Rui Macedo, La totalidad imposible

Por Eleonora Scherini:

Al hablar de salas expositivas es fácil que la mente vuele hacia paredes blancas solemnemente galardonadas por obras de arte, acompañadas por un cartelito informativo y debidamente distanciadas, con el fin de permitir al espectador la detenida contemplación de toda la maestría contenida en los cuatro argenes de un marco, pues bien, nada mas lejos de la instalación site specific, ideada por Rui Macedo, para una de las salas del IVAM.

Al entrar, salta a la vista el color rojo y la laberíntica distribución de la superficie expositiva que, siguiendo la numeración ascendente de las obras en ella colgadas, lleva a un nicho donde queda custodiada la obra madre, premio para todo espectador persistente y síntesis de la misma instalación: Sobre un gran lienzo, pertinentemente aislado, están reproducidas las demás obras expuestas, insertadas en un juego pictórico que simula espacios y puertas entreabiertas, que recuerdan a un cabinet d’amateurs moderno.

El montaje de la exposición, confiado al mismo artista a causa de los supuestos estéticos en los que su producción se apoya, evoca la misma sensación de encontrarse en una colección privada, fruto del bagaje y del gusto personal, donde en las paredes rebosantes habrá que encontrar un hueco para la pieza que vendrá, de ahí quizás la referencia a la totalidad imposible del título, una totalidad aún por acabar. Pero también se refieren a aquella imposibilidad los cuadros seccionados y colocados en la parte inferior de la pared, que insinúan una continuidad en el subsuelo, en un espacio que no es accesible al espectador y que rememora un famoso descenso a un mundo maravilloso.

Paisaje 18 o El Crsital (2011). Óleo sobre lienzo, 81 x 116 cm.

Así como la Alicia de Carrol, precipitándose en un pozo, descubría una especialidad concebida según nuevas reglas que subvertían el concepto de inmutabilidad, el espectador se encuentra penetrando el espacio artístico, enfrentado a lienzos carentes de acción, lugar y tiempo definidos, que devuelven la traducción del mundo visible según la imagen del mundo interior del artista. Rui Macedo invita al público a vivir un segundo de esa caída, el segundo que le pertenece a su investigación y que queda inmortalizado en la sala expositiva.

Las obras de Macedo constituyen de hecho un recorrido. Crean un microclima sujeto a todas y cada una de ellas. Desbordando los marcos, empiezan en una para colarse y continuar en la siguiente y a la vez entretejen un dialogo con el pasado y con sus referentes, conscientes de su continuidad con ellos y de participar de un mismo viaje, que hace de la realidad representación subjetiva y que, abarcando la historia del arte entera, se muestra con su infinidad de caras y facetas.

Por eso Macedo hace continuos guiños a la obra de artistas como Durero, Miguel Angel, Caravaggio, Poussin, Bronzino, Tintoretto, Matisse, Mondrian, troceando y extirpando figuras y repitiéndolas en otros contextos, modernizándolas con colores vivos y atmósferas POP, elaborando una vez más una representación de la realidad dictada por íntimas reglas.

El artista descentraliza la atención desde el consueto punto de interés contenido en un marco, sea este físico o abstraído en una forma cuadrilátera, a un espacio más amplio, donde no hay punto de observación preferente, ya que la única contemplación posible es la lectura del conjunto. Es imposible no entrelazar los elementos que se repiten y mutan en el pasaje de una obra a la otra, siguiendo una modalidad que podría ser propia del paso del tiempo o del curso de las ideas. Cada pieza es un factor de la ecuación que da como resultado esa totalidad parcial de la que nos da cuenta Macedo, su propia interpretación del mundo.

Enlaces relacionados: Ficha de la exposiciónCatálogo onlinePágina de Rui Macedo.

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