Plazas de España: Almería

Desde época musulmana se fue conformando en la parte noroeste de la ciudad, en un lugar próximo a dos ejes viarios muy importantes, las calles Tiendas-Mariana y Real-Santo Cristo, una plaza con forma irregular que, una vez reconquistada la ciudad por los Reyes Católicos en 1489, tomó el nombre de plaza del juego de Cañas. En ella se ubicaron en 1656 las Casas Consistoriales, cuyo edificio se concluiría en 1678. Así, según la opinión de Emilio Ángel Villanueva Muñoz, se convertía «en el centro de la vida social de la ciudad, ya que también se celebraban en ella los mercados, los festejos, las procesiones y otros actos públicos. A las casas que la rodeaban, hasta entonces de una sola planta, se le añadió otra en la que se abrieron grandes rejas para adaptarlas a la función de gran coso de la ciudad».

Las palmeras que se levantan en la parte central de la Plaza Mayor de Almería rivalizan en altura con los edificios que la configuran.

Un siglo más tarde de la construcción del edificio del Ayuntamiento, en 1785, el arquitecto Francisco Iribarne llevaba a cabo un proyecto para un nuevo edificio que se erigió en los años siguientes, hasta cubrir aguas en 1793, y cuya fachada sería reformada en 1817.

Por lo que respecta a la plaza, en el mismo año 1785, el entonces gobernador de Almería, el conde de la Puebla de los Valles, propuso construir soportales en la plaza del Juego de Cañas, para lo que se recibió la aprobación del Gobierno con la condición de que fueran consultados los propietarios de las viviendas que la rodeaban, y con la respuesta favorable de ellos se encargó al mismo arquitecto Francisco Iribarne un proyecto para su reforma que, sin embargo, no pudo ejecutarse.

En el corazón de la ciudad se construyó a lo largo del siglo XIX esta plaza, que está presidida por el edificio consistorial y el monumento a la memoria de los fallecidos en 1824 con motivo de la sublevación liberal.

Varias décadas más tarde, en la sesión municipal celebrada el día 17 de octubre de 1841, se daba cuenta «del expediente principiado para construir galerías de arcos alrededor de la plaza de la Constitución, y que sobre ellos edifiquen habitaciones los dueños de las casas que la circundan con sugección todo al diseño que se tiene a la vista, en que se comprehende la obra de igual clase que ha de hacerse en estas Casas Consistoriales, cuyo costo por lo respectivo a estas solas, ha presupuesto el arquitecto D. Juan Bautista Domínguez en unos 35.000 reales. Discutióse detenidamente este asunto y se acordó: aprobar en todas sus partes el proyecto».

Con estas obras en la vieja plaza del Ayuntamiento se quería dotar a Almería de una nueva y representativa plaza en el centro del casco antiguo de la ciudad, en la que además se pudiera celebrar mercado público con un mínimo de comodidades, pues en aquel momento no se disponía de un edificio para este fin, sino que se colocaban los puestos bajo los soportales cuando era necesario debido al mal tiempo. También se utilizaría el desamortizado convento de Santa Clara, en la misma plaza, para ubicar en sus antiguas dependencias la Diputación Provincial y el Gobierno Civil.

El arquitecto Juan Bautista Domínguez, ya mencionado, se encargó de preparar todo el proyecto, tanto la nueva fachada del Ayuntamiento y la adecuación del antiguo convento para su uso oficial, como la remodelación de las antiguas casas con soportales, cuyas fachadas enrasó construyendo encima de ellos o levantando edificios nuevos. La dirección de las obras corrió a cargo de Joaquín Cañadas. Para regularizar la planta de la plaza debió destruirse el mirador o galería baja que el Cabildo Catedralicio había construido en el siglo XVII y que en aquellos momentos ya era de propiedad de la Hacienda Pública.

Parte superior del monumento levantado en recuerdo de los muertos por la sublevación liberal de 1824.

Uno de los primeros trabajos que se emprendieron en 1842 fueron los correspondientes a la fachada de la Casa Consistorial, en el lado oeste, en la que había que levantar una planta y construir las correspondientes arcadas y dos torres laterales. Las obras se realizaron con gran lentitud, pues hasta 1845 no fue concluido el pórtico, ejecutado por Pedro Rull siguiendo un diseño del arquitecto militar Juan Prats, y quedó inconclusa el resto de la fachada, que no se llevaría a cabo hasta años más tarde, como lo prueba una pintura conservada en el Archivo Municipal, que muestra el frente del Consistorio engalanado con motivo del nacimiento del príncipe de Asturias en 1857.

A la vez que las obras del Ayuntamiento, se comienza a trabajar en el lado este, en el antiguo convento de Clarisas, para adecuarlo a su nuevo uso institucional. A propuesta del arquitecto Domínguez no se suprimió el tercer piso, ya existente, para unificar así los volúmenes de la nueva plaza, cuyas obras quedaron concluidas en octubre de 1843.

Por lo que respecta a las casas de particulares que ocuparían las fachadas norte y sur y los laterales del Ayuntamiento -a pesar de algunos contratiempos detectados en 1843, al observarse algunos problemas de falta de resistencia en los arcos carpaneles, labrados en piedra, que formaban los soportales- las obras debieron realizarse con cierta celeridad, puesto que en junio de 1846 se encontraba toda la plaza, entonces llamada de la Constitución, completamente terminada, si exceptuamos la fachada del edificio consistorial.

En los primeros años del siglo XX se concluía la fachada del Ayuntamiento almeriense con proyecto del arquitecto municipal don Trinidad Cuartara

En la última década del siglo XIX se abordará la reforma del Ayuntamiento, que se prolongaría a lo largo de tres lustros. Del proyecto se encargó el arquitecto municipal don Trinidad Cuartara, quien iniciaba la obra en 1893 con distintas actuaciones en su interior, quedando la fachada para una fase posterior. En aquellos momentos sí se revisten de cantería las cuatro buhardillas que sobresalen del tejado y se inicia la construcción de la torre del reloj que la centra; la cubierta se remataría con planchas de cinc. En 1895 se ornamentó la parte interna de la fachada de la planta baja y, ya en 1902, el mismo Cuartara rehizo el proyecto de decoración de la parte superior, ideado más de medio siglo antes por Domínguez, que se ejecutó entre 1903 y 1906. Dicha fachada, con tres plantas, es la que presenta el edificio municipal en la actualidad. La baja muestra su pórtico de cinco arcos de medio punto sobre pilares -uno de ellos permite el acceso a la plaza desde el exterior-, mientras que en la planta noble se abren cinco balcones con balaustradas de piedra, y por encima de ellos otros tantos óculos, que corresponden a la planta superior. Sobre una desarrollada cornisa, apoyada en modillones, y el antepecho que tapa la pendiente del tejado, se desarrollan las fachadas de las buhardillas y la torre central, rematada con cúpula, en cuyo frente aparece el escudo de la ciudad y el reloj, colocado no hace muchos años.

Soportales de la planta baja de la plaza

Las fachadas de las casas que configuran la plaza responden a un mismo esquema, de gran sobriedad: planta baja soportalada con arcos carpaneles de piedra, dos plantas en las que se abren balcones con barandillas de hierro, y azotea, protegida igualmente con barandilla de hierro entre machones.

El edificio del antiguo convento de las Clarisas fue devuelto a las religiosas a fines del siglo pasado. Muy dañado en la última guerra civil, se reconstruyó con posterioridad hasta recuperar su arquitectura anterior a la transformación de mitad del siglo XIX.

En el centro de esta Plaza Mayor de Almería, antes conocida como Plaza Vieja y en la actualidad como plaza de la Constitución, se levanta, entre palmeras, el espectacular monumento a la Libertad, de mármol blanco, con aplicaciones de bronce, erigido en memoria de los que fallecieron en 1824 con motivo de la sublevación liberal.

FUENTE: Wifredo Rincón García: Plazas de España, Ed. Espasa Calpe S.A, 1998 (ISBN: 84-239-9303-5)

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