¿No hemos aprendido nada? / Why won't the Israelis give peace a chance?

Por Amos Oz, escritor israelí. Traducción del inglés de María Luisa Rodríguez Tapia (EL PAÍS, 27/12/06 - THE TIMES, 20/12/06):

El presidente de Siria, Bashir Assad, ha propuesto en repetidas ocasiones entablar negociaciones de paz con Israel, e incluso ha añadido últimamente que no pone ninguna condición previa para negociar; ni siquiera exige que Israel prometa de antemano devolver los altos del Golán. La reacción del primer ministro israelí, Ehud Olmert, ha sido asombrosa. No podemos actuar -ha dicho Olmert- en contra de nuestro amigo, el presidente George W. Bush, que no está interesado en un acuerdo entre Israel y Siria. Por consiguiente, Israel rechaza la mano que le ha tendido Siria.

Hubo una época, cuando Israel aún se comportaba como un país independiente y no como cliente de Estados Unidos, en la que la exigencia de conversaciones directas e incondicionales con los países árabes era el centro de la política israelí en Oriente Próximo. Los primeros ministros David Ben-Gurion, Moshe Sharret, Levi Eshkol, Isaac Rabin y Menachem Begin pidieron que los líderes árabes se sentaran en la mesa de negociaciones sin condiciones previas por ningún lado. Las demandas de cada una de las partes, sostuvo Israel durante decenios, se podían abordar durante las conversaciones.

Ya no es así. Hoy, como respuesta a la apertura siria, Israel ha presentado una lista de condiciones previas. Siria debe expulsar a la dirección de Hamás. Siria debe cortar sus lazos con Hezbolá. Siria debe dejar de acosar a nuestros aliados estadounidenses en Irak. Siria debe poner fin a su alianza con Irán. Siria debe desistir de su concentración de tropas en el frente del Golán. Todo eso tiene que estar hecho antes de empezar las negociaciones.

Si Siria cumpliera todas esas condiciones, Israel no necesitaría negociar el futuro del Golán. Es más, si Siria aceptase todas las condiciones previas que exige Israel, la paz sería superflua.

Israel ocupó los altos del Golán en 1967, en respuesta a un ataque sirio. Desde entonces, Siria ha exigido la devolución de su territorio e Israel que el régimen de Damasco reconozca su existencia, detenga las hostilidades y viva en paz con el Estado judío. Hoy, Israel exige, como condición previa, que Siria conceda todo lo que tiene que conceder antes de sentarse a hablar. Es una demanda desproporcionada. Y más desproporcionada aún es la razón que da Israel para despreciar la mano que le tiende Siria: no podemos negociar con los sirios porque eso pondría al presidente Bush en una situación incómoda dentro del debate interno que está manteniendo el pueblo estadounidense sobre la política relacionada con Oriente Próximo.

¿Por qué se inmiscuye Israel en el debate entre halcones y palomas en Estados Unidos? ¿Por qué tiene que dejar de lado su máximo interés nacional -la paz con todos sus vecinos- por las exquisiteces de sus relaciones con un extranjero? Y sobre todo: ésta es la primera vez que un primer ministro israelí ha reconocido -e incluso se ha mostrado orgulloso por ello- que una decisión nacional de importancia suprema está en manos de otro país.

Ya hemos estado en una situación así. En vísperas de la guerra de Yom Kippur, el presidente egipcio Anuar Sadat ofreció a Israel la paz a cambio de la devolución del Sinaí. El incompetente Gobierno de Golda Meir ignoró la oferta por motivos muy similares a los que ahora expone el Gobierno de Olmert. Entonces, en la guerra que siguió, murieron 2.700 soldados israelíes y resultaron heridos varios miles más. Después de la guerra, Israel volvió a recibir de Sadat la misma oferta que antes: paz a cambio de tierras.

¿No hemos aprendido nada?

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Bashir Assad, the President of Syria, has repeatedly offered peace talks with Israel. Most recently he has added that he has no preconditions for negotiations — he is not even demanding that Israel promise in advance to return the Golan Heights. The response of Ehud Olmert has been astonishing. We can’t, Israel’s Prime Minister says, act against our friend, George W. Bush, who has no interest in an accommodation between Israel and Syria.

Therefore, Israel refuses to grasp the hand that Syria has offered.

There were times — when Israel still behaved like an independent country, rather than as a client of the United States — that the demand for direct, unconditional talks with the Arab countries was the heart of Israel’s policy. Ben-Gurion, Sharret, Eshkol, Rabin and Begin all offered to sit at the negotiating table with Arab leaders without any preconditions on either side. That’s no longer the case.

Today, Israel has presented a list of preconditions. Syria must expel Hamas’s leadership. Syria must cut its ties with Hezbollah. Syria must stop harassing our US allies in Iraq. Syria must end its alliance with Iran. Syria must desist from its military build-up on the Golan front. It must do all this before negotiations begin.

If Syria met all these preconditions, Israel would have no reason to negotiate with it on the Golan. In fact, if Syria accepted all Israel’s demands, peace would be superfluous. In 1967, in response to a Syrian attack, Israel occupied the Golan Heights. From that time on Syria has demanded the return of its territory, while Israel has demanded that the Damascus regime recognise Israel, cease hostilities and live in peace with the Jewish state.

Today Israel demands, as a precondition, that Syria give all it has to give, even before sitting down. This is unreasonable. All the more unreasonable is Israel’s justification for spurning Syria’s outstretched hand: we can’t negotiate with Syria because it would put President Bush in a bad position in the internal US debate about Middle East policy.

Why does Israel have to set aside its own supreme national interest — peace with all its neighbours — in favour of the niceties of its relations with a foreign government? This is the first time that an Israeli prime minister has acknowledged, and even taken pride in the fact, that an Israeli decision of huge importance has been placed in the hands of foreigners.

We’ve been here before. On the eve of the Yom Kippur War Anwar Sadat of Egypt offered Israel peace in exchange for the return of the Sinai. Golda Meir’s incompetent Government ignored the offer for reasons similar to the ones given by the Olmert administration. Then 2,700 Israeli soldiers were killed in the war that followed. After the war Israel received from President Sadat the same offer he’d made before the war: peace in exchange for territory.

Haven’t we learnt anything?