Frontal de altar de Iguácel

Ermita de Santa María de Iguácel: Pintura al temple sobre madera de pino, principios del siglo XIII (h. 1300-1315)

Románico, principios del siglo XIII (h. 1300-1315).
Pintura al temple sobre madera de pino.
Procede de la ermita de Santa María de Iguácel.


Esta obra románica fue dada a conocer internacionalmente en 1928 por el historiador norteamericano Arthur K. Porter. Sin embargo, pocos años después el antipendio desapareció y resultó imposible de localizar hasta que, durante las obras de restauración de la ermita de Santa María de Iguácel, en 1977 se decidió retirar la tarima de la ermita y se descubrió el frontal boca abajo en la zona del altar.

Esta circunstancia explica en parte el deterioro que ha sufrido la pintura. Pese a ello, todavía se pueden apreciar perfectamente las escenas representadas, que forman un ciclo dedicado a la vida de la Virgen (titular del templo). Se trata de un tema poco habitual en la pintura románica, que cobra auge a partir del siglo XIII con el desarrollo del culto mariano.

La composición se divide en ocho viñetas organizadas en dos registros. Iniciando la lectura en la esquina superior izquierda, encontramos la escena de la Anunciación, seguida de la Duda de José. Debemos omitir la parte central para continuar al otro lado, donde veremos a María e Isabel abrazadas conforme a la iconografía habitual de la Visitación. A continuación, la franja superior culmina en una escena doble: en un paisaje rocoso y de clara influencia bizantina, al fondo se desarrolla el Anuncio a los Pastores, mientras en primer plano tiene lugar la Natividad. El registro inferior ha de leerse de derecha a izquierda, y en él encontramos representadas la Adoración de los Magos y la Presentación de Jesús en el templo. El relato finaliza en la parte central del antipendio, donde la acción se desarrolla de abajo a arriba: tras la Dormición de la Virgen (siguiendo el modelo bizantino de la Koimesis), su alma, que ha adoptado forma infantil, se eleva a los cielos en brazos de su Hijo.

Debido a la sorprendente expresividad de los personajes, algunos autores como Joan Sureda han propuesto para el frontal de Iguácel una cronología más próxima al Gótico. Destacan también los detalles anecdóticos introducidos por el pintor, como vemos en la escena de la Natividad: dos comadronas asisten a la Virgen mientras, al fondo, el Niño tiene su cuerpo completamente fajado de acuerdo a una costumbre medieval que buscaba evitar malformaciones en los bebés.

El autor quiso que este emulase el aspecto de una rica pieza de orfebrería. Prueba de ello son las cavidades que pueden observarse en el marco del antipendio, que probablemente estuvieron rellenas de esmalte para imitar el engaste de piedras preciosas. Los fondos dorados con relieves y el uso de brillantes colores (como el rojo y el azul) también pretendían reforzar esta impresión de suntuosidad.

Fuente texto: Museo Diocesano de Jaca.

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