¡Despierta, De Gaulle, se han vuelto locos!

Por Nicole Muchnik, pintora y escritora (EL PAÍS, 07/11/07):

No hace falta haber sido gaullista para interrogarse acerca del giro de 180 grados dado a la política exterior francesa por Nicolas Sarkozy. De 1966 a 2006, año más año menos, bajo las presidencias sucesivas de De Gaulle, Pompidou, Giscard, Mitterrand y Chirac, Francia, para mayor regocijo de los franceses, disponía de un contraejemplo del que mantenerse alejada: los Estados Unidos de América.

Ahora bien, las cosas han cambiado con Nicolas Sarkozy. “Francia no se opondrá a la apertura de nuevos capítulos de la negociación entre la Unión Europea y Turquía” afirmó Sarkozy en su alocución del 27 de agosto último. Pero, ¿no era Turquía la cabeza de puente de los Estados Unidos en Europa?

En cuanto a Irán, Francia consideraba la situación en ese país como un asunto interno que acarreaba algunas molestias -solidarizarse o no con Salman Rushdie o con los Mujaidines del Pueblo instalados en la banlieue de París-, pero tanto la prudencia habitual de los gobiernos franceses como la consideración de poderosos intereses económicos, habían llevado a unas relaciones fructíferas entre ambos países. Entre 2000 y 2007, Francia invirtió 30.000 millones de dólares en Irán, a través de empresas como Renault, Peugeot, Citroën, Alcatel y Total, situándose así entre los primeros inversores en el país. Sin embargo, tan pronto como George W. Bush se refirió al “holocausto nuclear” en caso de que Irán consiguiese la famosa bomba, Bernard Kouchner declaró fríamente, el 16 de septiembre pasado, que la comunidad internacional debería “prepararse para lo peor” en relación a ese país, es decir “la guerra”. Para Sarkozy, “un Irán dotado del arma nuclear inaceptable” se convierte “en la amenaza más grave hoy día para el orden internacional”, y se expone, pues, a ser bombardeado. Kouchner explicó luego que “el bombardeo de un país se llama, por lo general, guerra”. Bueno, quizá sea lícito recordar que fue cuando Irak abandonó el dólar, el billete verde, como divisa de pago cuando se produjo la beligerancia americana.

Hablando de Irak, “no hay grandes desacuerdos franco americanos” declaró en Bagdad el ministro de Asuntos Exteriores durante un viaje sorpresa el pasado mes de agosto. Kouchner dijo que Francia tenía un papel particular que desempeñar en la zona, dado que “los americanos no pueden salir de esta situación por sus propios medios”. La prensa de Bagdad fue unánime en interpretar ese viaje del ministro como una muestra de la voluntad de Francia de volver a implicarse en Irak y una aprobación tácita de la invasión americana, ya que, planeada y protegida por tropas de elite francesas y por los peshmergas kurdos, la visita de Kouchner incluía un aterrizaje en el aeropuerto de Bagdad y saltos a la Zona Verde, lugares controlados ambos por los americanos.

¡Extraña política esta de aportar un inesperado apoyo a un presidente americano en caída libre! Como ha escrito Jacques Julliard en el Nouvel Observateur, si este cambio brutal “es lo que se jugó en el picnic de Sarkozy con la familia Bush, el precio del perrito caliente salió caro”.

No necesariamente. Según Le Monde, Total firmó el pasado 10 de agosto un acuerdo con la petrolera americana Chevron para explotar conjuntamente el inmenso campo petrolífero de Manjún, en el sudeste de Irak, una vez ratificada una ley de hidrocarburos del gobierno iraquí. El 14 de agosto, la prensa anunció que Chevron y Total se habían puesto de acuerdo para lanzar una oferta común para la compra de derechos petroleros en Irak.

Desde los años de De Gaulle la imagen de Francia, considerada pro árabe, no paraba de deteriorarse en Israel; ahora, sin embargo, las declaraciones de Sarkozy y de Kouchner contribuyen a un claro cambio de actitud en este último país. Después de reunirse con Tsipi Livni, su homóloga israelí, Kouchner, doctor honoris causa de la Universidad Hebrea de Jerusalén, reconoció a Israel “el derecho de defenderse y de garantizar la seguridad de sus ciudadanos”, algo que no puede serle reprochado. Pero, atención al detalle, el ministro francés no condenó la política de implantación de nuevas colonias en los territorios palestinos ocupados exigida por los extremistas israelíes. O la ramificación de autopistas que desmenuzan las tierras de los palestinos y destruyen su precaria economía.

Resulta que, como George Bush, Nicolas Sarkozy cree que “el primer reto” al que debe hacer frente Francia es “una confrontación entre Islam y Occidente”. Es en este contexto, la defensa de nuestra civilización, donde aparece la idea de reincorporar Francia a la OTAN. Según un informe de Hubert Védrine solicitado por Sarkozy, las “élites francesas”, se sentirían tentadas, “pese a ciertos desacuerdos”, por un retorno de Francia al mando de una OTAN reformada, lo que incluiye, por ende, la instalación de bases militares en territorio francés. Esas mismas bases que fueron expulsadas por De Gaulle en 1966.

Quizá el único aspecto simpático de este espectacular giro político propulsado por el nuevo titular del Elíseo sea la reciente y muy notable conversión de Sarkozy a la causa ecológica de Al Gore. ¡Otro americano!