Semántica

En las últimas semanas, los ciudadanos hemos asistido a la confrontación ideológica entre el PP y el PSOE a cuento, por ejemplo del matrimonio homosexual o de la inclusión de la palabra ‘nación’ en los estatutos de ciertas autonomías. No entraré en el fondo de estos debates pero sí intentaré mostrar el error en que caen los que, como Rodríguez Zapatero, consideran infundada la necesidad de «disputar acerca de las palabras y sobre seudopalabras» y, por tanto, que «podemos escoger cualquier nombre que nos guste […] [porque] ésta no es una disputa sobre palabras». La cita es de Karl Popper y en ella se hacía referencia a la palabra ‘democracia’ pero no pierde su sentido original si la aplicamos a otras como ‘matrimonio’ o ‘nación’. En todo caso, G. Sartori califica este pasaje como desafortunado y aduce, en primer lugar, la siguiente observación: «es obvio que la disputa no es sobre palabras, pero se desarrolla por medio de palabras». Para este autor es lícito y necesario «indagar sobre el significado verdadero o propio de las palabras si se entiende que el significado de éstas no es arbitrario y que no está establecido por el arbitrio de estipuladores específicos».
      Por otra parte -continua Sartori-, las palabras y particularmente las adscritas al corpus político son, como expuso Mill, memoria de experiencia histórica: «el depositario de un cuerpo de experiencias al que todas las edades han contribuido". Con ello se expresa algo obvio: el significado de las palabras no se establece en una asamblea y de forma arbitraria sino que lo adquieren a través de los tiempos. Sin embargo la acumulación y transformación histórica de los conceptos queda anulado cuando se reivindica la "libertad de definición": «un universo lingüístico es un ‘sistema’ caracterizado precisamente por características sistémicas. Por lo tanto, quien echa a perder una palabra a su arbitrio, echa a perder, en consecuencia, las palabras circundantes y así, sucesivamente, va de desmantelamiento en desmantelamiento hasta llegar a la Torre de Babel».
 [Citas: SARTORI, G.: ¿Qué es la democracia? Taurus, 2003]

7 comentarios


  1. Mi admirado Álvarez Junco -tuve la fortuna de escuchar una conferencia suya sobre este tema en León- escribe hoy con su acostumbrado acierto sobre el término “nación” en El País. Otro catedrático de Psicología lo hace en el mismo periódico sobre el concepto de “matrimonio” en el marco de la disputa acerca de las uniones homosexuales. Las tesis sostenidas por ambos son perfectamente asumibles por su ponderación.
    Un abrazo de un mañico en León.

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  2. Las cosas no son hasta que no se nombran. La palabra del hombre hace que las cosas sean.

    Pero ¿dónde ha quedado el ser?

    Habría que nombrar jurídicamente la unión entre homosexuales. No obstante, parece que nombrarla con una palabra distinta a matrimonio es excluyente y eso no está bien. Como no estaría bien, pongamos por caso, hablar de hijos ilegítimos a quienes no nacieran dentro del matrimonio legal.

    La cosa es compleja.

    Además no se pueden poner puertas al campo, es decir, al mercado y al capital.

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  3. “Cuando yo empleo una palabra, significa lo que quiero que signifique” (Tentetieso)
    “La cuestión está en saber si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes” (Alicia)
    “La cuestión está en saber quién manda aquí, si las palabras o yo” (Tentetieso)
    Quizás Lewis Carroll nos aporta la visión política de la cuestión. Tal vez el profesor Alvarez Junco, al defender que “…lo que los protagonistas imaginan es la realidad social”, olvida la significación política del lenguaje. El imaginar que soy parte de una nación suele conllevar imaginar que debo tener la misma posición política que todas las imaginaciones nacionales: Soberanía, independencia, etc.
    Las palabras nunca son neutrales.

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  4. Por mi parte, respecto al matrimonio entre homosexuales, creo que el problema esta en la gente que tratar de evitar el debate sobre los derechos de un conjunto de personas centrandose en un debate sobre significados de las palabras. Si tengo que elegir entre el significado de un palabra y los derechos de las personas, lo tengo bien claro, elijo esto ultimo. Por otro lado, no se elimina la definicion existente de la palabra sino que se extiende su significado incluyendo el significado historico. Los matrimonios de siempre lo seguiran siendo.

    Por otro lado, el uso de la misma palabra dentro de la ley para designar a ambos tipos de uniones la veo como la forma mas adecuada de evitar posibles discriminaciones “encubiertas” en un futuras leyes en las que se incluiria la forma “matrimonio” pero no la forma alternativa que fuese utilizada para referirse a la union homosexual.

    En este mismo tipo de discurso yo incluiria la polemica sobre Turquia y la Union Europea, donde algunos ponen como traba a ello no los Derechos Humanos, sino que Turquia no es europea. Como siempre hay gente que le da mas importancia a lo de “Europea” que a lo de “Union” lo que realmente, desde mi punto de vista, es una pena y lo que pone a trabas a lo que seria la utopia de alcanzar una Union Mundial en la que la misma libertad que tenemos ahora para desplazarnos por gran parte de Europa pudiese extenderse a todo el planeta. Pero cierta vision provinciana del mundo hara todo lo posible para que esto no sea asi.

    Bueno, aprovecho para felicitar al autor del sitio por la calidad del mismo.

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  5. Estoy muy de acuerdo con Jesús. El debate sobre la palabra “matrimonio” esconde en realidad un debate sobre la homosexualidad. Hay quienes jamás aceptarán que haya personas homosexuales que viven con toda naturalidad, sin ningún trauma ni depresión, y cualquier excusa será buena para intentar embarrar los progresos que en la mentalidad social se van consiguiendo. Ahora es la “palabra” matrimonio, antes fue otra cosa, mañana será una distinta. Resulta conmovedor ver a ciertas personas tan preocupadas por el significado de las palabras, por las grandes debacles que acechan a la humanidad si se cambia un matiz de significado. Si de verdad están preocupados por el lenguaje, debo decirles que el menor peligro de los que le amenazan es el cambio de significado de la palabra matrimonio.

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  6. Más que comentario sobre las disquisiciones comentadas, me gustaría hacer una consulta: ¿De donde y poqué inhabitar o inhabitación? El Diccionario nos dice que in es prefijo de valor negativo o privativo; ¿porqué la inhabitación en los creyentes del Espíritu Santo? ¿Es decir, qué significado tiene esta aparente controversia?

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  7. Entiendo que inhabitar es un término recreado en el ámbito teológico para significar “habitar dentro”. Normalmente uno habita en la creación de Dios, en Dios, en definitiva. La expresión acá destaca que Dios ha hecho morada en nosotros, nos habita (in-dentro).

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