Franco Fontana

Sin título, 1973
Sin título, 1973

La primera sensación que la obra de Franco Fontana incorpora al ojo del espectador es la del color aportado por una «luz abstracta» que descoloca y descontextualiza la imagen provocando un diálogo con la fotografía desde una cierta entrega incondicional.

Se tiene la sensación de estar ante un paisaje que contiene en ese instante la luz de todas las horas, de todas las estaciones.

Esta sensación es la que convierte la arquitectura efímera en una noble edificación de composición clásica intemporal alrededor de la que gira toda la sensación de la imagen.

La arena surcada nos habla de idas y venidas, acercamientos y lejanías, proximidades y fugas, pero siempre amarradas por una línea del horizonte marcada por la luz sobre la que se asienta la arquitectura, el cobijo, la sugerencia.

La realidad del paisaje desaparece para introducirnos en una atmósfera mágica que entrelaza los componentes de la naturaleza y la realización humana de una forma totalmente ajena a la realidad, pero devolviéndonos curiosamente la sensación de muchas situaciones y realidades pasadas.

La arena humanizada en su fragmento acotado se convierte desde su textura en sensual carnalidad que nos conduce irremediablemente al misterio del refugio y su luz.

El cielo se cierra entre nuestra sensación física inicial y nuestra reflexión sentida ante la fotografía. La luz y su color nos han dominado y liberado.

Por Joaquín Sicilia. 2002

Créditos fotografía: Sin título, 1973. Copia cromógena. 29,7 x 20 cm. Colección Julio Alvarez Sotos.

Fuente: Catálogo de la exposición «Mirar al mundo otra vez».Galería Spectrum Sotos, 25 años de fotografía.

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