Toni Catany

Nunca pensé que me enamoraría de un dios.

Te descubrí una tarde tras los sucios cristales de aquel viejo almacén. Al principio no era más que una sombra que se movía entre las sombras, pero cuando mis ojos se acostumbraron a la penumbra, pude distinguir tu cuerpo desnudo ocupando todo el espacio en una danza cuya música podía adivinar: los grandes clásicos, violines, quizás un aria, cuando te deslizabas ingrávido, acariciando el suelo y tendiéndote en él, mientras me ofrecías toda tu belleza apenas insinuada; los sonidos más contemporáneos, cuando tu cuerpo cobraba fuerza y se contorsionaba febril y apasionado.

A veces permanecías unos minutos inmóvil, pétreo, intemporal y yo me ahogaba en la angustia de que todo hubiese sido una alucinación. Al fin despertabas de tu viaje de siglos y yo me sumergía nuevamente en la contemplación de tu belleza viva, humana y accesible. Sin embargo, ni siquiera esa vez que llegaste nítido ante mis ojos pude ver tu rostro. Tus brazos delataban el vigor que tus piernas ocultaban, pero yo sólo deseaba deslizar mis manos por tu pecho, tu cuello y llegar por fin a encontrarme con tu mirada.

Por Ana Pola. 2002.

Créditos fotografía: Soñar en dioses, 1988/1997. Tiraje digital en papel Arches. 68 x 47 cm. Colección del artista.

Fuente: Catálogo de la exposición «Mirar al mundo otra vez».Galería Spectrum Sotos, 25 años de fotografía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *