¿Final de la primavera industrial?

Los últimos datos sobre producción industrial en España muestran una preocupante tendencia bajista en un sector que había comenzado a recuperarse con cierta intensidad al socaire de la demanda exterior. Su caída en abril en España (-4,1%, aunque este valor está distorsionado por la Semana Santa) refuerza la moderación que ha tenido lugar desde enero, tendencia corroborada por la caída del empleo industrial en el primer trimestre del 2011 (del -2,3%), de la afiliación (de enero a abril, un -2,6% en relación al año anterior) y el aumento del paro registrado, del 4%.

¿Qué está sucediendo? Los elementos que contribuyen a explicar esta creciente percepción de frenada del proceso de recuperación proceden tanto del interior como del exterior del país. En el ámbito de los primeros, dos botones de muestra son indicativos del origen de los problemas por los que atraviesa nuestra industria. Así, las demandas al ministro de Industria, Miguel Sebastián, por parte de la patronal ANFAC, del sector del automóvil, urgiéndole la recuperación del plan Prever para frenar la espectacular caída en las matriculaciones de vehículos de turismo (desde julio del 2010 a mayo del 2011, un retroceso mensual medio superior al -27%).

El segundo, la propuesta, en la famosa ley ómnibus del Govern de Artur Mas, de suprimir las restricciones al uso de motocicletas en espacios naturales y la reducción de la edad para conducir determinados modelos de las mismas, como medidas de apoyo y estímulo a un sector especialmente afectado por la recesión.

El factor común en ambos casos, y que podría ampliarse a otros bienes duraderos, es la atonía del consumo privado que, en el primer trimestre del 2011, ha aumentado a un ritmo anual del 0,7%. Este es, ciertamente, un avance muy reducido, reflejo de las incertidumbres de los hogares y del reducido crecimiento de su renta, tanto por la caída del empleo como por el efecto drenaje que provoca el aumento de precios. Por ello, no sorprende que Elena Salgado se haya opuesto frontalmente a la Comisión Europea en su recomendación de elevación del IVA y subsiguiente reducción de cotizaciones sociales. Sin entrar en los aspectos redistributivos que tal permuta generaría, la oposición de la vicepresidenta responde a la creciente preocupación del Gobierno de Rodríguez Zapatero sobre el débil tono que muestra el consumo familiar y, por tanto, de los ingresos fiscales a él vinculados, lo que está presionando sobre el objetivo de déficit al que nos hemos comprometido para el 2011, en torno al 6% del PIB.

En suma, problemas en el consumo interno, probables tensiones en la recaudación, y, finalmente, dificultades en la producción industrial, un sector sobre el que habíamos depositado tanta confianza en el liderazgo de la recuperación, definen un cóctel poco estimulante.

Y ¿qué sucede en el ámbito exterior? De la información conocida sobre la producción industrial, quizá lo más preocupante sea la caída de la de bienes intermedios, porque constituyen el grueso de las exportaciones industriales al resto del mundo (algo más del 50% tanto en Catalunya como en España). Todo apunta a que esta caída se expresará en una reducción del intenso avance de las ventas exteriores de productos manufacturados que, entre enero y marzo del 2011, aumentaron a una tórrida tasa interanual del 23,4% para España, y del 18,4% para Catalunya. Un ritmo de avance más que elevado, habida cuenta de lo que ha llovido estos últimos años, y que, en el caso español, incluso excede el alcanzado entre septiembre y diciembre del 2010 (+19,4%), aunque en el caso de Catalunya parece observarse una cierta flexión (20% de aumento de septiembre a diciembre del 2010). Esta esperable moderación en las ventas al exterior expresa la flexión de los indicadores de producción industrial en los grandes países, desde China a Estados Unidos o Alemania y el área del euro. En definitiva, dificultades de la demanda de consumo interna y vientos de cara en el frente exterior dibujan un panorama industrial menos positivo del que esperábamos con el cambio de ejercicio.

Al lector interesado, y a los políticos que nos dirigen, estos datos deberían sugerir la necesidad de avanzar, lo más rápidamente posible, articular y consolidar los cambios y las reformas que el país precisa. Como les decía hace unas semanas, el horizonte se ha oscurecido en el ámbito financiero del euro. Y, por cierto, la última propuesta alemana de reestructuración de la deuda griega lo ensombrece todavía más. A ello hay que añadir este viento más frío procedente del sector industrial de la economía global.

Por favor, no perdamos el tiempo. No sea que la ventana de oportunidades que la recesión nos ha dado desde que estalló la crisis de la deuda soberana se vaya a cerrar. Con lo que llueve en EEUU, Gran Bretaña y la creciente reducción del crecimiento en los países emergentes, ello no es, en absoluto, impensable. Las cosas están mal, cierto. Pero, como dijo Murphy, todo es susceptible de empeorar.

Josep Oliver Alonso, catedrático de Economía Aplicada, UAB.

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