La «doctrina de las dos espadas»

Leyendo la nota de Conferencia Episcopal Española sobre la objeción de conciencia a la celebración de matrimonios homosexuales, no puedo sino recordar la concepción transmitida por los Padres de la Iglesia a la Edad Media. La posición desarrollada por los pensadores cristianos en la época patrística, la cual recibió autorizada exposición a fines del siglo V en boca del papa Gelasio I, colocaba al cristiano bajo un derecho y un gobierno dobles -el secular y el espiritual- pero al mismo tiempo situaba la obligación cristiana por encima del derecho terrenal y de la ciudadanía del Estado. Hoy, dieciséis siglos más tarde, la Iglesia Católica recupera esta idea al exigir la pureza de culto a una ley terrenal e incitar a la desobediencia civil. Una teoría que, por cierto, ya recibió en el siglo XIV cumplida respuesta por parte de Marsilio de Padua para quien «el legislador o causa eficiente primera y verdadera de la ley es el pueblo o la totalidad de los ciudadanos (civium universitatem) o la parte de más valor (valentiorem partem) de aquél, que manda y decide por elección o voluntad propia en una reunión general de los ciudadanos […]» (Defensor minor, XII, 1). Harían bien los teólogos católicos en releer a Padua porque fue el primero en reducir la religión a la condición de fe privada y en defender que toda acción pública -incluida la religiosa- tenía que estar bajo el control del gobierno secular y no al revés como pretende la Conferencia Episcopal.

6 comentarios


  1. Se debe legislar cristianamente.
    Marsilio de Padua era un cortesano de los poderen temporales, no fue sumamente objetivo.
    Ademas, el principio de base es que la costumbre haga la ley. Falta mucho para que una minoria merezca legislaciones de ese tipo.

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  2. Recientemente, en 2005, se ha traducido la obra de Marsilio de Padua, que citáis, “El defensor menor”, además de “La transferencia del Imperio”, a cargo de Bernardo Bayona y Pedro Roche. Está en Biblioteca Nueva, de Marid. Merece la pena leerla ahora en castellano, porque, en efecto, parece escrita para estos tiempos nuestros, aunque sea de la primera mitad del siglo XIV. Qué pena de nuestro ruralismo, episcopal, pero no sólo, ya que muchos todavía les siguen, desgraciadamente.
    Saludos

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  3. Pues sugiere que, aunque la mayoría del pueblo tenga unas convicciones, debe aguantarse a lo que le imponga el poderoso de turno. Y si en el caso de que fuera una democracia el gobierno de turno, éste debería plegarse a los deseos de la mayoría, que en el caso que sugiere el autor de la bitácora, es claramente occidental,y por tanto cristiano.

    La Conferencia episcopal, no sugiere que el gobierno le obedezca, ¡menudo absurdo! solo recuerda sus principios a los que libremente siguen su fe. Si los gobernantes fueran verdaderos demócratas, deberían atender a los ciudadanos como sus jefes. Marsilio de Padua no defiende el punto de vista del pueblo sino del señor feudal o del emperador (concretamente a Luis IV de Baviera), que estará mas o menos acertado, pero no se representa mas que a si mismo. ¿sugiere el bitacorista, por ejemplo? que si la población española le repugna, por su filiación cristiana, la extirpación de clítoris, pero al gobierno socialista, como le parece que es culturalmente aceptable, pues entonces, ni la Conferencia episcopal puede decirle nada a sus feligreses y hay que aceptar acríticamente lo que haya dicho el gobierno?

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  4. Pues no, Martín. Las conclusiones que has extraído de mi comentario no coinciden con lo que se expresaba.

    1) La Iglesia Católica, como cualquier otra organización, puede dar su opinión sobre cualquier ley.

    2) Ni la Iglesia Católica ni cualquier otra organización puede asumir que por encima del Imperio de la Ley se encuentra su propia doctrina y llamar a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia.

    Nota: mantengo mi posición en contra de la actual regulación de los matrimonios homosexuales (leer aquí y aquí), pero eso no quita que rechace de pleno dichos llamamientos.

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  5. Muy claro, Miguel; “matrimoniar” se llama desde hace al menos dos mil años a formalizar un determinado tipo de pareja, heterosexual, reconocida en cuanto a posible (con)descendencia, como lo indica el nombre: “mater munire” significaba “proporcionar madre” … La “Iglesia” (o sea, el catolicismo de nuestros mayores, aquí ahora) poco tuvo que ver con ese invento; y la regulación de derechos a otras uniones diferentes, o incluso el reconocimiento de otras más de hecho sólo, tampoco…

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