¡Es la guerra, más madera!

Por José Antonio Bueno, socio de Europraxis (EL PERIÓDICO, 13/10/08):

El pánico se define como una sensación repentina de terror sin motivo que lleva a paralizar la razón. De igual forma que hay personas que tienen un accidente de tráfico mortal porque entra una avispa en su coche, se está extendiendo un clima de alarmismo que en nada favorece la situación financiera global. O se corta de raíz la insensata ola de declaraciones, opiniones y reflexiones catastrofistas o nos haremos daño.
En los últimos días se han leído, visto y oído noticias que confunden y que contribuyen a generar una peligrosa desconfianza. Ha llegado a la calle un debate masoquista respecto a si tal o cual banco es seguro o si peligran las pensiones.

EN ESA LÍNEA se han de entender las medidas excepcionales que gobiernos y bancos centrales están realizando con el único ánimo de calmar los ánimos. No cabe duda de que el mundo se ha movilizado ante la posibilidad de caer en un abismo muy profundo (del que antes o después saldríamos pues no hay mal que cien años dure). No caeremos, mantengamos la calma.
Hablar del Fondo de Garantía de Depósitos es traer al primer plano la posibilidad de quiebra de bancos. Es lo mismo que las capitulaciones matrimoniales, se leen antes de plantear un divorcio, o las cláusulas de un contrato laboral, se analizan solo en caso de conflicto. La sola mención de este mecanismo ha abierto la caja de los truenos, amplificada por algunos medios de comunicación (y políticos) que buscan la noticia cuanto más ruidosa, mejor.
Olvidémonos de Estados Unidos. Su sistema financiero está fatal, el dólar acabará despeñándose y seguirán cayendo bancos en nuevas oleadas de fallidos productos sofisticados. ¿Y qué? Debemos tener muy pero que muy claro que nuestro sistema financiero está mucho más sano que el norteamericano, el inglés, el suizo o el alemán. Nuestros pecadillos son veniales, en un entorno de pecadores profesionales compulsivos. Pero si nos empeñamos en sembrar el germen de la desconfianza esta acabará brotando. La decisión de ampliar la garantía de depósitos a 100.000 euros es innecesaria, nuestro sistema financiero es solvente, pero conveniente, para que nos olvidemos de la potencial quiebra de cajas y bancos.
No es la primera vez que hay una crisis financiera o bancaria. La novedad es que se está retransmitiendo en directo, y muchas veces más que informar se distorsiona. La crudeza de la situación en EEUU no llegará nunca a España. Son escasísimos los casos en los que ha sido utilizado el fondo de garantía de depósitos en España, siempre en entidades muy pequeñas y pésima, cuando no dolosamente, gestionadas. No podemos olvidar que en la crisis de 1993 la morosidad del sistema rozó el 10%. En la actualidad estamos alrededor del 2%. Y en 1993 no hubo pánico.
La solución siempre han sido, y serán, las fusiones o, en el extremo, intervenciones. Quien ha perdido en estos casos han sido los accionistas, pero nunca los clientes. Garantizar “el 100% de los depósitos” como han hecho Grecia, Irlanda, Portugal, Islandia y Alemania es un brindis al sol: técnicamente no es viable, pero en este entorno de pánico algo así hay que hacer como efecto placebo. Esta decisión solo persigue devolver la confianza a unos mercados más cercanos del pánico que de una actuación reflexiva. Las decisiones del Eurofin y de los gobiernos demuestran que se quiere aplacar la ansiedad de los ciudadanos, pero las actuaciones unilaterales demuestran la fragilidad de la Unión Europea. Tenemos una moneda común, una política monetaria común, pero no actuamos de forma unívoca.
Más allá de las necesarias mejoras de la Unión Europea hay que decir alto y claro que en España NO HAY PELIGRO con nuestros depósitos. Otra vez: NO HAY PELIGRO. Ahora que más del 90% de la población puede dormir tranquila (menos del 10% de familias españolas tienen depósitos superiores a 100.000 euros por titular) hemos de concentrarnos en lo importante: dinamizar la actividad econó-
mica. Dejemos nuestros ahorros donde están. No hay mejor sitio. Lo siento por la prensa amarilla. El resto de medidas… de nuevo innecesarias, pero convenientes. Seguro que hay que facilitar alguna fusión selectiva, pero el sistema no necesita 30.000 millones o 50.000 millones de euros para absorber activos. Si trae tranquilidad, bienvenida sea. Pero ese dinero (o dineral) debería ir a facilitar fusiones y, sobre todo, a la economía real.

BANESTO ha sido el primero en publicar resultados trimestrales, como siempre, y son un 12% mejores que en el 2007. Sus competidores presentarán resultados muy probablemente en un orden de magnitud similar y las caídas, si las hay, serán en pocas entidades e inferiores al 10%. ¿Es este un sector en crisis? ¿Cómo pueden leerse entonces las caídas de ventas de automóviles (-22% acumulado)? ¿Y las de bienes de consumo? ¿Y las de la construcción? Curiosamente, se ayuda a quien no lo necesita, y todo por complacer a una audiencia que, presa del pánico, no se para ni un segundo a reflexionar. Cierto es que el sector bancario ocupa y preocupa, porque es motor de la economía y porque todos somos clientes. Pero olvidémonos de él. Es el mejor favor que le podemos hacer a la economía, preocuparnos de la crisis económica y olvidar la bancaria porque simplemente no existe.