Rana pirenaica

No deja de sorprender que a estas alturas sigan apareciendo en Europa nuevas especies de vertebrados. Pero lo cierto es que nuestro continente, cuyos rincones parecen haber sido escudriñados cientos de veces por los científicos, sigue encerrando innumerables tesoros biológicos aún por descubrir. Eso es justamente lo que sucedió a finales del verano de 1990 en el entorno del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en Huesca. Jordi Serra, doctor en biología del Instituto Pirenaico de Ecología, perteneciente al CSIC, descubrió una nueva especie de anfibio que fue descrita tres años después y bautizada con el nombre de rana pirenaica (Rana pyrenaica). Se trata de una especie endémica de las zonas central y occidental de los Pirineos que vive en los torrentes de aguas frías y bien oxigenadas. De forma ocasional también se han hallado ejemplares en charcas donde se produce una renovación constante del agua. Este anfibio presenta estrictas exigencias ecológicas y gran adaptación a las duras condiciones de la alta montaña. De hecho, las hembras realizan la puesta a finales de febrero. La rana pirenaica es un anuro de talla mediana, de unos 5 cm de longitud. Su piel es lisa, fina y muy viscosa, de un color entre canela crema y gris oliváceo, con discretas manchas verdosas.
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Fuente: National Geographic (marzo, 2003)

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