Terrorismo: buenas y malas noticias

Si ayer eran asesinados en Iraq más de 150 personas, la mayoría de ellas civiles que buscaban empleo, hoy ya son 31 los muertos a consecuencia de varios ataques llevados a cabo por suicidas. Esta vez, los policías se han llevado la peor parte. Aunque algunos medios nombran a los terroristas como «insurgentes», no debemos olvidar que su derecho a la resistencia se acaba justo cuando sus objetivos carecen de valor táctico y su estrategia pasa indefectiblemente por causar terror. Porque esa es la cuestión: el terrorismo se define más por sus métodos que por sus fines. Así, por ejemplo, los palestinos intentan alcanzar un fin laudable -liberarse de la opresión israelí- pero los ataques suicidas contra población civil convierte a los grupos que lo practican en terroristas. Y no, no me olvido de Israel que ha hecho del terrorismo una táctica auxiliar en su particular guerra contra los palestinos. En cuanto a Iraq, EEUU debería plantearse sustituir sus fuerzas por otras procedentes de países musulmanes bajo mandato de la ONU. Probablemente, y teniendo en cuenta que los terroristas no hacen distinción alguna entre civiles y militares, continuarían los ataques pero, si éstos fueran dirigidos contra tropas musulmanas, perderían buena parte de su actual legitimidad popular.

Y hablando de Israel: también hoy el Tribunal Supremo de este país ha fallado a favor de los palestinos al ordenar la destrucción de un tramo del “muro de seguridad” en el distrito cisjordano de Tulkarem, junto al asentamiento judío de Alfei Menashé. Los jueces, que no han entrado en la ilegalidad o no del muro, han basado su fallo, según informa la agencia EFE, en la necesidad de equilibrar “las necesidades de la seguridad y hasta qué punto esa obra perjudica los derechos civiles de los palestinos”. En este sentido, recordemos que hace ya catorce meses, la Corte Internacional de La Haya declaró ilegal dicho muro.

Pero no todo son malas noticias y, como dice el refranero, no hay mal que por bien no venga. La destrucción casi completa de la costa oeste de Aceh por el tsunami, ha facilitado un acuerdo entre el Movimiento para la Liberación de Aceh (GAM) y el gobierno indonesio. Según dicho acuerdo, el GAM abandona la lucha armada y renuncia a la independencia de Aceh a cambio de una mayor autonomía para la región. Teniendo en cuenta la duración del conflicto -30 años- y las intenciones del GAM -crear un estado islámico-, este acuerdo parecía casi imposible y arroja un rayo de esperanza a la población que tan duramente fue castigada por la naturaleza.

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