Rajoy, cambia o le cambian

Por Wifredo Espina, periodista y ex director del Centre d’Investigació de la Comunicació.

Las encuestas no pintan bien para los “populares”. Ni las oficiales, ni las de la oposición. Nuevamente, pueden sacar muchos votos, pero insuficientes tanto en las elecciones locales y autonómicas como en las generales. Problemas de liderazgo, se dice con frecuencia. Incluso se afirma que Zapatero da por descontado que Rajoy será relevado antes de las generales. Es correr mucho. Pero casi nadie duda de que si Rajoy pierde los comicios generales del próximo año, se ha acabado Rajoy.

¿Qué le pasa a Rajoy? No es un mal líder. Es un gran parlamentario. Inteligente, culto, con una ironía demoledora. Algunos de sus discursos son de antología. En todo esto le pasa muchos pueblos a Zapatero, pero éste es más astuto, más maquiavélico. Él, o los que le rodean. A Rajoy se le ve más “de una pieza”, más íntegro, quizás por esto menos político, en el mal sentido, pero con frecuencia eficaz, de la palabra político.

Rajoy se ha hecho presa de sus propias contundencias. Lo cual es extraño en un gallego. Lo cual hace pensar que estas contundencias, tanto en el discurso político como en la forma de exponerlo, más que suyas, son del entorno, de un entorno del que no ha podido o sabido desprenderse. De un entorno, muy comprometido en los errores del pasado –también en los aciertos- , que es un gran lastre para que pueda ser el mismo, el Rajoy que con frecuencia apunta y aflora, pero no acaba de manifestarse y menos imponerse. Y esto le perderá, y perderá a su partido. El Rajoy abierto, dialogante, liberal, humano y con criterios políticos claros sigue ocultado por quienes componen su inmediato entorno y que echarán a perder todas sus posibilidades de buen líder político. Si no logra soltar lastre, imponerse y así centrar su imagen pública y la de su partido, Rajoy tiene una clara fecha de caducidad.

O Rajoy cambia su equipo –agradeciéndole todos los servicios prestados (y los no prestados) que quiera- y da un golpe de timón a su formación política y se presenta como su regenerador, o el maquiavelismo zapateril volverá a poder con él. Y, entonces, los suyos propios se rebelarán. O Rajoy cambia o le cambian.

16 comentarios


  1. El señor Rajoy será todo lo simpático, buen retórico y liberal que se quiera pero, le guste o no, o dicho de otro modo, lo haga de uan manera “libre u obligada por su entorno político” es el máximo representante, en términos electorales, de los intereses e ideas más casposas de estos pagos.
    Con 11 M o sin él, con de Juana o sin él, o con Endesa o sin ella, Rajoy y lo que representa no han sido capaces de trazar ninguna alianza con representates de los rasgos que definen la modernidad occidental, es decir, con los movimientos sociales y corrientes de opinión que tratan de superar dialécticamente las dicotomías ideológicas y sociales del pasado siglo.
    Mariano Rajoy se ha hecho no solo portavoz, sino bizantino abogado de causas ideológicas que ya no defienden amplios sectores de las clases dominantes en unos tiempos en los que el neoconservadurismo anda a la búsqueda de nuevos referentes con sus think tanks.
    En efecto, la izquierda y la derecha ya no son lo que eran, pero la que aún pudiera llamarse así en éste país parece no haberse dado realmente cuenta de ello, o al menos no lo han hecho sus representantes políticos.
    No es el sr. Rajoy el que está amortizado como dicen algunos, sino esa marea de “casposidad” que en los últimos 3 años hemos visto a veces en la calle, o la hemos escuchado en alguna radio, o la hemos soportado hasta el hastío contemplando como iniciadora de una brega política más digna de una bronca de taberna que de una sociedad razonablemente madura.
    Ahora, a pocas semanas de las elecciones municipales y a pocos meses de las generales, estas contradicciones empiezan a arrojar sus frutos maléficos, tal y como muchos predijimos, y el representante político de la derecha se ve en la urgencia de diseñar un discurso nuevo intentando no dejar al aire sus verguenzas, pero creo que ya es un poco tarde para convencer a la ciudadanía de lo sincero de ese cambio de aires (algo parecido, salvando respetuosamente las distancias, a lo que ocurre con los llamados representantes de la izquierda abertzale cuando nos presentan sus aparentes ovejas políticas y no podemos dejar de ver en sus patas las garras afiladas de un lobo).
    El señor Rajoy fue digitalmente colocado como líder para administrar una victoria, pero luego se le ha exigido que administre una inesperada travesía del desierto como si se tratara de un crucero a las Bahamas al que esperan en su destino miles de manos amigables y efusivas para darle la bienvenida y de paso el voto. Pero la cruda realidad le ha mostrado que había una España muy real y muy numerosa que reclamaba cambios importantes y exigía borrón y cuenta nueva en asuntos vitales para sus intereses.
    Vaya en todo caso para él por mi parte una condolencia por no haber percibido que su misión no era llevar a la sociedad a identificarse con su partido, sino llevar a su partido a participar del cambio social.

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  2. Al final, cierta prensa va a conseguir que lo de que Rajoy (Raxoy cuando estaba en la política gallega) es un “moderado” rodeado de “radicales” cale en la sociedad, ascienda a la categoría de tópico y cobre así ese grado como de verdad desnaturalizada y difícil de contrastar que tienen los tópicos, primos adelantados de los prejuicios. Quisiera subrayar una vez más que percibo muchos lugares comunes en torno a este político en estas líneas que firma el Sr. Espina, por cierto. Así que nada nuevo bajo el sol.
    En cualquier caso, me pregunto a menudo qué clase de moderación será la que le han visto a este hombre (dime con quién vas y te diré quien eres y déjate de historias que ya nos vamos conociendo) y si no será necesario que se contraste de una vez por todas, al igual que la no menos imperceptible “astucia” que se atribuye a un político tan inhábil Zapatero. Lo digo porque yo sin ser (para nada) votante de derecha, no la veo por ninguna parte, conste.
    Un saludo.

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  3. En fin, esto de andar adjetivando es siempre arriesgado, pero como sale gratis…

    Veamos. Estoy de acuerdo en que es buen parlamentario. Hay discursos suyos que me han parecido sólidos (el del debate sobre la propuesta de nuevo Estatuto de la CAV conocida como “Plan Ibarretxe”, por ejemplo). Y si no eran realmente “suyos”, me da igual porque demuestra que sabe a quién encargárselos. Pero también estoy de acuerdo en que empeora mucho cuando tiene que improvisar. En la SER (con perdón), ante Gabilondo (perdón otra vez), se quedó en blanco unos 20 interminables segundos… pero vaya, nada que no se resuelva con un buen boicot al cabo de unos años.

    Que sea liberal, no me lo creo. Dicho de otro modo, es tan liberal como sus correligionarios del PP: cero patatero, por parafrasear a quien lo designó. Curioso: el único liberal que hay en España es Miguel Ángel Fernández Ordóñez… ¡y está en el PSOE!

    En lo del entorno, sin embargo, creo que acierta Espina. Lo de menos es que “realmente” él sea o no menos facha que Acebes. Haría falta un escáner cerebral para medir las difeencias ideológicas entre Rajoy y Zaplana(en el muy improbable caso de que éste albergue alguna creencia o ideología), pero es que da igual… Sólo cuenta lo que se perciba, no las preferencias ideológicas íntimas de cada cual. ¿Importa algo si Gallardón es “realmente” más moderado que el resto de sus conmilitones? Creo que no. Sólo importa si se percibe así y el reflejo electoral que esa imagen pueda tener.

    En fin, lo importante es que, objetivamente, quienes le rodean constituyuen un lastre para sus posibilidades electorales. O prescinde de Acebes y Zaplana, o no gana en 2008 y le dan la patada. ¿Pero podría hacerlo si quisiera? Dudo mucho que se lo permitan Aznar y el talibán de la COPE. No me atrevo a opinr lo que pensaría Pedrojeta porque depende lo que le paguen.

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  4. La imagen de un Rajoy bonachón y honesto, de ideas moderadas y sólidos principios (copio literalmente: “abierto, dialogante, liberal, humano y con criterios políticos claros”), pero rodeado de un aparato de colaboradores poco simpáticos y demasiado vinculados al pasado, me resulta demasiado simple para ser verdad. Es más; me parece infantil en grado sumo. Es el máximo dirigente del PP y sencillamente no me creo que las acciones y las decisiones que se toman en el PP no cuenten con su aprobación. Él es en persona el máximo responsable de lo que hace y dice el Partido Popular.

    Y tampoco comulgo con el calificativo de “maquiavélico” para Zapatero, al menos en exclusiva, y desde luego no creo que lo sea menos que el propio Rajoy o que lo fue Aznar en su momento. Creo, por el contrario, que Zapatero es un político de fuerte poso ideológico y con unas ideas muy claras de lo que debe ser una acción de gobierno. Es más, creo que le van como anillo al dedo los calificativos que Wilfredo le ha dedicado a Rajoj: abierto, dialogante, liberal, humano y con criterios políticos claros. Y por supuesto tampoco creo que sea “inhábil”.

    De cualquier forma, y en esto también difiero por completo del Wilfredo, la baja estimación de voto del PP no estaría basada simplemente en la imagen de Rajoy sino en la estrategia puesta en marcha por el aparato político de los populares tras su derrota electoral el 14-M (estrategia de la cual Rajoy es el máximo responsable). Y como creo que, mejor que una, hay otros estudiosos que ya han analizado en profundidad este tema, os remito al siguiente enlace, el cual explica muchas de las cosas que hemos vivido durante los últimos 3 años.

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/Teoria/crispacion/elpepuopi/20070419elpepiopi_6/Tes

    Besos a todos.
    Merche

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  5. No recuerdo exactamente como era aquella frase de si vuela como un pato, nada como un pato y hace cuac como un pato, lo más probable es que sea un pato. Pero me parece perfectamente aplicable a Rajoy. Si su equipo es el que es, si dice lo que dice y hace lo que hace…. lo más probable es que sea así. Y lo que no entiendo es por qué se le sigue (seguimos) disculpando y considerando un moderado haciendo una tarea incomoda. Tal vez el que tenga razón de quién es realmente Rajoy sea Peridis (con perdón como diría Manfrío) y su “relajada” caricatura.

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  6. Al sr. Espina no le gusta nada, pero nada de nada, el sr. Zapatero (lo ciero es que a mí tampoco, que nadie se equivoque). Por eso suspira por un ideal de Rajoy que se nos intentó vender y que el tiempo ha venido a demostrar que era falso. Sí es un buen parlamentario, quien soy yo para negarlo. Pero el resto de alabanzas merecen demostración, y yo me decanto más por lo que Sánchez apunta que por el humo que vende Espina (y si la barca no navega ¿algo tendrá que ver el timonel, o la culpa es solo del remero?)

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  7. Sólo una cosa más. Lo que realmente me mosquea de Rajoy es su constante apelación a “las personas normales” y “las personas sensatas”. Ese rollito que viene a decir: “no es cuestión de ideologías, cualquiera que sea simplemente sensato y normal tiene que pensar como yo”. Que es tanto como decir: “los que no piensan como yo son unos anormales y unos insensatos”.

    Manfrío el insensato.

    PD. Insisto en repetir lo de Chuang-tzu: “Tened cuidado cuando los llamados hombres sensatos se acercan cojeando”.

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  8. Bueno. A ver.
    Que levante la mano el que todavía no haya oído esa última especie que circula sobre lo de que a Rajoy ayer en “Tengo una pregunta para usted” le prepararon una encerrona en TVE, que se notaba que en la selección de los ciudadanos había una mano negra y que además alguien les había escrito las preguntas.
    Malvados rojos…si es que están por todas partes.
    Un saludo.

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  9. Mi impresión de la actuación de Rajoy y de Zapatero es la misma. Ninguno de los dos se salió del guión, escabulleron el bulto cuantas veces quisieron y se comportaron como políticos al uso.
    No creo en encerronas pero la mala educación de algunos inquisidores fue notable y creo que Rajoy salió airoso de la prueba.
    Hasta que no se sienten ambos delante de un entrevistador con muy mala leche, con abundantes conocimientos sobre la vida política y capaz de hacerles contestar a lo que se pregunta, no habremos conseguido nada.

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  10. Tienes razón hasta cierto punto, Miguel. Ayer sí se vio algo distinto: las repreguntas (de hecho, a veces se le escapó a Milá el debate de las manos). Había gente que no estaba conforme con las respuestas (o mejor, con las no-respuestas) que se daban e insistían, insistían yendo a la yugular si hacía falta. Puede que no tengamos entrevistadores con las características que mencionas (ahora mismo no me viene a la mente ninguno, desde luego), pero el formato de debate, con una hora más de tiempo y menos personas para que diera lugar a más contrarréplicas podría ser mucho más enriquecedor.

    Hay quien se preguntaba por ahí por qué Rajoy no muestra esta cara más sosegada en lugar del tono bronco que suele emplear en el Congreso (en realidad, no había más que ver su expresión en las preguntas más comprometedoras para darse cuenta de que se estaba conteniendo). La razón es obvia: en esta ocasión sus interlocutores son votantes declarados, posibles votantes e incluso indecisos, a los que una de sus regañinas sentaría bastante peor que a un diputado del PSOE, a quien a fin de cuentas Rajoy se la resbala, con perdón.

    Y, desde luego, ambdos debates a mí me demostraron una cosa con claridad: que tanto los políticos como la prensa vocera (casi toda) están realmente alejados de la realidad social y de los problemas reales de los ciudadanos. Mientras aquéllos se pasan el día hablando de De Juana, de Iraq, del Estatut o del sursum corda, los doscientos invitados a la tele les hablaron, y querían saber, de sus pensiones, de sus perspectivas laborales, de las dificultades para encontrar vivienda, de los destrozos que se están produciendo en su Medio Ambiente, del mal funcionamiento de los servicios públicos… es decir, de nada que a día de hoy sea titular en ningún periódico ni tema clave en una sesión de control al Gobierno.

    Saludos.

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  11. Quisiera pulsar la opinión de los transeúntes que por aquí pasan:
    Parece que hay cierto “run-run” con el hecho de que Rajoy no dijera lo que cobra, aunque sí especificó que tiene dos sueldos: Uno como diputado-jefe de la oposición y otro como presidente del Partido Popular. Hoy la prensa le ha vuelto a insistir y ha seguido sin soltar prenda. Llamazares ha contestado por él y ha dado la cifra: unos 54.000 euros/año. No obstante, seguimos sin saber cuánto cobra como presidente del Partido Popular.
    La pregunta es: ¿Es justificable ese celo? ¿Como diputado, lo es? ¿Y como presidente del PP? ¿No mantenemos los ciudadanos con nuestros impuestos a los partidos políticos? Y si es así ¿Porqué esa renuencia a proporcionar el dato? ¿Os parece correcta esa resistencia? Si les pagamos el sueldo: ¿No somos los jefes de nuestros políticos?.
    (Qué ingenuidad la mía).
    Y que nadie piense que voy a por Rajoy. El no es más que quien ha suscitado el tema y por eso le nombro. Sólo a modo de ejemplo y conste que me daría lo mismo si fuera otro, lo que ocurre es que me da la sensación de que delata un tic generalizado en la clase política consistente en resistirse siempre al control ciudadano en la medida de lo posible.
    Hala.
    Un saludo.

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  12. Estilista: por lo que oí esta mañana en la “arradio”, Rajoy no cobra como diputado, sino que cede este sueldo a su partido, que es quien luego le paga. Es decir, sólo cobraría como presidente del PP y, supongo, en razón de los cargos públicos que desempeñe. Creo que esto es práctica habitual en los partidos políticos, pero no estoy seguro. Por otra parte, el sueldo de los parlamentarios es público, y no precisamente magro:
    http://www.congreso.es/diputados/regimen_economico_diputados.pdf

    Saludos.

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  13. A mí, a diferencia de la mayoría, este tipo de entrevistas no me resultan especialmente atractivas. Y por eso confieso que no la vi entera. Personalmente hubiera preferido una entrevista realizada por dos o tres periodistas con verdadero conocimiento de la realidad política y social y con algo más de perspicacia. En muchos casos, algunos “preguntadores” ponían más empeño en dejar su opinión personal sobre determinado asunto antes que plantear realmente una pregunta que sirviera para conocer la opinión del entrevistado, aparte de emitir algunas afirmaciones un tanto fuera de lugar (como la señora que afirmó alegremente que la mayor parte de los españoles rechazaban la asignatura para la ciudadanía). Pero, bueno, parece que la idea gusta a la mayoría. Será por algo (admito que soy un tanto “rarita” en esto de los gustos “populares”).

    Ahora, para mí lo más glorioso de la noche, por encima de la tontería del sueldo de Rajoy, sucedió cuando el susodicho, al abordar el espinoso asunto de la enseñanza de religión en las escuelas, trató de descalificar las religiones que no aceptan las leyes españolas (en una nada velada alusión al islamismo), y citó como ejemplo ni más ni menos que ¡la negativa a aceptar el divorcio! Ahí yo es que aluciné. Si no se deben enseñar doctrinas que cuestionen las leyes españolas, como por ejemplo la ley del divorcio o la del aborto, ampliamente aceptadas además por la sociedad ¿qué coño pinta la asignatura de doctrina católica (falsamente denominada por algunos “religión”) en nuestras escuelas? ¿Puede alguien darme una respuesta más convincente?

    Besos a todos
    Merche

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  14. Me pasa un poco como a Merche. No le veo la gracia a que un ciudadano corriente y moliente “tome la palabra” cuando se supone que hay gente especializada en el oficio…, aunque sean periodistas. Prefiero que alguien que sepa de sanidad pregunte conm conocimiento de cusa sobre política sanitaria “en general”, y no que me venga un seó a hablar de sus “concretos” juanetes, por mi interesantes que sean (los juanetes) para quien los sufra. Vaya, que prefiero los debates despersonalizados, en contra de lo que suele defenderse. Aparte, no me acabo de fiar sobre la posible “cocina” que pueda habe detrás de todo ello, y no me refiero a ninguna mano negra porque supongo que Rubalcaba también descansa y no habrá tenido tiempo de preparar las cien preguntas.

    Conclusión: lo mejor de la nocha fue sin duda “Anatomía de Grey”, paradigma del culebrón estilizado. Obviamente, no vi la enterevista porque yo estaba siguiendo las peripecias de los cirujanos.

    Respondo a la encuesta de Fino estilista. Por un lado, es cierto que se trata de retribuciones sufragadas por los fondos públicos y, en consecuencia, debieran ser transparentes. Por otro, entiendo no obstante el pudor de Rajoy. Si una señora te dice que cobra 300 €, es un poco fuerte responderle que tú cobras más de 6.000. Me pareció elegante la respuesta: bastante más que la cifra a la que usted hizo refeencia. Lo digo sin ironía y admito que debo de ser marciano porque me pareció bien justo la respuesta que más se ha criticado.

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