¿Importa la prevención?

Por J. Ruiz, Cosme A. Luzarraga, Fernando Bastida, Javier Tuñón y Daniel Pérez, técnicos en Prevención de Riesgos Laborales (EL CORREO DIGITAL, 07/01/07):

Una vez más los accidentes laborales son noticia, una vez más estos accidentes vuelven a golpear principalmente al sector de la construcción, y una vez más vuelven a incidir en las mismas causas: la falta de medidas de prevención.

Pero para admitir que faltan medidas de prevención debiéramos tener bien claro qué es la prevención de riesgos laborales. Una de las definiciones teóricas de la prevención, y ya en desuso podría ser: «El conjunto de técnicas encaminadas a preservar la integridad física y psíquica de los trabajadores mientras desempeñan sus tareas». Pero como ya hemos dicho, esta definición está actualmente en desuso y bien podíamos sustituirla por la siguiente: «El conjunto de técnicas encaminadas a disponer de todos los documentos necesarios que demuestren que hacemos prevención». En otras palabras, hemos pasado de intentar evitar que un trabajador se caiga a preguntarnos si contamos con todos los ‘papeles’ por si acaso es trabajador se cae.

En la construcción, todos esos ‘papeles’ no son otros que: el estudio de seguridad (no importando que el texto que contiene esté redactado para la construcción de una presa, cuando lo que hay que construir sea un edificio), el plan de seguridad (que basándose en el primero no mejora mucho las medidas de prevención a aplicar, o que simplemente es una copia-pega de otros planes), la formación e información de los trabajadores (sin importar si dicha formación ha tenido en cuenta que los trabajadores pueden ser portugueses, chinos o de Amoroto), los certificados que acrediten que la maquinaria cumple con la normativa vigente (aunque luego en un simple vistazo se pueda comprobar que la citada maquinaria estuvo ya en la Primera Guerra Mundial), las autorizaciones de manejo de las máquinas anteriores (que implican una formación teórico-práctica que consiste en decir: ‘aquí un trabajador, aquí una excavadora’), etcétera.

¿Qué nos ha llevado a esta situación? Evidentemente no hay una sola causa, sino un sinfín de ellas, y todas parten de la base de que el accidente es inevitable. Esta creencia, cómo no, está más asumida en el sector de la construcción. Claro está que una persona que de veras se preocupe por la prevención no puede aceptar esta premisa y por ello es imprescindible que asumamos que el accidente de trabajo se puede evitar, ¿pero cómo?

Desde el empresario al trabajador, pasando por la Administración y los medios de comunicación, todos nos debemos implicar en la solución de esta lacra. Mientras sigan existiendo plazos ajustados para la entrega de las obras, nos preocupemos sólo de los papeles, se utilicen fotografías con claras deficiencias de prevención para ilustrar artículos que nada tienen que ver con ésta, o haya anuncios que para vender una furgoneta utilicen las deficiencias reales o ficticias de las obras, haciendo caricatura de un tema serio, o se siga utilizando la prevención como arma arrojadiza, casi siempre después de un accidente, no vamos por buen camino.

Deberíamos ser capaces de crear una cultura de la prevención, con campañas serias encaminadas a concienciar a toda la ciudadanía, con formación real y eficaz de los trabajadores, con un seguimiento y control exhaustivo de las condiciones de prevención de las obras, pero para ello deberemos estar en la lucha por la prevención de accidentes, no en la demagogia, o en las medias verdades, o en la poca implicación de las administraciones. La pregunta sería: ¿nos importa la prevención de verdad o es una moda? Porque una cosa es el efecto mediático, que se consigue por parte de la Administración y los sindicatos, cuando se produce un accidente, haciendo esas declaraciones de tipo institucional, serias, graves, tristes (como no podía ser menos tras un accidente mortal) y otra bien distinta estar en el día a día, haciendo un seguimiento de las obras y de todos, todos sus ejecutores, promotores, contratistas y trabajadores.

La Administración creemos que debería tener más medios, más personal cualificado, porque su labor actual es buena pero son pocos y la media de edad de la plantilla es alta, con la jubilación de los más veteranos y preparados a la vuelta de la esquina.

Los sindicatos han de concienciar más al trabajador, ¿o acaso alguien se cree que por el mero hecho de ser subcontratado se está en peligro de muerte? Si así fuera estaría en gravísimo riesgo toda Europa; nadie se coloca en una situación de riesgo por un acto administrativo. Ésta no es la única razón. ¿Se cree alguien que todos los trabajadores, a todas horas, cumplen con todas las normas de prevención? ¿Dónde están los sindicatos los días que no se producen accidentes? ¿Con qué medidas propias, con qué medios, a qué número de trabajadores, con qué actuaciones nos van a sorprender los sindicatos para paliar la siniestralidad? Ya no vale. A estas alturas no está justificado, no se sostiene decir que la culpa es siempre del empresario. Analícenlo los sindicatos y sin demagogias post-morten actúen en consecuencia.

Llueve sobre mojado, pero si no ponemos los puntos sobre las verdaderas íes, seguiremos padeciendo esta lacra durante muchos años, porque culpable del accidente será el que el juez dictamine, pero responsables somos todos.