Miércoles, 5 de marzo de 2003

Por Robert Conquest, historiador, autor de 17 libros sobre la Unión Soviética. En 1968 escribió El gran terror, la obra que dio a conocer en Occidente la barbarie del estalinismo (EL MUNDO, 05/03/03):

Fue una suerte para muchas personas (para el mundo entero) que Stalin no viviera tanto como Mao. Su muerte, acaecida en Moscú hace 50 años en circunstancias todavía poco claras, resultó muy beneficiosa, de manera directa e inmediata, para un considerable número de personas.

En las prisiones, por ejemplo, el numeroso grupo de médicos detenidos en la trama de los doctores, acusados de conspirar para asesinar al dirigente soviético, había confesado ya e iba a afrontar su ejecución.…  Seguir leyendo »

Por Xavier Rubert de Ventós, filósofo (EL PAÍS, 05/03/03):

Con la eventual incorporación de Turquía a la Unión Europea ha reverdecido la discusión de si Europa se define o no por ser cristiana. A muchos les parecerá una cuestión de sabor esencialista, algo pintoresca, esperpéntica casi. También a mí, pero no tanto. Al menos desde que he recordado una discusión que mantuve con Irene Papas en junio de 1992.

Estábamos en su casa de Atenas y yo le leía el guión que había escrito con ocasión de la llegada de la Llama Olímpica a Empúries. Ella representaba la vestal griega que debía entregar la llama a Núria Espert, la vestal catalana.…  Seguir leyendo »

Por Enrique Krauze, escritor mexicano, director de la revista Letras Libres (EL PAÍS, 05/03/03):

A nada temo más que a nuestro propio poder, nada temo más que ser demasiado temidos.

Edmund Burke

«El odio a los norteamericanos será la religión de los cubanos», escribió un periodista de la isla en 1922. Ahora, esa misma religión avanza por el planeta, la profesan en Seúl y Buenos Aires, en París y Karachi, en Berlín y la ciudad de México. Binaria como el maniqueísmo antiguo, fácil como el marxismo de manual, la nueva fe no tiene más que un dogma: todo lo malo del mundo proviene de los Estados Unidos.…  Seguir leyendo »

Por Rafael Bardají, subdirector del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos (ABC, 05/03/03):

En su informe ante el Consejo de Seguridad el pasado 27 de enero, Hans Blix afirmó que Saddam «no había aceptado genuinamente, ni siquiera hoy, las condiciones de desarme impuestas por Naciones Unidas desde 1991». En el borrador de su nueva presentación ante la ONU (sábado 1 de marzo), Blix se preguntaba por qué Bagdad no había adoptado ya los pasos concretos para hacerlo. La respuesta es muy sencilla: porque Saddam no quiere desarmarse. Y no quiere porque las armas de destrucción masiva son un elemento intrínseco y consustancial con el ejercicio de su poder despótico y con las ambiciones internacionales que alimenta.…  Seguir leyendo »