20 años tras los Acuerdos de Dayton

En 2015 se cumplen veinte años de la firma del Acuerdo Marco General de Paz en Bosnia y Herzegovina, más conocido como los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a las guerras en el país e iniciaron lo que se conoce como el “gran experimento” de reconstrucción nacional. Lo cierto es que, tras dos décadas de tutela por parte de la comunidad internacional, sigue habiendo dificultades a la hora de consolidar un estado unificado, multiétnico y viable por sí mismo. Efectivamente, por un lado, aun no se ha superado la estructura territorial de 1995, la única posible por entonces. Por otro lado, el pixelado étnico del país es cada vez más acusado, lo que puede ser una fuente de problemas para las próximas generaciones. Finalmente, en cuanto a lo de viable, el hecho es que pocas instituciones son realmente funcionales y el país depende en la práctica de la ayuda internacional. Quizá sea un poco prematuro extraer conclusiones, pero sí que merece la pena profundizar en cada uno de los anteriores aspectos.

En primer lugar, la estructura territorial del país es realmente complicada de por sí y no facilita en absoluto la gobernabilidad. Esta estructura contempla dos entidades diferenciadas, la Republica Srpska y la Federación de Bosnia y Herzegovina, ambas con gobierno y parlamento propios. En el caso de esta última, además, existen estructuras de gobierno local en cada uno de los diez cantones en los que está dividida. Esta división, por su parte, obedece al predominio étnico de población bosniaca o croata en cada uno de ellos. Por encima de todas estas estructuras, en el nivel estatal, existe una presidencia tripartita y rotatoria, con un consejo de ministros y un parlamento. Por si no fuera suficiente la complejidad anterior, cada vez cobra más fuerza la reivindicación de una tercera entidad por parte de la población croata, reivindicación que en la actualidad es vista con buenos ojos por parte de las autoridades de la vecina Croacia. Hay que tener en cuenta que todo lo anterior ocurre en una extensión de unos 51.000 kilómetros cuadrados (sólo Aragón tiene cerca de 48.000), donde habitan unos cuatro millones de personas.

En segundo lugar, aunque bien es cierto que no se dan incidentes graves de violencia interétnica, tampoco hay signos de que el país esté progresando en la integración multiétnica. Etnia y religión son dos aspectos inseparables en ByH, tanto es así que la identificación de bosniacos con musulmanes, serbios con ortodoxos y croatas con católicos es inmediata y prácticamente imposible de modificar. Este reforzamiento del vínculo étnico por la religión es una característica estructural en ByH que en el pasado ha contribuido considerablemente a la aparición de tensiones. No es éste el caso actual. Así, por ejemplo, las violentas protestas del pasado año, lo que se conoció como la “primavera bosnia”, en ningún momento derivaron a episodios de violencia interétnica. Es significativo, en este sentido, el dato que la mayoría de los ciudadanos cree que el origen de las rivalidades étnicas puntuales son los políticos y sus propios intereses. El problema, no obstante, es que este periodo de ausencia de tensiones no se está aprovechando para construir un futuro realmente multiétnico. Al contrario, sigue existiendo una tendencia entre la población a refugiarse en su propio grupo, dando como resultado un creciente distanciamiento entre comunidades de diferente etnia. Hay un hecho puntual especialmente inquietante en esta dinámica, que es la existencia de diferentes sistemas educativos y por consiguiente la auto segregación de los niños de diferente etnia en diferentes colegios. Si en la actualidad uno de los factores estabilizadores del país es que la generación que ha vivido la guerra no quiere saber nada de otra guerra, esto podría cambiar en el futuro.

Por último, en cuanto a la viabilidad del país, hay que decir que el aparato institucional es en buena medida ineficaz y dependiente de las ayudas internacionales. El reparto étnico entre bosniacos, croatas y serbios no se limita al territorio, sino que afecta a cada uno de los órganos de decisión. Y la capacidad de veto por “interés nacional vital” dificulta considerablemente los progresos en materia política. Un buen ejemplo de ello es el bloqueo en la reforma de la constitución, todavía vigente desde Dayton. A este clima de ineficacia institucional hay que añadir la corrupción generalizada y unas cifras de paro oficiales cercanas al 45 por ciento. No es de extrañar que, en estas circunstancias, la inmensa mayoría de los ciudadanos sean pesimistas en cuanto al futuro del país. Una excepción a lo anterior son las recientemente creadas Fuerzas Armadas de ByH, cuyo carácter multiétnico y especial implicación en tareas humanitarias son aspectos muy valorados por los ciudadanos. De acuerdo con las encuestas, el ejército de ByH es la institución que más confianza genera entre la población, lo que le convierte en un elemento claramente positivo en el proceso de construcción nacional.

Con este telón de fondo, la comunidad  internacional continúa desplegando sus esfuerzos en el país, ya sea de manera bilateral o a través de organizaciones multinacionales, agencias y ONG,s. Entre todas ellas, destaca la Oficina del Alto Representante, creada en 1995 para supervisar el cumplimiento de los aspectos civiles de los Acuerdos de Dayton, así como una fuerza militar multinacional, EUFOR ALTHEA, encargada entre otras cosas de hacer lo propio con respecto a los aspectos militares aún pendientes. En la actualidad, existe una visión ampliamente compartida que la integración de ByH en las instituciones europeas es un fin por sí mismo, pero también un medio para acelerar las reformas que necesita el país. En esta línea se encuadra la conocida como  “iniciativa anglo-alemana”, que busca acelerar el ingreso en la EU mediante el compromiso de los líderes políticos del país a la hora de acometer reformas estructurales. Lograr este compromiso, no obstante, es más difícil de lo que puede pensarse a primera vista. Ya de por sí, las autoridades estatales temen que imponer reformas costosas para los ciudadanos implique un importante castigo en las urnas. Adicionalmente, el gobierno de la República Srpska es extremadamente reticente a apoyar medidas que puedan fortalecer el gobierno central, en la creencia que ello implica automáticamente el debilitamiento del suyo propio.

Como se ha indicado al comienzo, incluso tras dos décadas de esfuerzos es aún prematuro sacar conclusiones. O al menos otras conclusiones aparte de las obvias, a saber, que el futuro de ByH es incierto y es necesario seguir apoyando al país de una u otra manera. No obstante, un aspecto a destacar y que a menudo pasa desapercibido en los análisis es que un entorno de paz y desarrollo puede ser promovido, o impuesto si queremos decirlo así, y posteriormente consolidado. Podemos plantearnos muchos escenarios futuros, pero incluso el peor de ellos, una vuelta al conflicto étnico y consiguiente ruptura del país, difícilmente acabaría en la catástrofe humanitaria de los años noventa. La creación de este punto de no retorno a las armas es, posiblemente, uno de los mayores éxitos de la comunidad internacional en ByH, al tiempo que una enseñanza a tener en cuenta para el futuro.

Miguel Peco Yeste, Teniente Coronel del Ejército de Tierra, diplomado en Estado Mayor. Escuela Superior de las Fuerzas Armadas (CESEDEN)

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