¡Al fin, un Estado mafioso!

Por Gregorio Morán (LA VANGUARDIA, 12/01/08):

La experiencia de la humanidad en la creación de estados es riquísima y va desde la tragedia a la comedia. Ahí está Andorra. ¿Qué hubiera sido de nosotros sin Andorra? No sé muy bien si el estatuto andorrano es el de nación, Estado, principado o sociedad anónima, pero a ciertos efectos Andorra funciona como un Estado, o por mejor decir, tiene casi todo lo que uno exigiría a un Estado. Para mí es ideal, porque nunca he oído el himno de Andorra y desconozco de qué color patriótico es su bandera, que de seguro los tendrán y serán muy bonitos. También me gusta Gibraltar, y lo digo sinceramente, me parecería mal que dejara de existir, con su estatuto especialísimo, y sus monitos, y sus comerciantes británicos con acento andaluz. ¿Qué hubiera sido de tantos liberales españoles de no tener cerca Gibraltar para salvar su vida y su hacienda? Tienen gracia los patriotas que sacaban pecho por un Gibraltar español y entregaban enterito el país a quien quisiera alquilarlo. Hay más territorio fuera del control del Estado español en Marbella que en Gibraltar.

En Luxemburgo no he estado nunca, o para ser más exacto, quise una vez detenerme y cuando me di cuenta ya había cruzado el país y debía volver atrás. Me gustaría tomar un café en Liechtenstein, pero hasta ahora no he podido. Carezco de curiosidad por Mónaco, porque nunca se me ha perdido nada en un casino. Fuera de Europa hay incluso estados sin la más mínima concepción de algo parecido a una nación o a varias. Países incluso con mucho pasado y ningún futuro. Pero lo que desconocíamos hasta ahora era la constitución de una sociedad mafiosa en Estado. Hubo un intento fallido en Sicilia, durante el periodo que va del desembarco aliado en 1943 hasta el asesinato del bandido Salvatore Giuliano en 1950. Los diversos poderes de la mafia trataron de constituirse en Estado independiente, primero, y luego en estado asociado de los Estados Unidos de América, propuesta del propio Giuliano antes de que sus compinches le liquidaran.

La primera aportación del siglo XXI al derecho internacional - que sospecho debe ser la rama que se ocupa de estas cosas- es la constitución de una sociedad, que sólo existe bajo la forma de comunidad mafiosa, en Estado. Ya sé que la clase política y los ministros de Asuntos Exteriores se lo explicarán de otra manera porque esas cosas tan obvias no se dicen. Del tamaño de Asturias, Kosovo es una sociedad que tiene dos fuentes de ingresos. Una, muy limitada, procede de los miles de trabajadores albanokosovares que se rompen los cuernos trabajando honrada e intensamente por América y Europa - sólo en Suiza hay doscientos mil- y que mandan buena parte de sus ahorros a los familiares que se quedaron. Lo demás es mafia en su triple campo de actuación: droga, prostitución y armas. Sin descuidar los diversos mercados subsidiarios de los tráficos de vehículos, falsificaciones, gasolinas... Kosovo no produce nada. Repito, nada de nada. Y usa como moneda el euro, con una particularidad, son euros enteros,sin posibilidad de fracciones. No existe moneda fraccionaria de euro.

Kosovo no es sólo un producto de la última guerra balcánica y de la deriva del naufragio de Milosevic. Pocas veces en la historia un megalómano asesino sirvió a tal cantidad de intereses, inconsciente de su doble papel, de criminal y de destructor social. (La historia está llena de criminales que construyeron estados, y no voy a citar nombres para no herir sensibilidades.) La destrucción de Yugoslavia no fue obra de Milosevic, sino de las potencias interesadas en que Croacia fuera estado. Milosevic consiguió hacer de Serbia un país odiado, cosa que tenía escasos precedentes. Luego quedó todo ese puzzle que ahora no se sabe muy bien cómo encajar. La República de Macedonia, una invención tan frágil como las probetas de los laboratorios. Bosnia-Herzegovina, en trance de replantearse qué hacer con sus límites y dónde meter la verruga serbia de Srpska. Montenegro, aislada, como estuvo siempre; acabarán declarándola parque natural europeo y sus habitantes se disfrazarán de guardabosques con cargo a la Unión Europea. Eslovenia es otro mundo y siempre lo fue; seiscientos años vieneses le dejaron un aire triestino, bello y calmo.

Es curioso, todos los sionistas de regadío que pululan por estas tierras consideran que el derecho a decidir de los kosovares va a misa, nunca mejor dicho, pero el de los palestinos, que llevan más de medio siglo intentándolo, no es posible por razones históricas, tan legendarias como la Biblia. Kosovo forma parte de la historia serbia con una evidencia tal que no tiene parangón con nuestras identidades exageradas, cuando no inventadas, por los historiadores del siglo XIX. No es sólo la batalla del Campo de los Mirlos, que ya reseñé hace un par de años durante mi visita a Kosovo, son las iglesias ortodoxas más representativas y antiguas, muchas de las cuales han sido arrasadas por los militantes albaneses del UCK, el ejército montaraz de base mafiosa sobre el que se construyó el partido vencedor de las ultimas elecciones. Y su primer ministro, Hashim Thaci, más conocido por sus hombres como la Serpiente,cuyo único bagaje político consiste en hablar inglés fluidamente y servir como intermediario pagado de las fuerzas de Estados Unidos.

¿Qué hacemos cuando un territorio cambia de habitantes? ¿Construimos estados según el sueño neocon,a partir de las creencias? Kosovo tenía hasta los años veinte un 60% de mayoría serbia. La Gran Albania que promovió Mussolini invirtió los términos y la expulsión de serbios los convirtió en minoría que fue aumentando durante el régimen de Tito, porque se trataba de una región pobre y abandonada del poder central en Belgrado. Basta para comprobarlo con pasear por las dos grandes avenidas que conforman Pristina, la una se llama Madre Teresa - Teresa de Calcuta nació aquí- y la otra, Presidente Clinton; los bombardeos norteamericanos consiguieron la retirada del ejército serbio. Las manifestaciones independentistas en Kosovo exhiben la enseña de Estados Unidos. Ahora están en el trance de ir pensando en una bandera propia, un himno, una historia para adoctrinar a los niños, incluso el idioma, un albanés muy diferente al que normalizó el siniestro Enver Hoxha en 1972 y que respondía a la variante dialectal de su lugar de nacimiento, en el sur de Albania.

No es fácil encontrarle un encaje a Kosovo porque ni siquiera la peculiar independencia de este enclave mafioso supondrá cambio alguno fuera del corte umbilical con Serbia. Habrán de seguir los 17.000 soldados de la OTAN y toda la inmensa tropa de empleados y funcionarios de organizaciones que tratan de ordenar lo inordenable, conviviendo cotidianamente con las mafias locales sin las que no podría ni hacerse servir el móvil. Hasta el jefe de Gobierno albanokosovar Hashim Thaci, la Serpiente,sostiene que deberían quedarse como mínimo hasta el 2015, pues nadie mejor que él sabe que las votaciones que abocaron a su victoria y a la independencia tuvieron una participación que no alcanzó el 40% en un país donde los censos y los registros de vida y defunción han sido quemados.

Ni es el derecho a decidir, ni la autodeterminación, ni la identidad albanesa, ni demás zarandajas que nos inventemos. La creación del estado de Kosovo es una decisión de Estados Unidos de América, que desde 1992 se propuso convertir Albania en su cabeza de puente hacia el sudeste de Europa. La base más importante del ejército norteamericano en la región está situada al sur de Tirana. Todo parece preparado para que la declaración unilateral de independencia tenga lugar tras las inminentes elecciones en Serbia, para evitar que la auténtica razón de la medida - cerrar todas las vías a Serbia, aliado histórico de Rusia- genere una reacción en los comicios serbios que vuelva a hacer aparecer el espantajo de la guerra.

De un tiempo a esta parte, la diplomacia no es la forma de resolver conflictos entre estados, sino el modo de crearlos para darle una oportunidad a la guerra.