¿Por qué son bombardeados los israelíes? Pregunte a Barak

Por Charbel Barakat, coronel jubilado libanés y actualmente consejero en materia de terrorismo del World Council of the Cedars Revolution en Canadá y autor del libro Madamik en el sur del Líbano (GEES, 14/09/06):

Durante la guerra contra Hezbolá, los canales de todo el mundo mostraron imágenes en directo de misiles katiyusha impactando contra casas y apartamentos de Haifa y más allá. Los comentaristas políticos estaban asombrados de ver a la única potencia nuclear de la región y el vencedor de cinco ejércitos árabes recibiendo oleada tras oleada de misiles de “una simple organización terrorista”, llamada Hezbolá. Los analistas se devanaron los sesos preguntando los motivos por los que Hezbolá ha sido capaz de crear un estado dentro de un estado en el Líbano y transformar el sur del Líbano en una fortaleza que amenaza el norte de Israel hasta Haifa y más allá de Haifa, al tiempo que Hassán Nasralah disfruta repitiendo lo mismo en sus discursos grabados. Ciertamente, estas imágenes de destrucción en Israel y el Líbano son problemáticas, particularmente para aquellos que vivieron días parecidos en ambos países a lo largo de las últimas décadas, por no decir más. Pero la cuestión que hoy merece respuesta es, ¿por qué fueron bombardeados los israelíes, y obviamente por qué los libaneses fueron objeto de ataques aéreos?

La pregunta no tiene que ver con los motivos de Hezbolá, sino con el hecho de que Israel, cuyo poder se supone que ha de servir de contrapeso al de Irán y Siria combinados – además de Hamas – está ahora contra las cuerdas en un delicado equilibrio de poderes con una organización al otro lado de su frontera norte. Bien, la respuesta es simple: pregunte al ex Primer Ministro Ehud Barak. Como ingeniero de las políticas de la Zona de Seguridad del Líbano y comandante supremo de la retirada de esa zona en el 2000, es el adecuado a interrogar. La mayor parte de los israelíes y muchos libaneses han olvidado el dilema de finales de los años 90, cuando Israel consideraba la rendición de una zona que comprende cerca del 15% del Líbano, defendida entonces por el Ejército del Sur del Líbano, que era apoyado y abastecido por Israel. La demonización del Ejército del Sur del Líbano (SLA) durante la última década por parte de la propaganda de Hezbolá, Siria e Irán lo convirtió en una horrible “milicia pro israelí” acusada de todo tipo de malas prácticas. Esto no es distinto de las acusaciones lanzadas contra la Alianza del Norte en Afganistán cuando los Talibanes estaban en el poder. La propaganda jihadista internacional destruyó la imagen del Ejército del Sur presionando al estamento político de Israel y a su élite mediática para que hicieran lo mismo.

Dado que el Ejército del Sur del Líbano se componía de chiíes, drusos y cristianos fue la única fuerza en el Líbano, aparte del ineficaz ejército libanés de aquella época, en ser multiétnica y multi religiosa. Además, y en contra de todos los informes interesados redactados por políticos israelíes para legitimar la desaparición de la formación, el Ejército del Sur había impedido todos los ataques de Hezbolá desde 1984 con el mismo valor que su predecesor, el Ejército del Líbano Libre (FLA) de Saad Haddad. El FLA y el SLA más tarde no fueron “creados” por Israel. Se constituyeron a petición de las poblaciones locales, que resistían ferozmente el ataque de la OLP entonces y más tarde de Hezbolá de espaldas a Israel. Las zonas defendidas por el SLA con el apoyo israelí se extendían desde el Monte Hermón hasta el este, pasando por el sur de Tiro hasta la costa. Su extremo más al norte cubría la cima de las Montañas Jezzine, que dan a la Bekaa y al sur y dividen a Hezbolá en dos. La denominada “zona de seguridad”, con sus 120.000 habitantes y 3000 soldados, era una zona libre del Líbano, que libraba la Guerra contra el Terror con sus aldeas y jóvenes, en paralelo a su aliado Israel. Veintitrés años de alianza impidieron que los terroristas procedentes del norte lograsen el control total del Líbano, alcanzasen de lleno a Israel y con el tiempo detonasen sus bombas dentro de Occidente y Estados Unidos.

Pero a partir de 1999, los burócratas israelíes decidieron jugar con la historia y el destino de las naciones. Presuntos investigadores y académicos propusieron al gobierno israelí de entonces de Netanyahu abandonar las cimas de Jezzine sólo para permitir que Hezbolá uniera fuerzas de la Bekaa hasta el sur, enlazando directamente con los suburbios del sur de Beirut. En un solo día, las “brillantes elites” del análisis sobre papel abrieron un camino entre el Mediterráneo y Teherán colindando con Israel. El destino de Haifa quedó sellado ya ese día. Recuerdo haberme reunido con representantes del gobierno de Ehud Barak y sugerir dejar que la resistencia libanesa en el sur del Líbano hiciese frente a Hezbolá. El SLA conoce su lenguaje y sociología. Hezbolá, en todos sus ataques frontales contra las aldeas del sur, fracasó desde el principio. Todo lo que Israel tenía que hacer esa retirarse y mantener abierta la frontera de cara al apoyo logístico de sus aliados del norte. El coordinador de Barak para el Líbano desechó la propuesta y dijo: “nos vamos, el SLA será desmantelado y buena suerte a tu pueblo”. Una delegación del sur del Líbano declaró ante la Knesset, el Ministerio de Defensa y muchos políticos pro-Líbano que si Israel desmantelaba la zona de seguridad, nada ni nadie impediría que Hezbolá alcanzara la frontera y “a su tiempo” paralizase con misiles el norte de Israel. Sin hacer ningún caso, los políticos, los comentaristas y los académicos restantes estaban satisfechos de sí mismos y de su inteligencia. Sólo unos cuantos hombres y mujeres israelíes y un par de profesores advirtieron al gobierno y a la élite de que “la catástrofe” de abandonar al SLA sería enorme. “La sangre se extenderá por Haifa y más allá”, advertía un comerciante del sur del Líbano mientras huía en éxodo a Israel. La profecía se materializó en julio del 2006.

En mayo del 2000, Ehud Barak, orgulloso de desmantelar el SLA y clausurar las fronteras con las aldeas aliadas en el sur del Líbano, declaraba que estaba comprometido con la promesa electoral realizada bajo presión internacional. En una avalancha de entrevistas, decía estar manteniendo la paz de Israel con el sur del Líbano. Ignorando la historia, la geopolítica, y mostrando arrogancia, inició el proceso que llevó fuego y muerte a Galilea y mucho más allá a comienzos del siglo XXI. Jugando con el destino de los dos pueblos entonces, es responsable del drama de hoy. Al ceder a Hezbolá y abandonar a sus aliados, fue para Israel lo que los políticos americanos fueron para América en los años 90: ningún programa. Muchos presuntos intelectuales en Israel atacaron al SLA a pesar de la valiente actitud de los buenos expertos en el Líbano. Ellos también ostentan la responsabilidad de este baño de sangre. Estoy seguro de que impartirán largos discursos acerca de lo acertados que estaban, y lo ineficaz que era el SLA. Sí, pueden hacer eso, pero no nos encontramos ya en la era pre-11 de Septiembre. Americanos, europeos, hindúes, rusos, musulmanes moderados y por supuesto los israelíes han aprendido a qué nos enfrentamos todos: jihadistas letales. Y con los segundos no se juega a política. Las políticas internacionales de hoy en día y los Estados Unidos en particular quieren apoyar a las sociedades civiles que resisten al terrorismo. Barak y su élite fallaron a las sociedades del Líbano y también a los israelíes. Hoy, el ejército israelí lo ha pasado mal avanzando unos cuantos centímetros por una zona de seguridad que un tiempo atrás era amistosa. ¿Por qué? La gente de Nahariya y Haifa prueba hoy lo que la gente de Marjeyun y Rmeish han sentido y han tenido que aprender bajo ello. ¿Por qué? Porque nadie puede librar de terroristas a su entorno como el propio pueblo nativo de él. La Revolución de los Cedros manifestó lo que quiere realmente el pueblo libanés. Desafortunadamente, fue decepcionada, como escribía un autor, por sus propios políticos y por la comunidad internacional.

Pero mientras Israel y Hezbolá están en guerra de nuevo, asumamos la oportunidad de alertar a los legisladores en campaña contra el terrorismo de la oscura realidad de Oriente Medio y el Líbano. Sí, el ejército israelí puede eventualmente alejar a Hezbolá de sus fronteras, y sí, Hezbolá se rearmará y atacará a pesar de la UNSCR 1701. Pero el terrorismo solamente puede ser erradicado del Líbano cuando se permita a su pueblo tomar el control de su destino. Cuando la nueva generación de israelíes se dé cuenta de cuáles fueron las consecuencias de la condescendiente decisión de Barak hacia los aliados más próximos de Israel y lo admita públicamente, entonces Israel tendrá socios de paz y tal vez aliados en el futuro.