¿A qué jugamos?

Por José Ibarrola Sabel Urkijo, Gersto por la Paz (EL CORREO DIGITAL, 24/09/06):

A nadie se le escapa que modificar comportamientos, estructuras mentales, formas de socialización, etcétera, de un colectivo que, aunque compartiendo espacios con el resto de ciudadanos, ha creado su propio mundo paralelo y lo ha alimentado y fortalecido durante muchos años, es una tarea sumamente difícil. Por esto, suponer que quienes han considerado durante toda su vida que asesinar a quien piensa diferente es algo justificable e, incluso, necesario, van a dar de la noche a la mañana ese salto vertiginoso hasta creer firmemente que sólo con el convencimiento de la palabra y la voluntad mayoritaria de la comunidad diversa y plural se pueden llegar a acuerdos, es un poco ingenuo. Pero eso no nos debe llevar al pesimismo, sino simplemente a ser conscientes de que tiene que pasar mucho tiempo hasta que ese colectivo verdaderamente se integre en el resto de la sociedad. Este es un problema real, pero que, bajo ningún concepto, puede ser un obstáculo insalvable para poder avanzar hacia la consecución de la paz.

Parece ser que un número considerable de personas de la llamada izquierda abertzale, por los motivos que sean -por desgracia, es posible que no sean razones morales ni de ética política- ha estimado que el uso del terror ya no es válido y que hay que abandonar esa estrategia. Evidentemente, el debate no es moral porque este aspecto queda fuera de sus coordenadas, sino que es político y estratégico. Por eso, es absolutamente necesario que esa izquierda abertzale demuestre que es real su deseo de abandonar la violencia, porque sus palabras hace muchísimos años, concretamente desde el primer disparo, perdieron su sentido y su valía. Ahora, cuarenta años más tarde, sólo valen los hechos.

Es imprescindible que la izquierda abertzale defina claramente cuál es su apuesta: si la política o si la violencia; lo que ya no vale a estas alturas es que sigan jugando con las dos barajas. Tenemos que hacerles entender que la baraja marcada ya no sirve en esta partida. Si su apuesta es por el futuro que entre todos queramos para Euskal Herria a través de la política, tienen que desvincularse del uso de la violencia y esto, entre otras cosas, pasa por no justificar ni contextualizar su ejercicio. Sus dirigentes no tiran el cóctel molotov, pero una justificación de su uso supone un amparo del delito que propicia su persistencia. Si su apuesta por el futuro es que para dejar de matar y amedrentar tienen que conseguir determinadas prebendas y, si no, ‘mirad lo que seguimos siendo capaces de hacer’, pues, la verdad es que, entonces, poco ha variado la situación por mucha ‘generosidad política’ de la que quieran presumir. Si realmente esto es así, los planteamientos son exactamente iguales que los de hace unos años.

Señores y señoras, para jugar esta partida, lo primero que hay que demostrar es que no se van a hacer trampas. Si hay un alto el fuego permanente, hay un alto el fuego y todo el mundo entiende (la llamada izquierda abertzale también, como lo demostró los primeros meses después de la declaración) que eso significa que desaparezcan todo tipo de actos violentos. Si la normalización supone que normalmente cada fin de semana se quemen varios autobuses y cajeros, se aporree a quien se resista y ya veremos si se les ocurre algo más pues es una normalización bastante anormal para estar en un periodo de alto el fuego permanente. Esa normalidad es la de antes de la declaración. Hay que rebelarse contra la normalidad del molotov que nos quieren vender. Es inaceptable y no tiene justificación alguna.

Cada cual vende la moto que quiere y es evidente la moto que está vendiendo la izquierda abertzale: nosotros nos hemos movido y no recibimos respuesta. Una dosis más de victimismo. Como se ha comentado, ese movimiento está por demostrar. Pero, además, hay otra cuestión sobre la que debemos pararnos todos a pensar: ¿por qué hay voces de políticos demócratas que tratan de amparar de alguna manera esa ‘moto-tesis’ de la izquierda abertzale pidiendo reiteradamente movimientos al Gobierno? ¿Existirá algún tipo de hechizo que les haga pensar que en este momento el Gobierno tiene que seguir los pasos que marca la izquierda abertzale? Entrar en el planteamiento que propone la izquierda abertzale de yo hago esto a cambio de esto otro, en un proceso de regateo como si de un mercadillo se tratara, flaco favor haría a la democracia. En primer lugar porque se obviaría la superioridad moral de la democracia frente al terrorismo. Y, en segundo lugar, porque en este regateo, como se está demostrando, el mundo ligado a la violencia de ETA reclamaría sus máximas aspiraciones (territorialidad, autodeterminación, etcétera). ¿Por qué no, si es un toma y daca? Pues, sencillamente, porque en una democracia el terrorismo no puede suplantar la voluntad de los ciudadanos. Ni más, ni menos. Sólo con la voluntad de los electores expresada libremente se alcanzarán los objetivos políticos y sociales que desee esta sociedad.

Estos movimientos de ojos que inclinan la mirada hacia el Gobierno en lugar de seguir mirando a quien realmente se tiene que mover, enrarecen la partida. Quienes apoyan el uso de la violencia, tienen que tener claro que nosotros, la gran mayoría, deslegitimamos absolutamente el terrorismo porque creemos en nuestras reglas (por mejorables que sean) y con ellas, sólo con ellas, debemos jugar esta partida.