¡Olmert y Peretz, a casa!

Por Samuel Hadas, analista diplomático. Primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede (LA VANGUARDIA, 02/05/07):

Un nuevo tsunami político sacude Israel. El informe parcial de la comisión investigadora de la actuación del Gobierno y del ejército en la guerra de Líbano del verano pasado, presidida por el ex juez Eliahu Winograd, hecho público el lunes pasado, es devastador. La segunda guerra de Líbano, considerada hoy el mayor fallo en la historia militar israelí, ha sido un fiasco monumental, del que son responsables el primer ministro, Ehud Olmert, el ministro de Defensa, Amir Peretz, y el anterior jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el general Dan Halutz. La comisión Winograd se ha detenido sin dar el ultimo paso. Y aunque no exige a Olmert y Peretz sus respectivas renuncias (el general Halutz ya había renunciado con anterioridad), les ha señalado claramente la puerta de salida. Al no exigir su renuncia, por cuanto no estaba facultada para ello, ha cedido la palabra a la opinión pública.

Según la comisión Winograd, que no escatima graves y contundentes calificativos, Olmert ha fracasado en lo concerniente a la evaluación, responsabilidad y prevención de la guerra, por lo que es el responsable a nivel ministerial y personal del grave fracaso. Pero también al Gobierno en pleno le cabe parte de la responsabilidad del fiasco, por cuanto votaron y aprobaron decisiones sin conocer a fondo los programas y el marco conceptual en que se movieron las fuerzas armadas.

Ahora debemos esperar el informe final de la comisión, antes de fines del verano. El informe publicado anteayer sólo cubre los primeros cinco días del conflicto, así como la actuación de gobiernos anteriores desde la retirada israelí del sur de Líbano, en el 2002, a los que no se exime de responsabilidad en lo concerniente a la falta de preparación adecuada. El informe definitivo cubrirá los 33 días de la guerra y se esperan críticas no menos severas en lo que concierne a la conducción de la guerra, sobre todo en sus últimos días, en los que el Gobierno y el ejército adoptaron resoluciones controvertidas. Pero los israelíes no esperan a su publicación.

La dramática reacción de una colérica e irritada opinión pública ha sido fulminante.

Ya con anterioridad a la publicación del informe, al trascender algunas de sus conclusiones, se hicieron oír las primeras reacciones. Para la gran mayoría de los israelíes, el informe Winograd ha minado sin remedio la autoridad moral del Gobierno. El Haaretz,indudablemente el periódico de mayor prestigio, exigió la renuncia de Olmert aun antes de conocerse el texto íntegro del informe. “La conclusión de los israelíes es inequívoca – escribe el periódico-, la seguridad del país no debe quedar en manos de personas que fallaron, sobre todo ante las amenazas pendientes”, refiriéndose a la reanudación de hostilidades con los palestinos o con Hizbulah, un nuevo estallido con Siria o la amenaza estratégica representada por el régimen teocrático iraní. Uno de los analistas israelíes de mayor peso, Nahum Barnea, que acaba de recibir el premio Israel por su larga y brillante carrera periodística, considera que Olmert debe irse, porque de lo contrario “nunca más habrá responsabilidad personal en este país”.

No transcurrieron sino unas horas de la presentación del informe cuando una canción titulada ¡Olmert y Peretz, a casa!,ya se había hecho popular en las emisoras de radio israelíes. Dos de cada tres israelíes exigen la renuncia de Peretz y Olmert. En la propia coalición gubernamental ya se oyen voces llamando a Olmert y a Peretz a “encontrar el camino hacia fuera”. Pero ni Olmert ni Peretz tienen intención de hacerlo aunque la rebelión que se gesta en el partido del primer ministro, el Kadima, por una parte, y las elecciones internas en el laborismo, previstas para fines de mes, por la otra, podrían hacer cambiar de idea a ambos. De cualquier manera, en las elecciones internas para el liderazgo del partido Laborista se da por seguro que Peretz no será reelegido líder del partido. Este lunes pasado, el ministro laborista y secretario general del partido, Eytan Cabel, renunció a su cargo en el Gobierno no sin hacer una llamada a su primer ministro “a seguir sus pasos”.

Una de las víctimas de la crisis será lamentablemente el proceso de paz con los palestinos, que podría sufrir un retraso hasta que pueda recomponerse la credibilidad del Gobierno, en el caso de que supere la crisis, o haya que esperar a su reemplazo por otro, lo que podría llevar meses. Cuando parecía reabierta la ventana de oportunidad, como resultado de la iniciativa de paz saudí refrendada el mes pasado por la Liga Árabe, pero, sobre todo, por la renovada implicación de la diplomacia norteamericana en la solución del conflicto palestino-israelí, difícilmente pueda avanzarse en los próximos meses.

No es el principio del fin, sino el fin del principio. En semanas o meses, sabremos si, al igual que después de la guerra de Yom Kipur, de octubre de 1973, la sociedad israelí retorna al centro del escenario y demuestra la misma fortaleza y determinación con que envió entonces a casa a los responsables de una guerra que pudo evitarse. Cuando eso suceda, podrá deshacer otro entuerto y comenzar de nuevo.