antarctica, yet all 28 crewmembers survived, along with photographer Frank Hurley’s unprecedented record of the journey.
  • Jasenovac: Alemania y sus aliados, tras la invasión de Yugoslavia en abril de 1941, permitieron a la organización Ustaša crear un estado independiente en Croacia. Entre 1941 y 1945 este régimen aliado de los nazis organizó el exterminio sistemático de serbios, judíos y gitanos. Uno de los campos de concentración más importantes fue Jasenovac.
  • Before Victoria: Extraordinary Women of the British Romantic Era: O como las mujeres intentaron luchar contra las discriminaciones laborales, sociales y políticas.

La Tate Britain acoge una exposición que reúne obras de los grandes pintores europeos del siglo XIX: Constable, Géricault, Turner, Ingres, Corot y Delacroix, entre otros. La muestra investiga el intercambio de influencias artísticas que se produjeron entre Francia y Gran Bretaña durante el Alto Romanticismo (1816-1837).

Paul Delaroche: The Execution of Lady Jane Grey. 1833
Paul Delaroche: The Execution of Lady Jane Grey. 1833

Joseph Mallord William Turner: Whitby. c.1824
Joseph Mallord William Turner: Whitby. c.1824

La Tate Britain fue fundada en el s. XVI y posee la colección más importante del mundo de arte británico. Destacan obras de Blake, Constable, Gainsborough, Gilbert & George, Hirst, Hockney, Hogarth, Moore, Rossetti, Spencer, Stubbs y Turner. Hemos elegido precisamente este último por sus impactantes paisajes y por ser uno de mis favoritos. 

Actualización 17/nov/2016: el recurso en la TATE ha desaparecido. En su lugar, les ofrecemos el catálogo de la exposición que facilita de forma gratuita la Fundación Juan March (enlace alternativo).