¿Viene una crisis petrolera?

Por Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos de la UB (LA VANGUARDIA, 02/09/05):

Dominique Villepin, primer ministro francés, esbozó el pasado 16 de agosto las líneas maestras de la nueva política energética de su país. Entre éstas destacan la apuesta por una estrategia de independencia que implica la intervención del Estado y la ausencia de cualquier mención a una política común europea. El discurso se apoyaba en tres líneas argumentales: la convicción de que la actual crisis del petróleo será duradera, el imperativo de mejorar la seguridad energética aumentando la producción nacional, que actualmente cubre el 50 % de las necesidades totales (en España dicho porcentaje es del 20 %), y, por último, el deseo de avanzar en la dirección del desarrollo sostenible y la lucha contra el cambio climático.

¿En qué se basa el Gobierno francés para augurar una crisis petrolera de larga duración? En su intervención, Villepin, constató que las reservas de petróleo parecen frágiles frente a la creciente demanda y la previsible prolongación de las tensiones políticas en Oriente Medio, afirmando que las reservas probadas tan sólo pueden asegurar las necesidades de la humanidad hasta el 2030.

Tras estas palabras parecen adivinarse las conclusiones presentadas este mismo año en un informe del Ministerio de Economía, Finanzas e Industria de la República Francesa, que lleva por título «L’industrie pétrolière en 2004». En este informe se cuestiona abiertamente la viabilidad a largo término de la extracción mundial de petróleo, presentándose numerosos escenarios, en función de que el aumento previsto para la demanda anual varíe entre diferentes cifras comprendidas entre el 0 % al 3,5 % y de que los nuevos descubrimientos oscilen entre 10.000 y 50.000 millones de barriles por año. Los citados escenarios pretenden precisar las fechas en que el bombeo de crudo alcanzará el máximo nivel técnicamente posible, momento a partir del cual la extracción entraría en declive y la demanda superaría a la oferta. Para un ritmo de crecimiento anual de la demanda del 3 % y una adición neta de reservas de 10.000 millones de barriles por año, tal momento, conocido en el mundo del petróleo como «peak oil» o «cenit de la extracción de crudo», tendría lugar en el 2013, coincidiendo con un volumen de bombeo que rondaría los 97 millones de barriles diarios (mbd). En el mejor de los casos, con un incremento del 0 % de la demanda de petróleo, un consumo diario anclado en torno a los 79 mbd y unos descubrimientos del orden de 50.000 millones de barriles anuales, el cenit tendría lugar en el 2125. Lástima que las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sitúan el consumo en el último trimestre del año en curso en 86,1 mbd y que este organismo ha calculado un crecimiento de la demanda para el primer trimestre de este año del 2,2 %. Además, en los últimos 30 años, los descubrimientos de petróleo han promediado alrededor de 14.000 millones de barriles anuales, aunque en años recientes las cifras se han quedado muy por debajo. De hecho, dando por buenos unos descubrimientos anuales del orden de los 10.000-20.000 millones de barriles y las estimaciones de la AIE (World Energy Outlook, 2004) para el período 2002-2030, que prevén un incremento medio de la demanda del 1,6 %, el modelo utilizado en el informe del Ministerio sugiere una fecha para el «cenit» entre el 2018 y el 2027. El informe comentado viene a añadirse a una larga lista de estudios sobre el «cenit de la extracción de crudo», la mayoría de los cuales coinciden en señalar que dicho momento tendrá lugar en la próxima década o en la siguiente. En el mundo anglosajón, tras la actual escalada de precios del crudo, que se prolonga ya por espacio de más de cinco años, el tema ha sido objeto de buen número de libros y es objeto de atención y debate casi diario en universidades y los medios de comunicación más prestigiosos.

Sin embargo, no es habitual que los informes oficiales hagan referencia a la cuestión del «cenit» (a este respecto, el borrador del Pla de l’Energia de Catalunya constituye una agradable sorpresa). ¿Por qué? En los organismos financieros y de la Administración, muy particularmente entre el sector de los economistas, existe un escepticismo generalizado sobre la posibilidad de que la extracción mundial de crudo no pueda ser acomodada de forma sostenida a un consumo creciente. Para ello, se dice, bastaría con desplegar a fondo los recursos técnicos y financieros apropiados y abrir al libre mercado muchas de las regiones clave del planeta. Una visión, en suma, que pone el acento en los recursos de superficie, restando protagonismo a los condicionamientos científicos y técnicos que rigen la explotación de los recursos energéticos fósiles del subsuelo.

Pero la experiencia acumulada durante decenios certifica de forma tozuda la operatividad del concepto del «cenit del petróleo». Basta con analizar, por ejemplo, la historia de la extracción de crudo en el Mar del Norte o en EEUU. Quizás no sepan que, en este último país, actualmente se bombean unos volúmenes similares a los de 1940. Pasado 1970, EEUU perdieron el primer puesto del ránquing mundial, cediendo el protagonismo a la OPEP en el mercado del petróleo. A pesar de las enormes sumas invertidas y de los espectaculares avances técnicos, la extracción entró en declive y nunca ha podido reanimarse.

Sospecho que el futuro del suministro de petróleo se asemeja a un iceberg: lo más inquietante no es la parte visible del día a día en la escalada de precios, sino la sumergida, aún por desvelar, del «peak oil».