Jaca y sus leyendas

En el amanecer del primer viernes de Mayo del año 758 los jacetanos, al mando del conde Aznar Galíndez, se enfretaron a los musulmanes y al mediodía, cuando todo hacía presagiar lo peor, las mujeres, que aguardaban en sus casas, decidieron acudir al campo de batalla armadas tan sólo con sus utensilios domésticos. El reflejo de los rayos del sol sobre sus rudimentarias herramientas y las hojas de boj que les cubrían provocaron el pánico en el rival. Los moros creyeron ver a lo lejos la llegada de nuevos ejércitos cristianos y huyeron. Más información: ayuntamiento de Jaca, Hermandad del Primer Viernes de mayo.

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La conmemoración de esta batalla, cuya única referencia histórica la encontramos en Libro IV de la “Grande y General Historia” de Alfonso X, se ha convertido en una de las principales fiestas de Jaca, una ciudad amable a la que merece la pena acercarse.

lavictoria

3 comentarios


  1. Los musulmanes (si no me equivoco) no eran los tatarabuelos de Al-Zarqawi precisamente, sino los Banu Qasi de Zaragoza y de la mencionada batalla, al igual que la del Guadalete y tantas otras, sólo queda constancia por un texto escrito casi cinco siglos después de los sucesos narrados.
    Bien por la celebración, pero a veces tengo la sensación de que la historia de este país hay que cogerla con pinzas.
    Un saludo a todos los jacetanos.

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  2. Probablemente se trataría de alguna operación de castigo para restablecer el compromiso de pagar el canon que, en señal de sumisión, habían impuesto los musulmanes. Por aquél entonces, ante la dificultad de conrtrolar militarmente las zonas montañosas, el proceso de conquista se limitó a la exigencia de un simple reconcimiento de la autoridad musulmana que se traducía en el pago de un tributo. Teniendo en cuenta la pobreza de los valles pirenaicos, es también muy probable que las rebeliones se debieran más a la imposibilidad material de pagarlo que a las ganas de librarse de los musulmanes.
    Se trata, sin duda, de un período confuso en el que incluso encontramos revueltas protagonizadas por los árabes yemeníes en contra del emir Ald al-Rahman I y que contaron con el apoyo del propio Carlomagno. De hecho, el mencionado emir organizó una operación de castigo (h. 781-782) en la Rioja, Navarra y Aragón para restablecer el orden. La consecuencia más inmediata fue que los valles pirenaicos se convirtieron en refugio de los rebeldes tanto cristianos como musulmanes.

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