No Nacionalismo

EUROPA, ESPAÑA Y LOS NACIONALISMOS:

«Wu Ming 2» finalizaba un artículo sobre Europa con una rotunda afirmación y un loable deseo: «Resultado: nadie puede remitirse a un periodo y antiguo origen, a una Tradición, a unos inicios de Europa, a un preciso territorio topográfico e ideológico con fronteras a defender y purezas a preservar. Quien lo intente está destinado a hacer el ridículo. (…) Gracias a su historia, “Europa” puede convertirse en un concepto, una visión política y social, un proyecto de comunidad humana amplio y compartido, que alude a un territorio pero supera y derriba la misma idea de territorio, patria, nación. No será fácil pero vale la pena intentarlo.» (Erebu)

Si este concepto cosmopolita puede aplicarse a Europa, más aún a España. Mientras en aquélla las poblaciones se asentaban de forma permanente en los albores de la Edad Media, Hispania acogía en su seno –y mantenía durante varios siglos más- tres culturas bien diferentes: la judía, la musulmana y la cristiana. Airear, por lo tanto, el modelo del crisol unificador –llámese éste vasco, catalán o español- tan solo demuestra la ignorancia de sus voceros en el proceso de formación de los pueblos españoles. Tales ansias unificadoras –todas ellas excluyentes- encuentran en el Estado-nación la garantía necesaria para conseguir sus propósitos. Pueden así conducir a su pueblo a la homogeneización política, social y étnica. Eso sí, la pretendida defensa de la diversidad cultural o lingüística pasa a segundo plano una vez obtenido el poder estatal y, con él, los mecanismos coercitivos propios de las democracias occidentales. Alcanzado el poder (el Estado-nación) las «otras» culturas son demonizadas y arrojadas al averno.

De ahí la insistencia de los nacionalismos en la creación de su propio Estado-nación en España o de su mantenimiento en la futura Europa; y, desde luego, esta apetencia no responde exclusivamente a factores políticos o económicos. Se trata más bien de mantener la vieja noción antropológica y ontológica de la «comunidad trascendental de origen». Esta idea, basada en la afirmación romántica de la identidad popular, nacional y territorial, ha perdido, no obstante, su sentido original. Como indica Franco Berardi (Bifo) «la desterritorialización producida por el infocapitalismo y la telemática digital han hecho entrar en crisis las identidades tradicionales y, al mismo tiempo, ha excitado como reacción las reivindicaciones de identidad. Las identidades no han desaparecido, sino que se han transformado en obsesiones reactivas, agresivas y resentidas. Lo que queda del Romanticismo aparece hoy degradado, reducido a formas nacional-populares o, peor aún, a localismo racista y comunitarismo securitario.» (Por una Europa menor)

Prueba también de esta deriva nacionalista la encontramos en los recursos educativos utilizados en defensa de sus proyectos políticos y culturales. Así, por ejemplo, la Historia que aprenden los niños en nuestro país depende principalmente de dónde y bajo que tutela política la estudien. De hecho, en algunas comunidades la manipulación histórica llega incluso al punto de ignorar por completo a España. Poco importa si España es una nación o un Estado multinacional. Por encima de ésta o cualesquiera otra consideración nacionalista, la memoria histórica no puede ni debe convertirse en arma arrojadiza contra los «otros». Desafortunadamente, la realidad es bien distinta: son teorías metahistóricas sobre la identidad nacional las que dominan el paisaje educativo español. Y así, los nacionalistas aspiran a «conseguir un espíritu nacional fuerte y unido» y a «instalar en el alma de las futuras generaciones la alegría y el orgullo de la Patria». Seguramente estas dos frases las firmarían gustosos los nacionalistas de hoy pero ambas fueron publicadas el 17 de julio de 1945 (MEN, Ley de Educación Primaria). Pregúntense ustedes: ¿hemos avanzado o retrocedido?

Pero todo ello no debe conducirnos a la dicotomía nacionalismo – antinacionalismo. No debemos olvidar que muchas personas se aferran a la identidad nacional porque define quiénes son y les ayudan a simplificar y dar sentido al mundo. Como escribe Álvarez Junco, «las naciones no se sostienen desde el punto de vista intelectual, pero son atractivas desde el existencial, como lo son las creencias mágicas o las religiones, mundo al que, en definitiva, pertenece el fenómeno nacional» (Mater Dolorosa, Taurus, 2002, pag. 17).

Pero el problema puede enmendarse si, en lugar de combatir con sus propias armas a estos patriotismos de apasionada nostalgia, reformulamos las premisas y nos declaramos no-nacionalistas. Nacionalismo español, vasco, catalán, gallego, andaluz, … todos ellos enfatizan, como valores políticos, «los derechos colectivos, la construcción nacional, la etnicidad y la nacionalidad como entidades homogéneas, propias y distintas; el no-nacionalismo afirma, por el contrario, los derechos individuales y ciudadanos, las libertades civiles, los valores cívicos (no étnicos), la ausencia de coerción nacional o nacionalista, la afirmación y defensa de la sociedad como una sociedad abierta, plural y libre.» (Juan Pablo Fusi: El no-nacionalismo).

Subrayo la palabra no-nacionalismo porque resume perfectamente un concepto sobre el que bien podríamos construir el futuro, no solo de España sino también de Europa. No se trata de negar los sentimientos de identidad; se trata de redefinir un nuevo espacio de convivencia y libertad. No-nacionalismo en cuanto superación de patria, nación y nacionalidad. De eso de trata.

Miguel Moliné Escalona (20 de diciembre de 2003)

8 comentarios


  1. Me gustaria saber o que alguien me pueda responder si se puede ser hoy en día español, de izquierdas y no nacionalista. Eso es posible o es una utopía.
    No puedo identificarme con ningún grupo político en Valencia que no tenga una tendencia nacionalista, ni siquiera los que màs me interesan, que son los partidos verdes.

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  2. Pues sí es posible, aunque no creo que encuentres un partido o agrupación plítica que no sea nacionalista bien español, bien valenciano.

    Este es un problama generalizado, sobre todo en los territorios donde existe una conciencia identitaria diferenciada (paradigmática es Cataluña).

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  3. Yo propongo un partido “por los ciudadanos” y olvidarnos de la izquierda y de la derecha. Un partido basado en la libertad individual con fuerte carga social. En cuanto al modelo de Estado, propongo la desaparición de las provincias y las Comunidades Autónomas, y volcaría la descentralziación en las mancomunidades-ayuntamientos.

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  4. veo que te has leido la propuesta de reforma territorial catalana en la que desaparecen las provincias…
    Yo mejoraria tu propuesta con la desaparición del Estado y así eliminamos lo poco que nos queda de fronteras y aministraciones interpuestas. De Bruselas a mi pueblo. Te juro que me apunto.

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  5. Tambiém hay propuestas, por ejemplo en Andalucía, que piden la desaparición de la provincia, un invento del siglo XIX que ya tien más de 150 años pero que en muchos casos no ha cuajado, al romper comarcas naturales y dividirlas administrativamente.

    No tengo encaje en la “militancia”, pero creo que acabaré dando mi apoyo a este partido. En lo territorial, y si no bajamos los impuestos, con lo que nos vamos a ahorrar en administraciones duplicadas manejariamos un presupuesto saneadísimo.

    Y los que pierdan el empleo (algunos funcionarios que no se podrían recolocar en el municipio) al nuevo consorcio intermunicipal de I + D.

    Creo que algunos estados nos bloquearían, seriamos un peligro para …. y para …. :-( :-D

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