¿Reinventar la pólvora?

Por Ariane Arpa, directora general de Intermón Oxfam (LA VANGUARDIA, 19/06/06):

Varias bandas criminales tomaron hace unos días 70 prisiones brasileñas y las calles de São Paulo en protesta por el traslado de presos a cárceles de alta seguridad. Los tiroteos, el ruido de las sirenas, los controles policiales pistola en mano y las patrullas de las bandas metralleta en ristre, aterrorizaron a la población, y convirtieron a gran parte de São Paulo en una ciudad fantasma. La orgía de violencia desatada por esas bandas armadas se llevó por delante la vida de 80 personas.

En Brasil, como en otras muchas partes del mundo, tener armas es muy fácil. Por el país circulan 17 millones de pistolas, rifles, escopetas y otros artefactos similares, y el 90% está en manos de civiles. En los últimos 25 años, esas armas han matado a más de medio millón de personas en ese país, sin que se haya declarado guerra alguna.

A pesar de que la atención internacional esté ocupada en asuntos sin duda tan importantes como la proliferación nuclear, con la vista puesta en Irán, la violencia vista en Brasil – y la que sucede cada día de forma silenciosa en cualquier punto del planeta- demuestra que las armas ligeras son la peor arma de destrucción masiva que existe. Sólo hay que mencionar un par de datos: son las responsables del 90% de las muertes en conflicto, y cada año matan a 500.000 personas, el doble de las que murieron por las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Para poner fin a esta matanza, nuestro Gobierno y los gobiernos de países estratégicamente importantes, como EE. UU., Brasil, Argentina y Sudáfrica, deben dejar de mirar a otro lado y pasar de la retórica a la acción. Y tienen que empezar a demostrarlo en poco tiempo, porque el 26 de junio empieza en Nueva York la conferencia de las Naciones Unidas sobre armas ligeras, en la que se revisará el plan de acción contra el tráfico ilícito de estas armas. Esta reunión debe ser el principio del fin de un comercio que no está sometido a controles lo suficientemente estrictos como para evitar que caigan en manos de violadores de los derechos humanos, genocidas y gobiernos irresponsables que sumen a sus poblaciones en la pobreza. Porque parecerá increíble, pero en un mundo como el nuestro, en el que se puede localizar casi de forma inmediata una maleta perdida en cualquier aeropuerto internacional, no existe, por ejemplo, un mecanismo de rastreo que permita saber dónde va a parar realmente un arma vendida legalmente, como han revelado las investigaciones de organizaciones como Intermón Oxfam, Amnistía Internacional y la red Iansa. De hecho, sabemos que muchos gobiernos hacen la vista gorda y venden armas a gobiernos, grupos armados o individuos sin escrúpulos, a pesar de los embargos y los compromisos (políticos) internacionales que han firmado, como es el caso del código de conducta europeo.

Los gobiernos deben abandonar esta actitud irresponsable, de gestos de cara a la galería, en su próxima cita en Nueva York. Para ser concretos, deberían poner en esta reunión los cimientos de un tratado internacional que regule el comercio de armas. Nose trata de reinventar la pólvora, sino de unir en un solo documento de principios globales los compromisos sobre transferencia de armas que ya han asumido los estados en el marco del derecho internacional.

Esos compromisos van en la línea de la prohibición de venta de armas a países sometidos a embargos internacionales, o donde se esté violando o es probable que se viole el derecho humanitario, o se cometan o se puedan cometer genocidio y otros crímenes contra la humanidad. Antes de autorizar cualquier transacción, los gobiernos también deberían comprometerse a tener en cuenta factores como la posibilidad de que las armas acaben en manos del crimen organizado, que la venta implique prácticas corruptas o que afecte negativamente al desarrollo de países pobres. Aunque parezca mentira, ahora mismo no se cumple nada de esto.

El papel que debe desempeñar el Gobierno español es el de facilitador del acuerdo. El presidente del Gobierno se comprometió hace un año, personal y públicamente, a respaldar la aprobación del tratado internacional, lo que ha colocado a España en la lista de medio centenar de países que lo apoyan. Organizaciones como Intermón Oxfam le pedimos ahora que ejerza un liderazgo positivo para hacer realidad un tratado lleno de contenido, y que actúe como intermediario con países clave, como son los latinoamericanos, para que este nuevo instrumento salga adelante. El reloj corre en contra de cientos de miles de personas que caerán víctimas de otra bala disparada por individuos a quienes nunca se les debería haber vendido un arma.